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Ralph Albert Blakelock

Ralph Albert Blakelock

Picotazos de historia

Ralph Blakelock, el pintor estadounidense que triunfó mientras estaba encerrado en un psiquiátrico

Pasó dieciocho años encerrado en una institución psiquiátrica, y la justicia lo entregó a manos de una estafadora que lo explotó hasta morir

Cuando murió, el London Times lo ensalzó como «uno de los más grandes artistas estadounidenses»; sin embargo, su familia vivió siempre en una pobreza extrema y él pasó dieciocho años encerrado en una institución psiquiátrica, y la justicia lo entregó a manos de una estafadora que lo explotó hasta morir.

Ralph Albert Blakelock (1847-1919) nació en la ciudad de Nueva York. Desde muy joven le atrajo la pintura, por lo que acabaría abandonando sus estudios de medicina por el arte. Presentó su primera exposición en 1867.

Blakelock se fue desilusionando con sus profesores, quienes eran seguidores del paisajismo de la Escuela del Río Hudson. Decidió romper con ellos y realizó un viaje por todo Estados Unidos que tendría una influencia decisiva en el estilo que posteriormente desarrollaría. Y es que Blakelock decidió ser un autodidacta y desarrollar su personal visión artística al margen de modas y estilos.

Puesta de sol, Navarro Ridge, costa de California, 1870-1879, Museo Smithsonian de Arte Americano

Puesta de sol, Navarro Ridge, costa de California, 1870-1879, Museo Smithsonian de Arte AmericanoWikimedia Commons

De regreso en la ciudad de Nueva York, se registró en el directorio local como artista y alquiló un estudio. Poco a poco fue abandonando las pautas artísticas que le habían enseñado; en su lugar, fue brotando una forma más personal de reflejar los paisajes, a los que confería una atmósfera mágica.

En 1877 se casó con Cora Rebecca Bailey, con la que llegaría a tener nueve hijos. Las responsabilidades familiares cayeron como una losa sobre el artista, y es que este era completamente incapaz de gestionar el dinero y carecía de «olfato de negociante».

La necesidad de conseguir ingresos para mantener su superpoblado hogar se fue haciendo cada vez más acuciante, pero Blakelock era sencillamente incapaz de resolver ese problema. Él podía pintar, pero no sabía vender su pintura. Con todo, a lo largo de toda su vida, se empeñó en vender su obra personalmente, prescindiendo de los servicios que pudiera brindarle una galería o un marchante. Como consecuencia, muchas veces vendía su pintura muy por debajo de su valor.

Cora Bailey

Cora BaileyWikimedia Commons

Acabó siendo aclamado por la crítica y el público y reconocido por sus colegas —lo que siempre es más difícil—. Fue creando paisajes, especialmente los nocturnos, con un estilo no igualado por sus colegas; pero, si su fama crecía, sus problemas económicos también. En 1886 falleció una hija suya con tan solo tres años.

Toda esta presión se demostró excesiva para una psique que ya se sospechaba algo débil. Ralph sufrió una crisis y tuvo que ser internado en el manicomio de Flatbush (hoy un vecindario del distrito de Brooklyn).

El tiempo que pasó internado pareció que le había permitido centrarse. Es cuando sale de este primer ingreso cuando la calidad de su pintura alcanza su mejor etapa, pero no por ello mejoró su situación financiera. Su familia pasaba hambre. Literalmente.

En junio de 1899, desesperado, trató de vender un cuadro a uno de sus compradores. Este le hizo una contraoferta muy por debajo del precio ofrecido, que ya de por sí era bajo. Indignado, rechazó vender el cuadro, pero, cuando volvió a su casa y se encontró con la desesperación en los ojos de su esposa, volvió donde el comprador y vendió el cuadro. Lo vendió incluso por menos. Cuando regresó a su casa, algo se había roto en el interior de su cabeza. Se sentó frente a la mesa y, lentamente, rompió los billetes que le habían dado por su pintura en trozos cada vez más pequeños. Ese mismo día volvió a ser ingresado en Flatbush.

Diagnosticado como esquizofrénico, recibió los cuidados y tratamientos que entonces se reservaban para este tipo de internos. Ralph desarrolló delirios en los que estaba convencido de poseer una gran fortuna. Para los médicos y cuidadores de la institución, el que afirmara ser un célebre artista era solo otro delirio del orate.

