Fundado en 1910

La cuarta unidad generadora de energía del reactor de Chernóbil, destruida, fotografiada desde un helicóptero varias horas después de la explosión del 26 de abril de 1986GTRES

40 años

Chernóbil, el accidente nuclear que aceleró el colapso de la Unión Soviética

El accidente nuclear no fue solo una tragedia sin precedentes: también evidenció las graves carencias del modelo soviético y aceleró una crisis de confianza que desembocaría en la desaparición de la URSS apenas cinco años después

En 1986, la hoy extinta URSS —Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas— atravesaba una prolongada etapa de profundo estancamiento económico, rigidez política y deterioro institucional tras décadas de férrea dictadura del proletariado. Mijaíl Gorbachov impulsó ese mismo año la perestroika —reforma económica— y la glasnost —apertura informativa—, iniciativas dirigidas a modernizar el sistema y recuperar legitimidad interna y externa.

Sin embargo, estas reformas llegaron en un momento de extrema debilidad estructural, agravada por un enorme gasto militar durante la Guerra Fría y una economía incapaz de competir con Occidente.

El accidente de Chernóbil reveló de forma dramática las carencias del modelo soviético, caracterizado por opacidad informativa, falta de cultura de seguridad y una burocracia reacia a asumir responsabilidades.

Lejos de constituir un hecho aislado, el desastre contribuyó a erosionar la confianza en el Estado. El colapso económico, las tensiones nacionalistas y la pérdida de control político precipitarían la desintegración de la URSS, materializada en diciembre de 1991.

El accidente

En la madrugada del 26 de abril de 1986, el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil —en la actual Ucrania— sufrió el peor accidente en toda la historia de la energía nuclear civil. Aquel episodio no solo destruyó una instalación estratégica y provocó decenas de muertes de forma inmediata, sino que también provocó una liberación a gran escala de materiales radiactivos, contaminando vastas regiones de Europa. El suceso marcó un punto de inflexión en la política energética mundial.

Central nuclear de Chernóbil

La central, situada en las inmediaciones de Prípiat —ahora una ciudad fantasma cercana a la frontera con Bielorrusia—, estaba equipada con reactores del tipo RBMK (Reaktor Bolshoy Moshchnosti Kanalniy o reactor de gran potencia tipo canal). Se trataba de un diseño soviético refrigerado por agua y moderado por grafito. Estos reactores presentaban graves deficiencias de seguridad, entre ellas una inestabilidad intrínseca a bajas potencias y la ausencia de un edificio de contención capaz de retener la radiactividad en caso de accidente grave.

Un experimento mal concebido

La noche del accidente, los operarios estaban realizando una prueba de seguridad destinada a comprobar si las turbinas podían seguir suministrando energía a los sistemas de emergencia tras un corte eléctrico. Durante dicha prueba fueron desactivados sistemas básicos de seguridad y se incumplieron repetidamente diversos procedimientos operativos. En un determinado momento, el reactor entró en una situación de extrema inestabilidad. Tras activarse la parada de emergencia, un defecto de diseño provocó un brusco incremento de la potencia en lugar de detener el reactor.

Según estimaciones posteriores, la potencia del reactor se disparó hasta unos 30.000 megavatios, cerca de diez veces su nivel normal. El resultado fue una violenta explosión que hizo volar la tapa del reactor —de unas 2.000 toneladas—, lo que provocó un incendio en la planta y la liberación a la atmósfera de una ingente cantidad de productos de fisión. La nube de contaminación se desplazó por amplias áreas de Europa, desde Escandinavia hasta el Mediterráneo.

A pesar de la gravedad del accidente, las primeras noticias de la emisión de radiación en Chernóbil no procedieron de las autoridades soviéticas, sino del exterior. El 27 de abril, técnicos de la central sueca de Forsmark —a unos 1.100 kilómetros del lugar del accidente— detectaron contaminación radiactiva en la indumentaria de sus trabajadores.

Tras descartar un escape en la planta, los expertos concluyeron que el origen de la nube radiactiva debía situarse en la región de Ucrania y Bielorrusia, tras haber sido arrastrada por los vientos dominantes. Detecciones posteriores en Finlandia y Alemania confirmaron la magnitud del accidente nuclear y alertaron al resto del mundo sobre su extrema gravedad.

El sarcófago

El accidente de Chernóbil tuvo consecuencias de enorme alcance. Dos trabajadores murieron de forma inmediata a causa de la explosión y, en las semanas siguientes, 28 bomberos y operarios fallecieron por síndrome de irradiación aguda tras estar expuestos a dosis extremas de radiación durante las labores de emergencia. En total, más de 130 personas fueron diagnosticadas inicialmente con esta afección.

La respuesta de las autoridades soviéticas fue manifiestamente tardía; hasta 36 horas después del accidente no se ordenó la evacuación de los casi 50.000 habitantes de Prípiat. En los años posteriores, cerca de 350.000 personas serían desplazadas de zonas contaminadas de Ucrania, Bielorrusia y Rusia.

Para limitar la liberación continuada de material radiactivo, miles de trabajadores construyeron en tiempo récord un sarcófago de hormigón que cubrió el reactor destruido. Concebido como una solución provisional, fue sustituido décadas más tarde por el Nuevo Confinamiento Seguro, una colosal estructura conocida en Ucrania como «El Arca», destinada a aislar los restos del reactor durante al menos un siglo.