El 16 de julio de 2002 soldados marroquíes invadieron la isla española de Perejil
Romeo-Sierra: la noche en que España recuperó Perejil sin disparar un solo tiro
Hace 24 años, un peñón casi desconocido para la mayoría de los españoles se convirtió en el escenario de una de las operaciones militares conjuntas más brillantes de la historia reciente de las Fuerzas Armadas españolas
Al amanecer del 17 de julio de 2002, tres helicópteros Cougar de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET) volaban a baja cota sobre las aguas del Estrecho. En su interior viajaban veintitrés boinas verdes del Mando de Operaciones Especiales (MOE), con base en Rabasa (Alicante), y cinco infantes de marina del Tercio de Armada (TEAR), con base en San Fernando (Cádiz). Constituían la fuerza de asalto encargada de recuperar el islote de Perejil.
Mientras se aproximaban al objetivo, repasaban los últimos detalles de una misión preparada minuciosamente durante días. Su éxito dependía de tres factores esenciales: sorpresa, coordinación… y sangre fría.
Perejil y el trasfondo del conflicto
La crisis se había desencadenado el 11 de julio de 2002, cuando un destacamento marroquí desembarcó en el islote de Perejil, izó varias banderas nacionales y estableció un pequeño campamento. Aunque se trataba de un peñón deshabitado y sin valor económico relevante, su situación junto al estrecho de Gibraltar y a escasos kilómetros de Ceuta le confería una indudable importancia estratégica.
Baterías Antiaéreas desplegadas en los montes de García Aldave, donde se concentran los acuartelamientos del Tercio II de la Legión y el Regimiento de Ingenieros 7, entre otros
Sin embargo, la ocupación de Perejil no fue un episodio aislado ni una simple disputa sobre un islote rocoso. Formaba parte de una larga tradición reivindicativa presente en determinados sectores políticos marroquíes desde mediados del siglo XX.
Inspirada en la idea del denominado «Gran Marruecos», esta corriente defiende la incorporación al reino alauí de territorios tan diversos como el Sáhara Occidental, Mauritania, parte de Argelia y las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, además de las plazas e islotes de soberanía española en el norte de África.
A lo largo de las décadas, ese irredentismo ha servido como marco ideológico para sucesivos choques entre Madrid y Rabat. Desde las acciones del denominado Ejército de Liberación contra las posiciones españolas de Ifni y el Sáhara en los años cincuenta hasta la Marcha Verde de 1975, la reivindicación de territorios bajo soberanía española ha constituido una constante en la política marroquí. La ocupación de Perejil representaba, por tanto, mucho más que un incidente local. Era un nuevo capítulo de una disputa geopolítica con profundas raíces históricas.
Una respuesta medida
La reacción española fue inmediata. Mientras se intentaba resolver la crisis por la vía diplomática, las Fuerzas Armadas comenzaron a preparar una operación militar dirigida a restaurar la situación anterior a la ocupación. El objetivo no era conquistar territorio ni escalar el conflicto, sino restablecer el statu quo. Las reglas de enfrentamiento eran muy estrictas y solo autorizaban el uso de las armas en legítima defensa.
Desde el primer momento se optó por una operación conjunta. El Estado Mayor de la Defensa coordinó medios del Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, mientras se reforzaba la vigilancia naval y aérea en la zona del Estrecho.
El protagonismo de la misión recayó sobre las FAMET, los boinas verdes del MOE y los infantes de marina del TEAR. Durante varios días, comandos y tripulaciones ensayaron la operación hasta el más mínimo detalle. El éxito dependía de la sorpresa; el margen para el error era prácticamente inexistente.
El dispositivo desplegado incluía helicópteros HT-21 Cougar para transportar a la fuerza de asalto, aparatos HU-10 armados para proporcionar cobertura, helicópteros Chinook para los relevos posteriores y medios específicos de mando, control y evacuación sanitaria. En el mar, el buque de asalto anfibio Castilla ejercería como puesto de mando avanzado de la operación. Fragatas, corbetas y patrulleros controlaban los accesos al islote, mientras cazas F-18 y Mirage F-1 vigilaban el espacio aéreo.
