Fundado en 1910
Documental 2 de mayo de 1808

Documental 2 de mayo de 1808

Vea el apasionante documental sobre el 2 de mayo, la derrota que despertó a España contra Napoleón

Producido por la Fundación Universitaria San Pablo CEU y estrenado en Telemadrid, el documental explica la jornada que marcó el inicio de una de las guerras que dejó una huella imborrable en la historia del país

El 3 de mayo de 1808 amaneció con un silencio espeso en Madrid. Aún flotaba en el aire el olor agrio de la pólvora, mezclado con la sangre reciente que la noche no había logrado secar. El cuadro que ustedes acaban de evocar, obra de Francisco de Goya, acontece en la montaña del Príncipe Pío, pero las ejecuciones tuvieron lugar en muchos lugares de Madrid.

El artista consagró para la posteridad a unos héroes anónimos que alternativamente alzan las manos, miran a los soldados o se tapan el rostro. La luz cae sobre las caras y la camisa blanca en el centro de la escena. La gloria que el pintor se propuso retratar cuando recibió el encargo quedó opacada por el miedo y la mecánica fría de la represalia que trasluce la imagen.

'El 3 de mayo en Madrid' o 'Los fusilamientos del 3 de mayo' de Goya

'El 3 de mayo en Madrid' o 'Los fusilamientos del 3 de mayo' de Goya

Aquel amanecer no se explica sin la víspera. Madrid era entonces una ciudad contenida y vigilada por la presencia de los franceses. Las tropas imperiales habían llegado como aliados dispuestos a la conquista de Portugal, pero pronto se dispusieron para someter toda la Península. Ya en abril hubo un pequeño 2 de mayo. Los desaires, el murmullo y la desconfianza hacia los extranjeros crecieron con el paso de los días, pero su colofón fue la orden de salida de la familia real.

El intento de sacar de la ciudad a los últimos Borbones fue interpretado como lo que era: el despojo final, la confirmación de que España iba a ser entregada sin remedio y claudicaba ante el emperador. No importa quién fue el primero en rebelarse. El pueblo madrileño se levantó sin órdenes, sin estrategia y sin mando. Fue un estallido. Hombres y mujeres, artesanos, aprendices, nobles, criadas y soldados confluyeron en una violencia improvisada que tenía más de instinto que de cálculo.

Las calles se convirtieron en un escenario caótico donde las navajas, las piedras y las herramientas se transformaron en armas. En la Puerta del Sol, en la calle Mayor, en la plaza de Oriente y en la calle de Alcalá, la lucha fue cuerpo a cuerpo. Los madrileños se abalanzaban sobre los soldados franceses acostumbrados a la guerra regular. Goya convirtió a los mamelucos, con sus uniformes exóticos, en el símbolo visible de un enemigo odiado.

'El 2 de mayo de 1808 en Madrid' o 'La Carga de los Mamelucos' de Goya

'El 2 de mayo de 1808 en Madrid' o 'La Carga de los Mamelucos' de Goya

Hubo heroísmo, pero también desesperación. En el Parque de Artillería de Monteleón, los capitanes Daoiz y Velarde se sumaron a la resistencia. Su gesto, aislado y sin respaldo, tenía algo de sacrificio. No hubo refuerzos. Repartieron armas y combatieron hasta el final. Su muerte no cambió el resultado de aquel día ni de la guerra. Entroncaba con el carácter indómito del español en la historia, como atestigua el monumento que ha ido moviéndose por la ciudad a lo largo de las décadas.

Las mujeres también estuvieron allí. En los mitos de la Guerra de la Independencia aparecen heroínas como Manuela Malasaña, Clara del Rey, Agustina de Aragón y la menos conocida María Bellido. Fueron figuras que emulaban el carácter nacional. Más allá del símbolo, lo cierto es que muchas participaron en la lucha, atendieron a los heridos y se enfrentaron directamente a los soldados. El levantamiento no distinguió roles: fue una irrupción colectiva.

A lo largo de las horas, la ciudad terminó siendo dominada. La superioridad militar francesa, su disciplina y su capacidad de organización se impusieron al ímpetu desordenado de los sublevados. Al caer la tarde, la insurrección estaba derrotada. Pero no todo había terminado.

Joachim Murat anunció en su bando que «la sangre francesa ha sido derramada; clama por la venganza». Las ejecuciones que ordenó y que ocurrieron el día 3 no respondían a la lógica del campo de batalla, sino a la del poder que necesita restablecer el miedo. Se fusiló con la voluntad de dejar claro que la rebeldía tendría un precio insoportable. Y, sin embargo, aquel castigo no logró su objetivo.

El 2 de mayo no fue una victoria. Fue, en términos estrictos, una derrota inmediata. Pero tuvo una consecuencia inesperada: convirtió una protesta local en una guerra de liberación. La noticia se propagó como un incendio por la Península. En pueblos y ciudades, la reacción fue similar: juntas, levantamientos y llamamientos a las armas. «Somos españoles y es necesario que muramos por el rey y por la patria, armándonos contra unos pérfidos que, so color de amistad y alianza, nos quieren imponer un pensado yugo», escribieron en su bando Andrés Torrejón y Simón Hernández. España y América entraban en guerra contra Napoleón.

Aquellas jornadas han perdurado hasta nuestros días como introito de la España contemporánea. No por lo que se logró en ese momento, sino por lo que desencadenaron. Napoleón, como todos sus contemporáneos, consideraba a España como un cadáver exánime, pero se equivocó. La sociedad estaba viva y dispuesta a resistir, como escribió Karl Marx. Aquella frase condensa toda la fuerza del mito del 2 de mayo.

  • Carlos Gregorio Hernández Hernández ha dirigido el documental El 2 de mayo de 1808 y la guerra de la Independencia.
comentarios
tracking

Compartir

Herramientas