06 de febrero de 2023

Soldados chinos montan guardia mientras una imagen del difunto líder chino Mao

Soldados chinos montan guardia. Al fondo se observa una imagen del difunto líder chino Mao Zedong©RADIALPRESS

Mao Zedong, el mayor genocida de la Humanidad

El legado del «Camarada Mao», que murió con 82 años el 9 de septiembre de 1976, fue el genocidio de toda una sociedad

El 9 de septiembre de 1976 fallecía en Beijing Mao Zedong, el mayor genocida de la Humanidad. Su llegada al poder fue el comienzo de una liquidación de personas. Víctimas que, sin embargo, no son tan conocidas como las que padecieron los horrores del nazismo y del comunismo. Aquel genocidio encubierto con el nombre de Revolución Cultural se cobró la vida de aproximadamente 70 millones de personas.
Mao, quien estuvo fuertemente influenciado por los grandes líderes comunistas soviéticos, implantó una serie de reformas urbanas y agrarias a través del primer plan quinquenal de China (1953-57), el Gran Salto Adelante (1958-62) y la Revolución Cultural (1966-76) que tuvieron terribles consecuencias para el pueblo y la economía de China.
El 1 de octubre de 1949 Mao, el Gran Timonel, instauró la República Popular China, fundada en un duro marxismo leninismo y en distintas campañas de ideologización que reforzaron su poder y sirvieron de propaganda divulgadora del régimen comunista. Carecía de carisma personal y del don de la oratoria, pero tenía una habilidad para manipular a la gente y tornar cada situación en su propio beneficio. Era despiadado, egoísta, envidioso, sanguinario y vil con todo el mundo. El único que le importaba era él mismo, pero así se mostró a toda una generación: «El presidente Mao ama al pueblo. Él es nuestro guía para construir una nueva China. ¡Hurra, él nos lleva hacia adelante!». Así cantaban en el himno de la República Popular de China durante la Revolución Cultural.
Los habitantes de la ciudad de Peiping levantan sus puños cerrados en un saludo de bienvenida a las fuerzas comunistas chinas que entran en la ciudad tras expulsar a las fuerzas nacionalistas, el 5 de febrero de 1949.  El retrato central detrás de ellos es del General Mao Zedong.

Los habitantes de la ciudad de Peiping levantan sus puños cerrados en un saludo de bienvenida a las fuerzas comunistas chinas que entran en la ciudad tras expulsar a las fuerzas nacionalistas©GTRESONLINE

Con su Gran Salto Adelante pretendió transformar la tradicional economía agraria del país con una serie de medidas económicas, sociales y políticas. Quería que China superase al resto de países además de ser ejemplo de Estado comunista consiguiendo relegar a la misma Unión Soviética en producción mediante una rápida industrialización. El resultado fue la peor hambruna de la historia al expropiar los alimentos del pueblo para enviarlos a la URSS a cambio de fábricas y armas. Se estima que alrededor de 20 millones de personas murieron por la Gran Hambruna china. Miles de muertes que se sumaron a las tres grandes purgas que llevó a cabo en sus primeros años de liderazgo. En la primera, campesinos propietarios y nacionalistas chinos, así como los simpatizantes del Kuomintang fueron perseguidos. En la segunda, entre 1955 y 1957, quiso «limpiar» el partido y la administración en el denominado Movimiento Sufán donde cerca de 700.000 personas fueron asesinadas. Su ideología y su poder se iban consolidando a base de muertes.
Ambicioso y paranoico a partes iguales, elaboró el Libro Rojo con el que respaldaría sus ideas. Mao replantearía su estrategia, reconociendo que «las propiedades y riquezas pueden ser confiscadas, pero no las ideas», declarando la batalla cultural. En este contexto tiene lugar la tercera purga camuflada bajo el nombre de Gran Revolución Cultural proletaria (1966-1976). Su objetivo fue eliminar a quienes consideraba sus enemigos. A pesar de que los números son inciertos, se estima que cerca de un millón y medio de personas perdieron la vida y otros 20 millones fueron enviados a campos de reeducación.
Niños sujetando el Libro Rojo

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Para alcanzar los objetivos, el mandatario chino debía reclutar un ejército que solo respondiese ante a él; por tanto, debía ser externo a su propio partido. Los elegidos fueron los estudiantes, que ya eran ajenos a las tradiciones por haberse formado según los preceptos del maoísmo. Estos jóvenes pasarían a ser los Guardias Rojos. Viene a la mente la imagen de una multitud que vitorea y alaba al Gran Timonel, niños que sujetan con orgullo el librito rojo. Jóvenes dispuestos a hacer cualquier cosa por el «Camarada Mao». Las víctimas de la Revolución Cultural fueron detenidos y reeducados para jurar fidelidad al partido. En caso contrario fueron torturados, golpeados hasta la muerte, enterrados vivos, lapidados, decapitados…
Con la muerte del líder comunista el 9 de septiembre de 1976 terminaba una de las etapas más aterradoras y sangrientas que vivió el país asiático.
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