Asalto al amanecer
La orden definitiva llegó en la noche del 16 de julio. Poco antes de las cuatro de la madrugada, los helicópteros de las FAMET despegaron rumbo a Perejil. Lo hicieron volando a apenas 50 pies —poco más de quince metros de altura— sobre la superficie del mar, manteniendo silencio radio y aprovechando la oscuridad para conservar la sorpresa. Fuertes vientos y una meteorología adversa complicaban la navegación nocturna. Un mínimo error podía resultar fatal.
Los F-18 y los F-1 fueron desplegados para controlar el cielo de Perejil
Durante la aproximación se vivió uno de los momentos más delicados de la operación, cuando una patrullera marroquí detectó la formación y la iluminó con un potente foco. La maniobra podía echar por tierra la sorpresa sobre la que descansaba todo el plan. Sin embargo, la intervención de los buques españoles desplegados en la zona evitó cualquier interferencia y permitió continuar el vuelo hacia el objetivo.
A las 06:21, tres Cougar se encontraban sobre el islote. Mientras los helicópteros de apoyo cubrían la inserción, boinas verdes e infantes de marina comenzaron a desembarcar sobre un terreno tan abrupto que impedía a las aeronaves tomar tierra.
En algunos puntos, los aparatos tuvieron que mantenerse en vuelo estacionario, apoyando apenas una rueda sobre la roca mientras los soldados saltaban al suelo. Una fuerte racha de viento llegó incluso a desestabilizar uno de los helicópteros, elevándolo bruscamente varias decenas de metros cuando se encontraba en plena maniobra de desembarco. Con gran pericia, el piloto recuperó el control de la aeronave y completó la inserción sin incidentes.
Una vez asegurada la parte alta del islote, los equipos avanzaron hacia las posiciones ocupadas por los militares marroquíes. Desde los helicópteros se efectuaron llamamientos en español, francés y árabe para que depusieran las armas. La sorpresa fue total. Los ocupantes abandonaron sus posiciones y se rindieron sin ofrecer resistencia.
El Ejército español tuvo que intervenir para recuperar la isla de Perejil
En apenas unos minutos, España había desbaratado el órdago planteado por Marruecos seis días antes.
Objetivo cumplido
Tras asegurar la zona y comprobar que no quedaban más ocupantes, los comandos arriaron la bandera marroquí e izaron la española. A las 07:51, poco más de una hora después del inicio de la operación, la situación estaba completamente bajo control. España había recuperado el islote de Perejil.
El éxito de la misión no debe ocultar los riesgos asumidos. Al inspeccionar las armas capturadas, se comprobó que varios militares marroquíes tenían sus subfusiles cargados y con cartucho en la recámara. Bastaba una reacción inesperada, un malentendido o un error de cálculo para que la operación hubiese tenido un desenlace muy diferente.
Poco después, helicópteros Chinook de las FAMET trasladaron al islote una sección del Tercio «Duque de Alba», 2.º de la Legión, de guarnición en Ceuta, para relevar a los equipos de operaciones especiales y asegurar temporalmente la posición. Mientras tanto, los militares marroquíes capturados fueron evacuados a Ceuta, donde recibieron atención médica antes de ser entregados a las autoridades de su país.
Una operación de manual
Días después, España y Marruecos acordaron restaurar la situación anterior a la crisis y desmilitarizar nuevamente el islote. Sin embargo, el verdadero legado de Romeo-Sierra fue la demostración de eficacia de las Fuerzas Armadas españolas.
Bajo un mando conjunto, unidades del Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire ejecutaron una operación compleja con una precisión extraordinaria, sin bajas y sin efectuar un solo disparo.
Más de dos décadas después, una pregunta es inevitable: ¿cómo respondería hoy España ante una crisis similar?