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Prince Edward  and Wallis Simpson Duke & Duchess of Windsor in the grounds of Charters in Sunninghill, Berkshire.

Prince Edward and Wallis Simpson Duke & Duchess of Windsor in the grounds of Charters in Sunninghill, Berkshire.GTRES

Dinastías y poder

Eduardo VIII: el príncipe de Gales que visitó Sevilla, San Sebastián y Doñana antes de renunciar al trono

Fue también un apasionado de España. Llegó por primera vez en septiembre de 1926 para conocer San Sebastián y reunirse en el hipódromo de Lasarte con su tía, la Reina Victoria Eugenia

El Príncipe de Gales, futuro Eduardo VIII, era un icono social de la Europa de entreguerras. El royal más mediático de su generación. Su sonrisa fascinaba a los fotógrafos de prensa, que lo retrataban en cada viaje oficial, jugando al polo o en partidas de caza.

Nació cuando todavía vivía su bisabuela, la Reina Victoria del Reino Unido, y tenía dieciséis años cuando su padre, Jorge V, fue proclamado Rey y Emperador. Desde ese momento, todas las miradas se centraron en él. En casa le llamaban David y llegó a reinar en 1936 como Eduardo VIII.

Sin embargo, su enamoramiento de una americana doblemente divorciada le llevó a abdicar. Se ha escrito mucho sobre esa historia de amor. En una Europa que se debatía entre el fascismo y el comunismo, todo lo que hacía el elegante Windsor era seguido con interés.

No fueron tiempos fáciles para el Imperio británico. Cuando comenzó la Gran Guerra, Eduardo sirvió como oficial de enlace y ayudante de Estado Mayor, con rango de teniente, aunque no entró en combate. Fue una guerra de trincheras, la más devastadora que se había vivido hasta ese momento.

El Príncipe de Gales en agosto de 1915, durante la Primera Guerra Mundial

El Príncipe de Gales en agosto de 1915, durante la Primera Guerra Mundial

Su única hermana, la Princesa María, decidió enviar cajas de latón con whisky y cigarrillos a todos los soldados del Imperio. Y su padre, el Rey Jorge V, distante y prudente, se vio obligado a cambiar el nombre de su propia dinastía. De Sajonia-Coburgo pasarían a ser Windsor. ¿Cómo entender, si no, que estaban luchando contra los alemanes de su propia sangre? Terminada la guerra, Europa entró en una espiral de crisis económicas y nuevos aires políticos.

El Imperio, además, debía hacer frente a los movimientos independentistas irlandeses, decididos a dejar de ser colonia. Churchill era entonces responsable de ese negociado.

El Príncipe de Gales desempeñaba una frenética labor al servicio de la Corona. Cuando no se encontraba en su residencia privada de Fort Belvedere, realizaba viajes institucionales como el representante más sugestivo del todopoderoso Imperio. En 1922, el Príncipe de Gales viajó a Japón, donde se dejó retratar con el kimono popular ante las danzarinas sagradas de Nikko.

Eduardo y su personal vistiendo kimonos samurái formales en Japón, 1922

Eduardo y su personal vistiendo kimonos samurái formales en Japón, 1922

Estuvo también en Borneo, donde le agasajaron con danzas guerreras, y completó la gira con una estancia en Delhi, en el corazón de la India, la «joya de la corona» británica. La prensa lo fotografiaba luciendo las insignias con las que era condecorado por los maharajás o pasando revista a las tropas coloniales. Era un continuado y brillante éxito para el augusto personaje.

«Los consejos pintorescos, las costumbres exóticas, el estudio directo de las necesidades de los países hacen del viaje del príncipe inglés un curso de alta política», leemos en Nuevo Mundo (17 de febrero de 1922). En 1924 estuvo en Argentina acompañado por su hermano Jorge, que entonces no sospechaba que sería él quien le sustituiría en el trono tras su abdicación.

Bertie era más tímido, menos social y aquejado de una incapacitante tartamudez. Continuaron el viaje hacia Afganistán, todavía parte de sus dominios, y pudieron contemplar el paso del Khyber y las distribuciones de los puestos militares ingleses sobre las montañas grises tan peculiares del país.

El Príncipe de Gales fue también un apasionado de España. Llegó por primera vez en septiembre de 1926 para conocer San Sebastián y reunirse en el hipódromo de Lasarte con su tía, la Reina Victoria Eugenia —la soberana española era prima en primer grado del Rey Jorge V—. Volvió en la primavera de 1927 para conocer Sevilla y la Feria, donde se pasearon en coche descubierto. Fueron a las carreras de caballos y los duques de Alba organizaron en su honor, en el Palacio de Dueñas, una cena (Mundo Gráfico, 11 de mayo de 1927).

Miguel Primo de Rivera hizo de anfitrión y también tuvo una presencia notable su hijo Miguel. Fue en ese viaje cuando el Príncipe de Gales visitó Sanlúcar de Barrameda, donde pasaba largas temporadas su también tía, la Infanta Beatriz de Sajonia-Coburgo, esposa del Infante Alfonso de Orleáns. Visitaron el coto de Doñana y participaron en una brillante partida de caza. De regreso, en su residencia del Palacio Montpensier —hoy Ayuntamiento de la ciudad—, la Infanta le ofreció un gazpacho andaluz como muestra de las tradiciones culinarias de la zona. Parece que quedó encantado.

No tenemos constancia de nuevas visitas del Príncipe de Gales. En enero de 1936, cuando España se preparaba para las elecciones del Frente Popular, falleció en Londres su padre, Jorge V. Él se convirtió en el nuevo Rey-Emperador, aunque jamás llegó a celebrar la ceremonia de proclamación.

Su relación con Wallis se lo impidió y quizá también las amistades que ella mantenía con personajes como el conde Ciano o Ribbentrop, ministros ambos de Exteriores en sus respectivos países. Tras la abdicación, su hermano Jorge VI accedió al trono y él se casó en Francia en una ceremonia mal vista por su familia. Los Windsor le compraron parte de sus bienes personales y se quedó a vivir en la Costa Azul.

Eduardo VIII y su esposa Wallis Simpson saludando a Adolf Hitler

Eduardo VIII y su esposa Wallis Simpson saludando a Adolf HitlerWikimedia Commons

Realizó en octubre de 1937 un viaje a Alemania, ya bajo el modelo nacionalsocialista de Hitler y clara amenaza a las democracias occidentales, que se consideró poco conveniente.

Volvió a España en una ocasión, en junio de 1940, el mismo día de la firma del armisticio de Francia y apenas concluida la Guerra Civil española. Se ha especulado con esta visita, pues Churchill llevaba poco tiempo como primer ministro. Lo que sabemos con certeza es que llegó a Madrid procedente de Barcelona y se alojó en el Ritz con sus perritos, donde le esperaba personal de la Embajada y numerosos periodistas y fotógrafos.

Durante su estancia visitaron la Ciudad Universitaria, asistieron a una recepción en la Embajada y se entrevistaron con el ministro Beigbeder. Pocos días después, partieron hacia Portugal. La tensión internacional entre su antiguo reino y Alemania era ya insalvable. Su destino serían las Bahamas, alejado de cualquier injerencia que pudiese poner en peligro las posiciones británicas ante el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

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