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Tapiz de Bayeux, Escena 23: Harold jurando fidelidad sobre las santas reliquias a Guillermo, duque de Normandía

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Cómo se juraba lealtad en la Edad Media: la fórmula real del vasallaje de los caballeros

Descubre cómo funcionaban los juramentos de vasallaje medievales a través de los textos originales medievales del Liber feudorum maior

La imagen de un caballero arrodillado que presta juramento ante su señor es emblema de la Edad Media europea. Seguro que más de uno ha jugado de pequeño a imaginarse ser un caballero medieval que debe jurar lealtad a su señor feudal o al rey, o bien lo ha visto en la infinidad de películas que tratan este pequeño periodo, de unos mil años, al que denominamos Edad Media. Ahora bien, ¿existe una fórmula correcta de juramento para poder ser vasallo?

La respuesta rápida es que sí: los juramentos vasalláticos existieron y quedan registros escritos sobre ellos. Explicado de forma sintética: un hombre afirma ante el resto y ante Dios un pacto de obediencia o las premisas que se hayan acordado.

Son, en conjunto, textos de un lenguaje muy similar y con una estructura parecida. Suelen incluir la fecha, todos comienzan haciendo referencia a las partes involucradas en dicho pacto y cuál es el beneficiario o afectado de esa relación de vasallaje. Incluyen los nombres de los señores que lo realizan y, después, ocupando lo que podríamos identificar como el nudo, se ensalza el juramento a Dios.

Se pone a Dios por testigo principal del juramento, pero también como moderador que observa que se cumpla correctamente. La alabanza suele terminar con una advertencia de lo que sucede si el juramento se rompe. Por último, se suele incluir a los ausentes en la ceremonia.

Ilustración en el 'Liber feudorum maior' que muestra un juramento de un vasallo a su rey

Ilustración en el 'Liber feudorum maior' que muestra un juramento de un vasallo a su reyArchivo de la Corona de Aragón

La mejor forma de verlo es con los textos originales que se encuentran en libros como el Liber feudorum maior, un códice jurídico-diplomático que recoge un enorme registro escrito de las relaciones de los condes de Barcelona y el rey de Aragón, datado a finales del siglo XII. Es un recopilatorio de cartas que hoy se conserva en el Archivo de la Corona de Aragón.

Un contrato entre vasallo, señor y Dios

«Este es el juramento que debe jurar el señor rey Vermudo y sus condes, [todos los nombres de los condes…]. Jurar a vos Pedro», el texto presenta el juramento del rey Bermudo III al obispo don Pedro, realizado en la segunda mitad del siglo XI. Comienza aportando la fecha e introduce a los distintos condes que deben jurar ante el obispo.

Después se introduce el juramento sagrado, que ocupa por su relevancia la parte central del texto: «Por Dios Padre omnipotente que hizo el cielo y la tierra, el mar y todas las cosas que hay allí, y por Jesucristo su Hijo y por el Espíritu Santo».

El Papa Alejandro III recibe un Embajador

El Papa Alejandro III recibe un Embajador

No son oraciones sin más, parece ser una transcripción literal de la oración sagrada jurada que se pronunció durante la ceremonia. Esto se debe a que el juramento se hace por parte del rey ante un obispo, por lo que la exaltación religiosa se entendería necesaria.

Después, como era habitual en los juramentos medievales, incluyen las peticiones y condiciones terrenales, como son los castillos, los ingresos o las tierras que se entregan dentro del acuerdo de vasallaje, que en cada «contrato» son distintas.

Eso sí, todos los juramentos introducen esta parte de una manera similar, con expresiones como «sea un señor fiel sobre él y que no tenga ningún daño», «mantengamos por fe y sin engaño» o «sirvan de buena fe, sin argucias y sin engaño…».

En este sentido, existían dos tipos o modelos vasalláticos según el vasallo. En los casos en los que el conde o caballero no tuviese pertenencias por casamiento, se le entregaban unas tierras y un castillo que pasaba a dominar, por ejemplo: «os doy el castillo que se llama Sangüesa con todos sus términos, y la villa que se llama Larda y Ondués».

En los casos en los que el vasallo tuviese pertenencias, se le proporcionaba un número mayor de terrenos. Detrás de todo este formalismo y lenguaje juramentado, el principal objetivo era conseguir el favor del señor, del obispo o del papado; es decir, de una autoridad superior a la que servir.

Una vez aprendida la fórmula de vasallaje medieval, solo queda encontrar un señor que acepte, mientras es bueno entender que esta fórmula jurídica marcó una época en la que se configuró un nuevo sistema de relaciones políticas y contractuales.

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