Los historiadores Roberto Villa y Cristina Barreiro
Entrevista
«Las leyes de Memoria juzgan sin rigor quiénes están en el lado correcto de la Historia y quiénes no»
El CEU organiza el Curso de Verano El colapso de la Segunda República, dirigido por Roberto Villa y Cristina Barreiro. Hablamos con ambos historiadores sobre los objetivos del curso, las investigaciones recientes y la influencia del debate actual sobre la memoria histórica
La Segunda República y su desenlace siguen ocupando un lugar central en el debate historiográfico y público español. Con el propósito de abordar aquel periodo desde el rigor académico y al margen de lecturas simplificadoras, la Universidad CEU San Pablo organiza el Curso de Verano El colapso de la Segunda República, dirigido por Roberto Villa y Cristina Barreiro.
Durante los días 6 y 7 de julio, en El Escorial, algunos de los principales especialistas en la crisis política de los años treinta se reunirán para analizar los últimos meses del régimen republicano, la violencia política, las elecciones de febrero de 1936, la conspiración militar y el proceso que desembocó en la Guerra Civil.
Sobre los objetivos del curso, las investigaciones recientes y la influencia del debate actual sobre la memoria histórica conversamos con ambos historiadores.
–El título del curso habla del «colapso» de la Segunda República. ¿Qué hechos o procesos le lleva a concluir que la República estaba ya en una situación de quiebra institucional antes del estallido de la Guerra Civil?
–El colapso de la República tiene lugar entre el 17 y el 19 de julio de 1936, cuando la sublevación militar y la decisión del gobierno de José Giral de repartir armas a los militantes de los partidos y sindicatos de la izquierda revolucionaria acabó con los últimos restos de la legalidad republicana en toda España. Antes de esos sucesos, no puede hablarse de quiebra o colapso, sino de crisis, y son esta crisis y esta quiebra los objetos de estudio de este Curso de Verano. Es decir, vamos a plantearnos por qué la República agravó su crisis política en sus meses finales, por qué las oportunidades y las posibilidades de reequilibrio se fueron reduciendo al mínimo y por qué, finalmente, la desembocadura de ese trágico proceso fue ese colapso que intitula el encuentro.
–¿Cómo se ha diseñado el programa para garantizar un debate académico riguroso en un tema que sigue generando una fuerte controversia?
–Como se estudia un proceso político, hemos incluido a los que desde la Historia Política han realizado aportaciones fundamentales para entender la crisis y la quiebra de la Segunda República. Casi todos, además, se cuentan entre los historiadores más leídos hoy, con lo cual podemos decir que no sólo figuran los grandes expertos de ese periodo denso y apasionante, sino también los que tienen mayor reconocimiento público.
–¿Qué investigaciones recientes le han llevado a replantear las interpretaciones más extendidas sobre los últimos meses de la República?
–Nuestro Curso presenta las más importantes e impactantes. Por ejemplo, figuran Inger Enkvist con El naufragio de la Segunda República. Una democracia sin demócratas, los autores de 1936. Fraude y Violencia en las elecciones del Frente Popular que somos Manuel Álvarez Tardío y yo mismo, y los de Fuego Cruzado: la primavera de 1936 –el estudio más reciente sobre la violencia política en esos meses– entre los que estará Álvarez Tardío. También intervendrán: Demetrio Castro, autor de la muy reciente Triste y Agria. Intrahistoria de la Segunda República; Roberto Muñoz Bolaños, que es el que mejor conoce la conspiración que llevó a la sublevación militar (Las conspiraciones del 36. Militares y civiles contra el Frente Popular); Julius Ruiz, que con su última aportación sobre La Guerra Sucia: La República contra la quinta columna ha culminado sus estudios sobre la formación, a partir de las milicias, de la nueva policía republicana; y, por último, Antonio Manuel Moral Roncal, autor de un estudio muy novedoso sobre las relaciones entre Alfonso XIII y la República. Cierra, por supuesto, Alfonso Bullón de Mendoza con el acontecimiento detonante de la sublevación, el asesinato de José Calvo Sotelo, del que también se cumple el 90 aniversario.
–Existe un intenso debate sobre las responsabilidades de la crisis de 1936. ¿Hasta qué punto creen que la política actual influye en la forma en que se estudia y se discute la Segunda República?
