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Retrato de Alejandro de Médici por Giorgio Vasari

Alejandro de Médici, el primer duque negro de Florencia que desafió los tópicos del Renacimiento

Su ascenso a duque de Florencia es un testimonio del poder del linaje por encima de la raza en esa época

Es fascinante cómo la historia de Alejandro de Médici rompe con el estereotipo que tenemos del Renacimiento italiano. Su ascenso a duque de Florencia es un testimonio del poder del linaje por encima de la raza en esa época: ser un Médici, aunque fuera por vía ilegítima y de madre negra y sirvienta, pesaba más que cualquier prejuicio fenotípico.

La madre de Alejandro fue Simonetta da Collevecchio, la figura que aporta la ascendencia africana a la estirpe de los Médici. Era una servidora doméstica que trabajaba en el palacio de los Médici en Roma o en las villas de la Toscana. Los registros contemporáneos la describen como una mujer de ascendencia africana. Algunos documentos la mencionan de forma concreta como una «esclava mora».

Aunque en los escritos oficiales de la época se decía que era hijo de Lorenzo II de Médici, duque de Urbino, la mayoría de los historiadores coinciden en que esto fue una cobertura legal, pues el padre real fue el Papa Clemente VII, nacido como Julio de Médici. En el momento de la concepción de Alejandro, Clemente VII no era todavía pontífice.

El apodo «Il Moro» y el arte de la época

A diferencia de otros personajes históricos cuyos rasgos se han «blanqueado» con el tiempo, en el caso de Alejandro tenemos pruebas visuales muy interesantes. Pontormo y Bronzino: los retratos realizados por estos maestros manieristas muestran claramente su piel oscura, labios gruesos y cabello rizado. El retrato de Pontormo (c. 1534) es especialmente revelador, ya que captura una dignidad melancólica que contrasta con la imagen de «tirano» que sus enemigos intentaron difundir.

Retrato de Alejandro de Médicis de hacia 1535, Jacopo Pontormo

La heráldica: en algunos grabados y medallas de la época, sus rasgos africanos eran tan reconocidos que se convirtieron en parte de su identidad pública, algo inusual para la aristocracia europea de entonces.

La protección de Clemente VII a su hijo fue total. No solo lo nombró duque de Florencia tras el sitio de la ciudad en 1530, sino que negoció para él un matrimonio de altísimo nivel: Alejandro se casó con Margarita de Austria, la hija ilegítima del emperador Carlos V, quien impulsó su carrera.

La esposa de Alejandro de Médici finalmente fue Margarita de Austria, también conocida luego como Margarita de Parma, una figura sumamente poderosa e influyente en la Europa del siglo XVI.

El matrimonio, celebrado en 1536, no fue por amor, sino una pieza maestra de la diplomacia europea. Margarita era la hija ilegítima del emperador Carlos V, el hombre más poderoso de la cristiandad en ese momento. El enlace sellaba la alianza entre el Papa Clemente VII, padre de Alejandro, y el emperador, consolidando el control de los Médici sobre Florencia con el respaldo del césar Carlos y su Sacro Imperio Romano Germánico.

Un matrimonio breve y turbulento

En el momento de la boda, Margarita tenía solo 14 años y Alejandro, unos 26. La unión duró apenas unos meses, ya que Alejandro fue asesinado en enero de 1537. Debido a la extrema juventud de Margarita y a la brevedad del matrimonio, no tuvieron hijos. Las crónicas de la época sugieren que Margarita no fue feliz en Florencia, ya que Alejandro tenía fama de ser un hombre disoluto y con numerosas amantes.

La vida de Margarita de Parma después de Alejandro

Tras quedar viuda de Alejandro de Médici a los 15 años, su vida política no terminó, sino que despegó: su hermano, el rey Felipe II de España, la nombró gobernadora de los Países Bajos (1559-1567). Allí tuvo que lidiar con los inicios de la rebelión protestante y la compleja política de Flandes antes de ser sustituida por el duque de Alba.

Margarita realizó un segundo matrimonio: se casó con Octavio Farnesio, duque de Parma, con quien tuvo a su hijo, el famoso jefe militar Alejandro Farnesio, que hoy da su nombre a uno de los tercios de la Legión.

Retrato de Alejandro de Médici por Agnolo Bronzino

Margarita no tuvo hijos con el Moro, aunque Alejandro sí dejó descendencia con su amante principal, Taddea Malaspina. Estos hijos, Julio y Giulia, fueron criados y protegidos por la familia Médici tras el asesinato de su padre, pero, al ser ilegítimos, no pudieron heredar el ducado, que pasó a manos de Cosme I.

Margarita de Austria es recordada hoy como una de las mujeres más hábiles de la familia Habsburgo, logrando forjarse una identidad propia mucho más allá de haber sido la viuda de «Il Moro».

El asesinato: el «Bruto» florentino

Su muerte a manos de su primo Lorenzino, apodado después Lorenzaccio, fue justificada por este último como un acto de tiranicidio para «liberar» a Florencia. Sin embargo, muchos historiadores sugieren que fue una mezcla de envidia personal y táctica política. Lo irónico es que, tras su muerte, el poder pasó a Cosme I de Médici, quien consolidó definitivamente el Gran Ducado de Toscana.

Aunque la línea de Alejandro se cortó, quedó su descendencia con sus hijos ilegítimos. De hecho, a través de su hija Giulia de Médici, su sangre corre por las venas de varias casas reales europeas actuales.

Es un ejemplo perfecto de cómo la Europa del siglo XVI era mucho más compleja y diversa de lo que a veces los libros de texto habituales nos han contado.