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Clara Campoamor, precursora del sufragio femenino

Clara Campoamor, precursora del sufragio femenino

«Deseo ardientemente el triunfo de Franco»: la carta de Clara Campoamor que desmonta un mito sobre la II República

La correspondencia privada de la abogada desmonta su apropiación por parte de la izquierda actual. Amenazada por las checas del Madrid de 1936, huyó a Suiza y dejó escrito: «Deseo el triunfo de Franco para evitar el derrumbamiento de España»

La figura de Clara Campoamor es hoy una figura clave en las tribunas políticas, a menudo reivindicada en exclusiva por los partidos de izquierda. Sin embargo, los archivos y la correspondencia privada de la abogada madrileña revelan un perfil histórico completamente distinto al mito contemporáneo.

Los documentos muestran a una liberal convencida que fue purgada por sus propios compañeros en 1933, amenazada de muerte por las milicias frentepopulistas en 1936 y abocada a un exilio donde llegó a preferir la victoria del bando nacional frente a lo que ella denominó la «lepra» comunista.

La reciente edición de sus cartas dirigidas a la doctora uruguaya Paulina Luisi, recopiladas en el volumen Letra de Mujer (Renacimiento), arroja luz sobre los motivos reales que empujaron a Campoamor a abandonar la España republicana. Un testimonio en primera persona que rompe el relato unívoco sobre la Guerra Civil.

La izquierda contra el voto femenino

El primer choque de Campoamor con sus contemporáneos de izquierda está documentado en el Diario de Sesiones del 1 de octubre de 1931. Aquel día, las Cortes aprobaron el sufragio femenino, pero no gracias a un consenso progresista, sino frente a la feroz oposición de las diputadas de izquierda Victoria Kent y Margarita Nelken, y de formaciones como el Partido Radical Socialista.

El argumento para negar el voto a las mujeres era puramente estratégico: la izquierda temía que, influenciadas por la Iglesia católica, las españolas votaran a formaciones conservadoras. Campoamor, apelando a los derechos fundamentales, sacó adelante la medida con el apoyo clave de las minorías de derechas.

Cuando la CEDA ganó las elecciones de 1933, la izquierda culpó a Campoamor. La diputada fue sometida a un aislamiento político total, expulsada de facto de la vida pública y vetada en las listas del Frente Popular para los comicios de febrero de 1936.

El terror de 1936: objetivo de las checas

La victoria frentepopulista y el posterior estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 transformaron Madrid en un escenario de represión al margen de la ley. Campoamor, jurista y defensora del Estado de derecho, asistió con pánico al colapso de las instituciones y a la proliferación de las checas.

Su perfil de liberal independiente y su negativa a secundar la radicalización política la convirtieron en objetivo de los comités revolucionarios. En septiembre de 1936, consciente de que su vida corría peligro en la retaguardia republicana por no comulgar con anarquistas y comunistas, logró embarcar bajo un nombre falso en Alicante rumbo al exilio en Suiza.

Una vez en Lausana, no guardó silencio. En 1937 publicó en París La revolución española vista por una republicana, un ensayo donde denunció sin reparo que el Gobierno de Madrid había entregado el poder a las masas armadas, liquidando la independencia judicial y amparando los asesinatos políticos.

«Deseo ardientemente el triunfo de Franco»

Es en la correspondencia privada donde Campoamor se muestra más contundente. Las cartas intercambiadas con su amiga Paulina Luisi, firme defensora del bando republicano desde Uruguay, evidencian una ruptura ideológica total. La abogada española califica la actuación del Frente Popular de «satánica» y describe la influencia soviética en la zona republicana como una «lepra» que busca destruir la civilización.

En una de las misivas más reveladoras para la historiografía, Campoamor confiesa su postura ante el desarrollo del conflicto militar: «Deseo ardientemente el triunfo de Franco para evitar el derrumbamiento de España».

La frase, sistemáticamente omitida en los homenajes institucionales de hoy, no convertía a Campoamor en franquista. Respondía al pragmatismo desesperado de una burguesa liberal que veía en la victoria del bando nacional el único muro de contención posible contra la instauración de una dictadura de corte soviético en España. Esta franqueza le costó la amistad de Luisi y el repudio definitivo de la intelectualidad exiliada afín a la República.

El ostracismo de la Tercera España

La coherencia de Clara Campoamor determinó su doble condena. La izquierda la tachó de traidora por denunciar los crímenes de la retaguardia republicana y exponer la farsa democrática del Frente Popular.

Simultáneamente, el nuevo régimen surgido en 1939 tampoco le permitió encajar en la España de posguerra. Sus intentos de regreso en las décadas de 1940 y 1950 chocaron con el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo. Se le exigió una retractación pública por su pasado masónico y su papel fundacional en la República, condiciones que su dignidad civil rechazó de plano.

Falleció en Lausana en 1972, censurada por unos y olvidada por otros. Hoy, la recuperación de su figura exige abandonar el presentismo político y acudir a las fuentes. Clara Campoamor no fue la heroína del Frente Popular que dibuja la izquierda contemporánea, sino una víctima directa de sus excesos. Una mujer de la Tercera España que antepuso la verdad histórica a la propaganda de su tiempo.

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