Reina Cristina de Suecia por Sebastiene Bourdon

Reina Cristina de Suecia por Sebastiene Bourdon

¿Quién era Cristina de Suecia, la reina que protagoniza la última campaña de la Embajada de Suecia en España?

Abdicó para hacerse católica, vistió pantalones y legó un gran tesoro artístico a España

La Embajada de Suecia en España ha utilizado para una campaña reciente a Cristina de Suecia como protagonista. Por si hay dudas al respecto, no es la reina actual, sino una monarca sueca del siglo XVII cuya vida está rodeada por un «aura de misterio y ambigüedad», según describe la investigadora Úrsula de Allendesalazar en su biografía.

Nació princesa luterana, vivió su juventud como reina y abdicó para convertirse al catolicismo y dedicar el resto de sus días a las artes y las ciencias. Ahora bien, ¿qué vínculo tiene con España?

Partimos de la base de que no fue una monarca convencional. Nació en 1626, en plena guerra de los Treinta Años, en la que murió su padre, Gustavo II Adolfo. Su hija heredó el trono con solo seis años, en 1632, bajo la regencia del canciller Axel Oxenstierna. Cristina no fue coronada hasta que cumplió los 18 años, cuando empezó a gobernar por derecho propio.

Como reina, se formó igual que cualquier otro heredero en artes, ciencias e idiomas: álgebra, astronomía, esgrima, equitación, caza, etc. También aprendió a dominar otras lenguas como el griego, el hebreo o el árabe. Todo este aprendizaje estuvo bajo la supervisión de maestros y grandes intelectuales de la época, como René Descartes, que acudió a la corte sueca a petición de la reina para que fuese su tutor personal.

Cristina de Suecia y su corte: Detalle de la reina y René Descartes en la mesa

Cristina de Suecia y su corte: Detalle de la reina y René Descartes en la mesa

Pero solo duró cuatro meses. Aunque los médicos indicaron que había muerto de neumonía, se extendió el rumor de que había sido asesinado con arsénico. ¿Por qué? Suecia, y la reina, eran luteranas, pero Descartes profesaba el catolicismo, por lo que los rumores palaciegos extendieron la idea de que el filósofo estaba influenciando a Cristina para que renegase del luteranismo. Más allá de esta anécdota, gracias a los conocimientos que adquirió se ganó el apodo de la Minerva del Norte.

La abdicación y su vínculo con España

En 1654, a los 28 años, Cristina decidió abdicar. Además, se convirtió al catolicismo en la capilla del Palacio de Coudenberg (Bruselas) en diciembre de 1654. Suecia era el baluarte del luteranismo, por lo que esta decisión sorprendió tanto a sus súbditos como a la curia romana.

Cristina nunca quiso reinar y encontró en la fe y en las artes su manera de liberarse a nivel personal, institucional y espiritual. No tardó en marcharse de Suecia para recorrer Europa hasta que llegó a la Ciudad Eterna. El Papa Alejandro VII la recibió con todos los honores, aunque ya no era reina: entró a caballo por la Porta del Popolo, que había sido restaurada por Bernini para la ocasión. Dos días después de su llegada, el 25 de diciembre de 1655, Cristina recibió la confirmación y pasó a llamarse Alejandra, en honor al Papa.

La exreina, ahora católica, se instaló en el Palacio Riario, que convirtió en un centro cultural donde fundó la famosa Academia de la Arcadia para que poetas e intelectuales de toda clase se reunieran. Con este nuevo estilo de vida, también cambió los vestidos por los pantalones (que entonces solo llevaban los hombres) y, al dedicar su existencia a las artes, despertó cierto revuelo e indignación entre los nobles y poderosos de las ciudades que frecuentó.

Aunque su mayor problema en esta época fue la ingente cantidad de dinero que gastaba, tanto que en Bruselas tuvo que dejar como fianza parte de sus joyas, y el papa dijo sobre ella que «es una mujer nacida bárbara, educada como bárbara y con la cabeza llena de bárbaras ideas».

Cristina de Suecia por Jacob Ferdinand Voet

Cristina de Suecia por Jacob Ferdinand Voet

Aunque Alejandra (antes Cristina) viajó por las grandes capitales europeas, nunca visitó España. Pero su vínculo con nuestro país tiene su origen en los años de reinado, cuando Felipe IV le concedió su protección y una asignación económica a cambio de su lealtad política. Un trato que se mantuvo después de su abdicación y por el que Cristina obsequió al monarca español con obras como las tablas de Adán y Eva, de Durero, y el retrato de la propia Cristina realizado por Sébastien Bourdon.

Todas ellas pertenecen hoy a la colección del Museo del Prado y Patrimonio Nacional. Décadas más tarde, Felipe V e Isabel de Farnesio adquirieron parte de la colección de la reina sueca para decorar el Palacio de la Granja. Alejandra no regresó a Suecia. Falleció en Roma en 1689 y es una de las cuatro únicas mujeres que están enterradas en el Vaticano, en la cripta de la basílica de San Pedro, junto a los pontífices.

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