Curso de Verano CEU sobre El colapso de la Segunda República
Cursos de Verano CEU
Rubido, Albiac y González Olaya debaten sobre el relato de la II República: «Es idealizada como una Arcadia feliz y es una mentira radical»
En la última sesión del primer día del curso han hablado el escritor y filósofo Gabriel Albiac, el periodista Vicente González Olaya y el director de El Debate, Bieito Rubido
Durante los días 6 y 7 de julio, en El Escorial, algunos de los principales especialistas en la crisis política de los años treinta se reunirán para analizar los últimos meses del régimen republicano, la violencia política, las elecciones de febrero de 1936, la conspiración militar y el proceso que desembocó en la Guerra Civil.
En la última sesión de esta tarde del Curso de Verano dedicado a El colapso de la Segunda República, organizado por la Universidad CEU San Pablo, el escritor y filósofo Gabriel Albiac, el periodista Vicente González Olaya y el director de El Debate, Bieito Rubido, han hablado sobre el trato de este periodo de nuestra historia en los medios de comunicación.
Rubido trató de explicar por qué, en su opinión, se ha mantenido una visión idealizada de la Segunda República como modelo democrático.
Antes de entrar en materia, planteó dos ideas previas. «La historia es algo que nos debería hacer pensar», afirmó. A continuación, sostuvo que el antifranquismo tuvo «dos grandes motores intelectuales»: «Prestigiar la etapa de la República como una Arcadia feliz, donde los españoles vivieron mejor que nunca, lo cual es una mentira radical; y, en segundo lugar, desprestigiar la historia de España».
En este sentido, aseguró que «la leyenda negra fue amplificada de una manera muy interesada por la oposición al franquismo, tanto en la clandestinidad como en el exilio».
Según Rubido, ambas corrientes de pensamiento –«desprestigiemos la historia de España y prestigiemos ese paréntesis de paz y progreso que representó la Segunda República»– acabaron calando en una parte de la sociedad, especialmente durante los últimos años del franquismo y la Transición.
«Solo hay que ir a los últimos años del franquismo y a la Transición para comprobar que hubo una eclosión editorial en la que se publicaban todo tipo de libros alabando la Segunda República. Eso ha calado; es una matriz de pensamiento que se ha instalado. La gente tiene una ignorancia muy grande sobre la Segunda República», afirmó.
Finalmente, sostuvo que la Segunda República «tuvo sus luces y sus sombras, pero sobre todo muchas sombras, especialmente en el ámbito político». Asimismo, afirmó que «el Partido Socialista había pensado que la República debía convertirse en un régimen de partido único y de inspiración soviética, porque esa era la corriente que lideraba Largo Caballero».
Para Rubido, la explicación es que «la izquierda actual, heredera de aquella izquierda, necesita sostener el relato de que la Segunda República fue un periodo ejemplar de la historia de España, cuando, en realidad, fue todo lo contrario».
Por su parte, el periodista Vicente González Olaya defendió que la Segunda República y la Guerra Civil no deberían ocupar el lugar central que, a su juicio, tienen actualmente en el debate político. «La República no es actualidad; fue hace 95 años, casi un siglo. Han pasado siete generaciones», afirmó.
Para ilustrar esa idea, recordó una reflexión del actor Antonio Banderas: «Cuando él era joven, Franco estaba más muerto que ahora». González añadió que durante los años ochenta y noventa estos asuntos apenas formaban parte de la conversación pública. «Hablábamos poco de política porque estábamos interesados en la universidad, en las chicas... En los años noventa la Guerra Civil era algo de los libros; era historia».
En su opinión, la situación cambió tras la crisis económica de 2008. «¿Qué ha ocurrido? Que, a causa de la crisis de 2008, se saca del armario la Guerra Civil. En los años ochenta y noventa era historia; ahora es actualidad», sostuvo.
Como ejemplo, aludió al debate sobre el Valle de los Caídos y afirmó que «se han reabierto unas heridas que estaban más que cerradas hace cincuenta años». «Nuestros padres y nuestros abuelos se perdonaron hace cincuenta años», añadió.
Asimismo, consideró que este debate responde a una estrategia política. «Esto es desviar la atención. Lo que han hecho Zapatero y el actual presidente del Gobierno es reabrir unas heridas que estaban más que cerradas», aseguró. También lamentó que «ahora la gente busca el 'clickbait' y recurrentemente se sacan estos temas».
Finalmente, reivindicó una visión más amplia del pasado nacional: «La historia de España es mucho más amplia que un periodo tan triste y lamentable como fueron la Guerra Civil y la Segunda República».
Gabriel Albiac abrió su intervención con una reflexión filosófica sobre el tiempo a partir de un pasaje de las Confesiones de san Agustín. Recordó la idea del santo de que «no existen los pretéritos ni los futuros» y que, con mayor propiedad, «los tiempos son tres: el presente de las cosas pasadas, el presente de las cosas presentes y el presente de las cosas futuras».