–Los historiadores no somos jueces y, por tanto, no debemos entrar a dilucidar responsabilidades. Lo que podemos garantizar es que este Curso de Verano va a ser un foro de discusión y difusión científicas y, por tanto, no vamos a entrar en las trifulcas poco edificantes de las mal llamadas «memorias». Desde luego, no vamos a avalar las teorías simplonas y maniqueas de determinados relatos de Estado, como los que han instituido de manera deplorable las leyes de Memoria –singularmente la última de 2022– que ya han establecido con nulo rigor quiénes están en el lado correcto de la Historia y quiénes no.
–En los últimos años, el debate sobre la memoria histórica ha adquirido una gran relevancia pública. ¿Cómo afecta ese contexto a la investigación y a la enseñanza de la historia de la Segunda República y la Guerra Civil?
–Es una coacción indudable sobre los historiadores y sobre los profesores de Historia. La Historia es la ciencia de la complejidad, del matiz, del detalle. Cuanto más simple es una narración histórica, más cerca está de ser falsa, si es que no lo es del todo. Sin embargo, los Poderes públicos pretenden sustituir la Historia por una fabulación ideológica maniquea, y usar los resortes del Estado para cortocircuitar toda discusión, con objeto de evitar que cualquier dato, cualquier matiz destruya esa fabulación. Frente a ese propósito, nuestro Curso de Verano pretende difundir entre los profesionales de la Historia los últimos estudios sobre la política de la República, con objeto de que tengan sobre qué apoyarse para aminorar esa coerción anticientífica.
–¿Qué aspectos de los meses previos al estallido de la Guerra Civil siguen siendo, a su juicio, los más desconocidos o peor comprendidos por la opinión pública?
–Todos aquellos que contribuyen a explicar por qué la desembocadura de la corta experiencia republicana fue una Guerra Civil, en la que ambos bandos tuvieron, además, un importante apoyo popular. Esa quiebra de la comunidad política sucede, como ya había advertido en 1938 José Ortega y Gasset en su prólogo para ingleses de «La Rebelión de las Masas», por una serie de problemas que antes de julio de 1936 impidieron consolidar la República como un marco de convivencia inclusivo: su modelo originario revolucionario, la falta de acuerdo entre los diferentes partidos para articular un sistema de todos, el exclusivismo y la violenta disputa por las instituciones y el espacio público, el ciclo insurreccional de 1930 a 1936, etcétera. Falta conocer bastante aún sobre el impacto de todo ello en el funcionamiento de las instituciones, aunque varios de los ponentes llevan una década ocupándose de ello, con resultados sólidos y novedosos. Eso contribuirá a derribar el mito de que la Guerra Civil fue una tormenta «reaccionaria» en una plácida noche de verano, que es como la ley de Memoria democrática de 2022 interpreta el final de aquel difícil y apasionante quinquenio republicano.
–¿Han encontrado evidencias documentales que cuestionen relatos ampliamente aceptados sobre las elecciones de febrero de 1936, la violencia política o la conspiración militar?
–Si el historiador no encuentra esas evidencias, no tendría con qué sostener sus juicios sobre el pasado. Todas las ponencias están basadas en largas y profundas investigaciones que han generado conocimiento consolidado y, por tanto, están tras las tesis avaladas por los distintos historiadores que intervendrán en el Curso. Aunque es posible que en la discusión se planteen hipótesis de trabajo, lo que no habrá será afirmaciones gratuitas.
–Si tuvieran que señalar una idea sobre la Segunda República que consideran errónea pero muy extendida en la sociedad española, ¿cuál sería?
–La sociedad suele tener mejores intuiciones que, por ejemplo, quienes administran actualmente el Estado. Una experiencia que dura cinco años –poco más de una legislatura– y termina en una Guerra Civil no puede ser considerada uno de los momentos «más inclusivos, tolerantes, de igualdad, justicia social y solidaridad», como afirma la ley de Memoria de 2022, y menos aún un modelo para la democracia actual como así pretende el Gobierno actual. Eso induce a error a muchos ciudadanos, pero también explica por qué muchísimos de ellos no se conforman con ese tipo de visiones simplistas y se inclinan cada vez más a informarse a través de los libros de Historia y se interesan, como espero que lo hagan ahora, por este tipo de encuentros científicos. Pensando en ellos, hemos adaptado este Curso de Verano para que los que no son historiadores pero están interesados en estas cuestiones, pueda seguir las ponencias y participar activamente.