Atardecer, 1916

Atardecer, 1916

En 1916 un cuadro de Blakelock titulado Brook by Moonlight alcanzó los 20.000 dólares en una subasta. ¡Se trataba de la mayor cifra jamás alcanzada por un artista norteamericano vivo! Blakelock se transformó en una sensación y la fama del artista loco alcanzó una dimensión nunca vista.

Lamentablemente, esa fama que arrojó luz sobre la figura del infortunado artista también llamó la atención de un personaje siniestro.

Beatrice Sadie Filbert nació en 1881. Su educación fue muy escasa, incluso para los estándares de la época. Se emparejó con Louis Adams, el hijo tarambana y sinvergüenza de un rico empresario de Chicago. La pareja contrajo matrimonio y tuvo dos hijos —un chico y una chica—, pero estaban muy lejos de ser un matrimonio ejemplar. Y es que su principal fuente de ingresos era la estafa y el engaño.

Louis acabó en la cárcel y a Beatrice le arrebataron a sus hijos, que ingresaron en un orfanato de Albany, donde moriría su hija.

Beatrice Sadie Filbert

Beatrice Sadie Filbert

Beatrice consiguió recuperar a su hijo y decidió reinventarse a sí misma; así surgió la señora Beatrice Van Rensselaer Adams.

Los Van Rensselaer fueron una familia holandesa establecida en Nueva York desde tiempos de los holandeses. Fueron propietarios de Rensselaerswyck, una propiedad de 3.200 kilómetros cuadrados de extensión en el estado de Nueva York, a principios del siglo XIX. Al utilizar un apellido prestigioso y los contactos del padre de su difunto marido, esperaba dar credibilidad a sus estafas.

La nueva Beatrice escribió a empresarios y financieros aprovechando la notoriedad de su suegro dentro del mundo de las finanzas y la empresa y haciendo ver que era nieta del célebre Stephen van Rensselaer III, uno de los diez hombres más ricos de la historia de Estados Unidos. Se presentaba como una generosa y caritativa viuda. Una socialité que desplegaba sus artes sociales para conseguir fondos para causas benéficas, para ayudar a los necesitados. Este es el buitre que posó su mirada sobre el pobre Blakelock.

La señora Van Rensselaer Adams inmediatamente se puso en contacto con la familia del artista, que se encontraba en abyecta pobreza. Consiguió autorizaciones, que firmó una desesperada madre y esposa, que le permitieron crear un Fondo Blakelock para ayudar al mantenimiento de la familia del artista y pagar los gastos de su tratamiento. Con estas autorizaciones organizó homenajes, festejos y colectas para recaudar dinero.

Por supuesto, la familia del artista no recibió un céntimo del dinero que controlaba Beatrice. Esta consiguió sacar del manicomio —que entonces era el de Middletown, adonde habían trasladado a Blakelock desde Flatbush— al pintor y lo instaló en un bungalow donde lo obligaba a pintar. Se le prometía que, si era obediente, podría ver a su familia.

Ralph se rebeló contra este secuestro y solicitó el reingreso en el psiquiátrico, lo que consiguió. Pero Beatrice contraatacó. Fue a los tribunales y presentó los documentos firmados por la esposa del artista, consiguiendo que se le otorgara la tutela del pintor, por encima de la propia familia. La sentencia del tribunal de Nueva York fue en julio de 1919.

Ya con absoluto control sobre la vida de Ralph, lo sacó del psiquiátrico y lo reintegró a su bungalow-prisión, donde lo sometió a humillaciones y privación de alimentos para hacerlo más dócil. Era su gallina de los huevos de oro y Beatrice iba a sacarle hasta el último que tuviera en su interior.

El comportamiento de la señora Adams se había ido haciendo cada vez más abusivo —parece ser una característica de las personalidades sádicas el aumentar el grado de maltrato a medida que disminuye la resistencia de la víctima—, y el frágil organismo de Ralph no pudo soportarlo. Murió el 9 de agosto de 1919. El informe forense no hace mención del estado del cuerpo, limitándose a afirmar que la muerte se debió a que el corazón había dejado de latir: parada cardíaca.

Durante el tiempo en que Blakelock estuvo en manos de la señora Adams, jamás se le permitió tener contacto de ningún tipo con su familia. Esta, que se encontraba sumida en la pobreza, nunca recibió un céntimo del dinero recogido en el Fondo para el artista o del adquirido por la venta de los cuadros que obligaban a pintar a Ralph. Del destino de la pajarraca de Beatrice nada sé.

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