A partir de esa premisa, se preguntó qué ocurre cuando las personas hablan del pasado: «Lo que hacemos es retrotraer nuestro presente hacia una justificación afectiva de lo que hoy somos», afirmó.
Para Albiac, la evocación de un pasado idealizado tiene una función política y simbólica. «¿Qué es lo maravilloso de evocar un tiempo mítico? Que lo justifica todo», señaló.
En su opinión, aunque durante algunas décadas se hablara menos del conflicto, la lógica de confrontación permaneció intacta. «Antes se hablaba de otras cosas, pero hacíamos lo mismo. Seguíamos dividiendo el mundo con el filo de una navaja de barbero en dos bloques: los nuestros y los otros». A su juicio, «esa es la característica específica de los años treinta españoles que se ha conservado hasta el día de hoy».
Refieriéndose a la polarización política de 1931 y la actual, respondió con contundencia que no hay «ninguna» y que es «un caso único en toda Europa». En ese sentido, sostuvo que España continúa interpretando el presente «como el intento de consagrar algo mitológicamente fallido en el inicio de los años treinta», una situación que calificó de «patología monstruosa».
En el turno de preguntas, la moderadora planteó una cuestión sobre el papel del periodismo ante el relato histórico de la Segunda República y la Guerra Civil. En concreto, preguntó cuál debería ser la función de los medios «respecto a contar la verdad» y qué significa esa verdad «en el marco de las leyes de memoria de 2007 y 2022, que han tratado de establecer una especie de verdad única».
En su respuesta, Vicente González, periodista especializado en historia y arqueología, defendió la importancia de divulgar el pasado de forma accesible. «Me dedico a escribir de historia y arqueología. Mis historias en el periódico tienen éxito porque cuento las cosas de una manera muy sencilla», afirmó.
González lamentó el desconocimiento histórico de las nuevas generaciones. «Los jóvenes de hoy saben mucho de la actualidad», señaló.
El periodista vinculó esta situación con el nivel de la clase política actual, que, a su juicio, ha empeorado respecto a décadas anteriores. «Los políticos de ahora son unos cazurros sin ningún tipo de formación. Los ministros de antes eran más preparados, había catedráticos y empresarios; ahora no hay nada», afirmó. En esa línea, criticó la composición del Ejecutivo: «No puede haber una señora ministra que ha sido cajera. Es triste, pero ha sido así. Son un grupo de amigos que se han repartido los cargos del Gobierno. Como había más amigos que ministerios, crearon nuevos puestos».
Finalmente, sostuvo que el Gobierno utiliza el pasado con fines políticos. «Si eres listo y le dices a la población que sigue vigente una Guerra Civil de hace cien años, conviertes la historia en política», afirmó. «Lo que hacen es blanquear la política a través de la historia. Es lo que hace este Gobierno».
En la recta final del coloquio, Barreiro preguntó por el impacto de la inteligencia artificial en el tratamiento de la historia y, en particular, de la Segunda República. «Si buscas temas referidos a la Segunda República, la visión que ofrece la inteligencia artificial es muy particular y cuesta encontrar enfoques diferentes. ¿Cómo estáis afrontando desde los periódicos la irrupción de la IA?», planteó.
El director de El Debate respondió que el periodismo ha experimentado una transformación profunda en la última década y advirtió del riesgo de sesgos en los sistemas de inteligencia artificial.
«En el campo de la comunicación, los diez últimos años han supuesto una transformación absoluta. En España, ChatGPT tiene acuerdos con tres o cuatro medios marcadamente de izquierdas. La IA, que es muy útil para documentarnos, tiene el problema de que va a tener sesgo, al menos en España», afirmó.
A continuación, criticó las leyes de memoria histórica y memoria democrática por considerar que limitan la libertad de investigación. «No se puede legislar para coartar la libertad de estudio, de pensamiento y de formación. La Ley de Memoria Histórica es un atentado contra la libertad y contra la capacidad que tiene una sociedad de verse a sí misma», sostuvo.
Como ejemplo, hizo referencia a la presencia de monumentos y estatuas de distintos personajes históricos. «Delante de Nuevos Ministerios están las estatuas de Largo Caballero y Prieto, y se han llevado la de Franco. O no tenemos ninguna, o se las llevan todas», afirmó.
Rubido calificó a Francisco Largo Caballero de «asesino» y aseguró que Indalecio Prieto fue «el gran promotor de la revolución de 1934 que, según historiadores, fue el inicio de la Guerra Civil». Asimismo, añadió que Prieto «dejó a una España hambrienta sin recursos llevándoselos a México».
Insistió en su rechazo a la legislación sobre memoria histórica. «La verdad es muy difícil, pero esta ley es inconstitucional, va contra los grandes consensos europeos y espero que sea derogada. Es una ley que no se puede mantener ni un minuto más», concluyó.