¿Por qué los antiguos egipcios se maquillaban los ojos?
Por qué los antiguos egipcios se maquillaban los ojos para prevenir enfermedades: así era su medicina
Del bisturí a la magia, los médicos en el Antiguo Egipto sanaban con ungüentos, operaciones y magia
La concepción de médico a lo largo de la historia hasta llegar a nuestros días se la debemos, en parte, a los egipcios. Pero los primeros curanderos tenían un matiz del cual se alejan los profesionales de hoy en día: la magia. Al igual que todo egipcio, el swnw (sunu) se ponía en manos de los dioses para sanar.
Los egipcios consideraban que cuando alguien enfermaba era debido a una mala alimentación, traumatismos, el clima o la infección por el contagio con animales. La enfermedad era un tema muy unido a los dioses y era un momento decisivo en la vida del enfermo, porque determinaba si los dioses lo habían castigado o no. Ahora bien, ¿cómo era el tratamiento a un enfermo en el Antiguo Egipto?
Antes de cualquier intervención, el swnw (sunu) realizaba una entrevista al enfermo para que le mostrase los dolores que tenía y así poder llegar a una conclusión. Pero el médico no era el único interventor, se solía acompañar de un sacerdote de Sekhmet —diosa leona, responsable de las enfermedades y epidemias, dadora del don de la curación— y de un mago.
En todo caso, el especialista se ayudaba de poderes no racionales como conjuras y cantos, en los que se invocaba a una gran cantidad de dioses para intentar salvar al enfermo. También empleaban amuletos como el ankh —cruz ansada—, que podía ser útil durante la curación. Uno de esos sanitarios arcaicos era Imhotep, primer ministro del faraón Djoser —perteneciente a la Tercera Dinastía, 2664 a. C.—, a quien, debido a su gran fama como sanador, se llegó a deificar mil años después como dios de la medicina.
La medicina de la magia y la técnica
Por lo tanto, el trato con el paciente se podía dividir en dos partes. Una oral, el ya comentado interrogatorio, y una segunda parte física, que abarcaba desde la imposición de las manos hasta la propia operación, si hiciese falta. En los casos en los que la dolencia era intratable por el médico y sus acompañantes, se dejaba la curación en manos de los dioses.
En algunos casos extremos, aunque contradiciendo las leyes egipcias, se permitía abandonar al enfermo en el desierto y que los dioses decidieran sobre su destino. Pero era algo extraordinario; por lo general, el sistema sanitario egipcio, además de ser gratuito, estaba centrado en el paciente. Por ejemplo, se han encontrado textos que hablan de «permisos o bajas laborales» por enfermedad.
Cuando las dolencias eran tratables, acudían muy a menudo a drogas y ungüentos, algunos con más de 35 elementos. Además de los «medicamentos», para los hombres y mujeres del Egipto faraónico era importante la higiene y la belleza. No se pintaban los ojos porque fuese algo puramente estético; maquillarse estaba muy relacionado con la prevención de enfermedades.
La civilización egipcia convivió a lo largo de miles de años con múltiples enfermedades como la disentería, la lepra, la peste, la viruela, la tuberculosis y el cáncer, para las cuales la única solución posible eran las procesiones, los exorcismos y las plegarias de los sacerdotes.
Pero, por encima de todas ellas, la mayor preocupación de los egipcios relacionada con la salud era el hambre. La hambruna causaba, además de una muerte horrible, una serie de problemas sociales como el incremento de la delincuencia, los levantamientos populares y el descenso de la población. Contra eso, poco podían hacer los médicos.