El británico Sir Mark Sykes y el francés François Georges-Picot, los artífices del acuerdo Sykes-Picot
De la 'e' de Acre a la 'k' de Kirkuk: el día que Francia, Gran Bretaña y Rusia se repartieron Oriente Medio
El Acuerdo Sykes-Picot, un reparto secreto de Oriente Medio para dominar el territorio, el petróleo y controlar las rutas comerciales del antiguo Imperio otomano
«Estamos pidiendo a los árabes que luchen por nosotros, pero no les estamos diciendo que ya hemos vendido su futuro a los franceses», dijo el famoso espía británico, Lawrence de Arabia cuando descubrió que la nación a la que representaba estaba repartiéndose con Francia los territorios de Oriente Medio. Mientras, en las trincheras de Verdún se enfrentaban franceses y alemanes, y el Imperio Otomano intentaba hacer frente a una contienda que había evitado a toda costa. En ese escenario de guerra total y descomposición del gigante agonizante, dos hombres, movidos por una visión colonial y económica, dibujaron sobre el mapa una línea que cambiaría los mapas, y la historia, para siempre, y cuyos efectos son visibles más de cien años después.
Diciembre de 1915, en Downing Street se celebró, como de costumbre, una reunión del Gabinete de Guerra para informar al primer ministro H. H. Asquith sobre la situación de las tropas británicas a lo largo del frente. Entre los presentes se encontraba el aristócrata, oficial del ejército y asesor del Gabinete de Guerra, Sir Mark Sykes, que tomó la palabra: «Quisiera trazar una línea que partiera de la 'e' de Acre hasta la última 'k' de Kirkuk», dijo señalando un mapa mientras explicaba su plan para dividir los territorios otomanos entre Francia y Reino Unido una vez terminase la Primera Guerra Mundial.
El primer ministro británico (1908-1916) Herbert Henry Asquith (c. 1910)
La idea del aristócrata no había salido de la nada, la propuesta había nacido de las conversaciones secretas con el diplomático francés François Georges-Picot. Así nació el famoso acuerdo sobre Asia Menor, más conocido como Acuerdo Sykes-Picot, que en su artículo primero prometía a los árabes «reconocer y proteger un Estado Árabe independiente o una Confederación de Estados Árabes en las zonas (A) y (B) indicadas en el mapa adjunto, bajo la soberanía de un jefe árabe». Sin embargo, esta espontánea generosidad desapareció al leer el artículo segundo, donde se estipulaba que: «en la zona azul, se autorizará a Francia, y en la zona roja, a Gran Bretaña, a establecer tal administración o control directo o indirecto que deseen». La soberanía árabe era solo un espejismo.
Un acuerdo que dibujó el conflicto actual en Oriente Medio
Esa línea ignoró deliberadamente las realidades étnicas, religiosas y tribales de una región que llevaba siglos bajo una cohesión, si bien laxa, al menos orgánica bajo el califato. Ambos se habían sentado frente a un mapa de la Royal Geographical Society y, con la ligereza de quien corta una tarta, se repartieron las provincias árabes del Imperio Otomano en el Creciente Fértil.
En los artículos se habla de zonas divididas por colores porque se repartieron el territorio en cinco partes: La Zona Azul (Líbano, la costa de Siria, Cilicia y el sureste de Anatolia) quedaría en manos francesas y tendría influencia sobre el interior de Siria y la región de Mosul, la llamada Zona A; mientras Gran Bretaña se adjudicó sobre el mapa el dominio de la Zona Roja (centro y sur de Mesopotamia, desde Bagdad hasta Basora) y tendría la tutela sobre la Zona B, que abarcaba la actual Jordania y el sur de Irak. Por si fuera poco, Gran Bretaña se aseguró por contrato el control exclusivo de los puertos de Haifa y Acre, con la intención de consolidar su poder en el Mediterráneo.
En cuanto a Palestina, Sykes y Picot, determinaron que sería la zona marrón y se «establecerá una administración internacional, cuya forma se decidirá después de consultar con Rusia, y posteriormente con los demás aliados», según el artículo tres del acuerdo.
Zonas del reparto del acuerdo Sykes-Picot
Pero falta una parte esencial. Parece que fue un acuerdo de dos, pero la Rusia zarista también estaba involucrada: Constantinopla (Estambul), el Bósforo y los Dardanelos y gran parte de la Armenia otomana pasarían a estar bajo control de Moscú cuando terminase la contienda. Este reparto con Rusia nunca llegó a celebrarse. Tras la Revolución Rusa de 1917 los bolcheviques renunciaron a estas pretensiones y filtraron el pacto a la prensa internacional para denunciar el imperialismo de la Triple Entente, Trotski decidió publicarlo en los periódicos Izvestia y Pravda el 23 de noviembre de 1917.
El Acuerdo dejó de ser secreto, pero eso no impidió que Francia y Reino Unido lo aplicasen según se había estipulado. El mapa de la región cambió, pero solo sería el principio de una serie de acuerdos posteriores como los tratados de San Remo, Sèvres y Lausana o la Resolución 181 de la ONU, que transformaron Oriente Medio. Desde 1916 se fue repitiendo el mismo error: crear estados y fronteras artificiales que unían y separaban etnias e identidades diferentes (kurdos, chiíes y suníes), sembrando la semilla de futuros conflictos internos.