Fuerzas blindadas y de infantería estadounidenses atraviesan la devastada ciudad de Coutances, Francia, en la nueva ofensiva contra los nazis
La operación Cobra: la ofensiva que rompió el frente alemán en Normandía
La ofensiva lanzada por Estados Unidos en julio de 1944 rompió el frente alemán en Normandía y transformó una campaña de desgaste en una rápida ofensiva que permitió a los Aliados avanzar hacia el corazón del III Reich
Siete semanas después del Día D, los Aliados continuaban confinados en una cabeza de playa de unos 80 kilómetros de anchura y apenas 30 de profundidad. A pesar del éxito inicial de la operación Overlord, el avance en el interior de Francia se había convertido en una lenta guerra de desgaste. Los campos cercados por el célebre bocage normando favorecían al defensor y convertían cada avance en una operación lenta y costosa.
En aquel contexto, los británicos lanzaron el 18 de julio la operación Goodwood, una gran ofensiva acorazada al este de Caen concebida para romper el frente. El resultado estuvo muy lejos de las expectativas iniciales.
Aunque las fuerzas británicas avanzaron varios kilómetros y fijaron buena parte de las reservas blindadas alemanas, la operación se saldó con cerca de 5500 bajas y la pérdida o inutilización de más de 400 carros de combate en apenas tres días de combates. Un oficial británico describió después el campo de batalla como una sucesión interminable de carros ardiendo bajo el fuego enemigo.
Tanques Sherman que transportan infantería esperan la orden de avanzar al comienzo de la Operación Goodwood
Sin embargo, Goodwood obligó a los alemanes a concentrar su atención en el sector de Caen y a comprometer allí buena parte de sus unidades panzer. Mientras el alto mando alemán observaba con preocupación los movimientos británicos en el este, los estadounidenses preparaban su acción principal más al oeste. Esa circunstancia permitiría al general Omar Bradley lanzar la ofensiva que cambiaría el curso de la campaña de Normandía: la operación Cobra.
Normandía, un frente estancado
A finales de julio, la cabeza de playa establecida tras el Día D era sólida, pero seguía siendo demasiado reducida. El objetivo de la operación Overlord no consistía únicamente en desembarcar tropas, sino en penetrar profundamente en Francia y destruir la capacidad militar alemana en el oeste de Europa. Para lograrlo era imprescindible romper el frente.
El general Omar Bradley, comandante del First U.S. Army, decidió concentrar una fuerza abrumadora sobre un sector relativamente estrecho de las líneas enemigas. La idea era sencilla. Primero había que abrir una brecha mediante un devastador bombardeo aéreo y, una vez desorganizadas las defensas alemanas, lanzar las unidades acorazadas hacia terreno abierto. Se trataba de transformar una batalla de desgaste en una explotación en profundidad.
Al otro lado del frente, la Wehrmacht pasaba por un momento complicado. La escasez de combustible, las dificultades para mover refuerzos y el dominio aéreo aliado reducían cada vez más la capacidad de reacción de las unidades alemanas. Además, la insistencia de Hitler en mantener cada metro de terreno dificultaba la creación de reservas capaces de responder a una ruptura del frente.
El laberinto del 'bocage'
El bocage normando, un mosaico de pequeños campos rodeados de setos y taludes, favorecía a los defensores. Los alemanes podían ocultar entre ellos ametralladoras, morteros e incluso carros de combate, lo que obligaba a los estadounidenses a pagar un elevado precio por cada avance.
Muchos veteranos recordaron después que la lucha se parecía más a una guerra de emboscadas que a las grandes ofensivas mecanizadas de la Segunda Guerra Mundial. Los carros Sherman apenas podían maniobrar y la moral comenzaba a resentirse.
A estas dificultades se añadió el mal tiempo. Las lluvias y los cielos cubiertos retrasaron varias veces el inicio de la operación. El 24 de julio un intento de bombardeo tuvo que ser suspendido en medio de condiciones meteorológicas adversas y provocó incluso víctimas entre las propias tropas estadounidenses. Pero al día siguiente apareció por fin la oportunidad esperada.
Posiciones alemanas, noche del 24–25 de julio de 1944
Miles de bombarderos pesados y medios descargaron toneladas de explosivos sobre las posiciones alemanas situadas frente al VII Cuerpo estadounidense. El ataque causó una enorme devastación y sembró la confusión entre los defensores. Sin embargo, también provocó víctimas propias, entre ellas el teniente general Leslie J. McNair, que se encontraba en el frente como observador.
La ruptura
Tras el bombardeo avanzó la infantería. Detrás de ella irrumpieron las unidades acorazadas. Al principio, los resultados parecieron modestos. Sin embargo, la estructura defensiva alemana comenzaba a resquebrajarse. Las comunicaciones fallaban, las unidades quedaban aisladas y los contraataques llegaban tarde o con fuerzas insuficientes.
Una de las unidades que mejor aprovechó la oportunidad fue la 4th Armored Division, al mando del mayor general John S. Wood. Conocido por su agresividad táctica y su apuesta por la velocidad, Wood acostumbraba a explotar cualquier oportunidad sin esperar instrucciones de los escalones superiores de mando.
Sus columnas avanzaron con rapidez hacia Coutances y posteriormente hacia Avranches, donde capturaron puentes clave e impidieron que los alemanes organizaran una nueva línea defensiva.
Soldados galeses cerca de Cagny, 19 de julio de 1944
A medida que los elementos de vanguardia avanzaban, la ofensiva cambiaba de rostro. Atrás quedaban los campos cerrados del bocage. Por delante se abría una Francia mucho más favorable para las operaciones de maniobra. Las vanguardias de la 4th Armored Division y de otras unidades estadounidenses recorrieron decenas de kilómetros al día mientras la Luftwaffe apenas podía intervenir y los cazabombarderos aliados atacaban sin tregua las rutas de retirada alemanas.
El colapso alemán en Francia
La operación Cobra fue mucho más que una victoria táctica. Supuso el derrumbe del sistema defensivo alemán en Normandía. En las semanas siguientes, los Aliados avanzaron hacia Bretaña, cercaron importantes fuerzas enemigas en torno a Falaise y aceleraron la liberación de París.
Para Alemania, las consecuencias fueron devastadoras. Miles de hombres quedaron atrapados en la retirada, mientras centenares de carros de combate, piezas de artillería y vehículos eran abandonados o destruidos. La Wehrmacht perdió en Francia una parte sustancial de su capacidad de combate.
Aquel 25 de julio de 1944, en los campos de Normandía, marcó el principio del fin de la ocupación alemana de Francia y abrió el camino que llevaría a los Aliados hasta las fronteras del III Reich.