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Mañueco, en los cursos de Verano del CEU

Mañueco, en los cursos de Verano del CEU

Cursos de Verano del CEU-María Cristina

Mañueco: «No se puede entender la Hispanidad sin la aportación de Castilla y León»

El presidente lamentó que ese legado haya quedado eclipsado por la denominada Leyenda Negra: «Pese a todo ello, castellanos y leoneses soportamos el dedo acusador de haber cometido allí barbarie sin fin», expresó

Bajo el título Castilla, el germen de la Hispanidad y de la España virreinal, el presidente de la Junta de Castilla y León, Fernández Mañueco, ha expuesto en la primera jornada de los Cursos de Verano del CEU María Cristina en El Escorial que «no se puede entender nuestro país y la Hispanidad sin la aportación histórica, humana y social de Castilla y León».

A partir de esa premisa, el presidente autonómico realizó un recorrido por la herencia cultural, política e institucional de Castilla y León en la construcción de la Hispanidad, reivindicando el papel desempeñado por el antiguo reino en la formación de España y en la proyección de su legado al continente americano. «Castilla se hizo España», afirmó rememorando las palabras de Julián Marías, antes de defender que desde 1492 la cultura hispánica se trasladó al Nuevo Mundo, convirtiéndose en un nexo histórico entre España y América.

Mañueco situó en la figura de Isabel la Católica uno de los pilares de ese proceso histórico. Recordó que la reina escuchó las teorías de Cristóbal Colón sobre la posibilidad de llegar a las Indias navegando hacia occidente y destacó que, tras los viajes del almirante, los Reyes Católicos lo recibieron de nuevo en la Corte.

Asimismo, subrayó el contenido del testamento de Isabel, en el que, según recordó, dejó establecido que no se cometieran agravios contra los habitantes de los territorios descubiertos y que se hiciera todo lo posible por transmitirles la fe cristiana.

En ese contexto, defendió que Castilla y León –«en aquel momento corona de Castilla»– proporcionó gobernadores, recursos e instituciones para la organización de los nuevos territorios, hasta el punto de que «fue surgiendo una réplica» de la propia Castilla al otro lado del Atlántico. Como ejemplo citó la existencia de ciudades americanas que conservan nombres como Ávila, Burgos, Palencia, Salamanca o Zamora.

A esa huella territorial se suma la gran huella humana que se dejó en el Nuevo Mundo: figuras como Toribio de Benavente, Andrés de Olmos, Toribio de Mogrovejo o Bernardino de Sahagún. Todos ellos «nos muestran como desde Castilla y León se pensaba en América y también desde América se escribía su historia».

Sin embargo, el presidente lamentó que ese legado haya quedado eclipsado por la denominada Leyenda Negra: «Pese a todo ello, castellanos y leoneses soportamos el dedo acusador de haber cometido allí barbarie sin fin y de impedir que continuara lo que parecía una arcadia feliz, olvidando cualquier aportación positiva o benéfica», expresó.

«Aparecemos siempre como los malos de la película, a mí me indigna profundamente», afirmó Mañueco que se niega a aceptar que España sea «el único país que asuma el relato negro» sobre su pasado. Aunque reconoció que durante la conquista se produjeron abusos, defendió que también existió un esfuerzo constante por corregirlos y por establecer normas para proteger a los pueblos indígenas.

Buena parte de su intervención estuvo dedicada a reivindicar las aportaciones culturales e intelectuales de Castilla en la Hispanidad. Entre ellas destacó el español, una lengua que hoy hablan cerca de 600 millones de personas y que calificó como uno de los principales instrumentos de comunicación y creación literaria del mundo. Recordó además que fue una lengua que «no se impuso, sino que atrajo».

Puso el ejemplo de los misioneros, que aprendieron las lenguas nativas para transmitir el Evangelio. «Felipe II animó al virrey del Perú a crear cátedras de lenguas indígenas. Y así se hizo preservando muchas de ellas que hoy continúan vigentes en la actualidad», señaló. En este sentido, defendió el castellano como «herramienta útil y seña de identidad».

Mañueco situó igualmente en Castilla y León el origen de una concepción de la dignidad humana que, aseguró, anticipó principios fundamentales del derecho moderno. Citó el testamento de Isabel la Católica, las Leyes de Burgos y la evolución de la legislación indiana como ejemplos de ese intento por ofrecer un trato digno a los indígenas y resolver situaciones inéditas surgidas tras el descubrimiento de América.

En ese recorrido otorgó un protagonismo especial a la Escuela de Salamanca, cuyos principales representantes, como Francisco de Vitoria y Francisco Suárez, desarrollaron una doctrina basada en la dignidad inviolable de la persona y en la existencia de un orden jurídico universal.

Según explicó, aquellas reflexiones sentaron las bases del derecho internacional, defendieron la libertad de los mares, cuestionaron las guerras de conquista e inspiraron debates como la Controversia de Valladolid. Recordó además que ese legado fue recientemente reconocido por el Papa León XIV durante su intervención en el Congreso de los Diputados.

El presidente también reivindicó el mestizaje como una de las principales aportaciones de España a América. Defendió que la integración entre pueblos forma parte de la propia identidad española y recordó cómo destacados autores mestizos, entre ellos Rubén Darío, contribuyeron posteriormente al enriquecimiento de la cultura en español.

Otro de los pilares del legado hispánico que destacó fue la educación. Señaló que la Universidad de Salamanca actuó como alma mater de numerosas universidades americanas y defendió la proyección internacional del conocimiento generado en Castilla y León.

A ello sumó la exportación de instituciones como el municipalismo, cuyos orígenes situó hace más de doce siglos, así como del parlamentarismo, recordando las Cortes de León de 1188 como uno de los primeros precedentes de representación popular en Europa.

Tras ese recorrido histórico, Mañueco trasladó el discurso al presente para defender una forma de hacer política basada en la serenidad, el diálogo y la búsqueda del bien común. Frente al ruido político, apostó por una acción de gobierno «que no genere ruido, que intente dar fruto y que cumpla con su deber», basada en la responsabilidad, la capacidad de entender las posiciones del otro y en transformar «las palabras en hechos». En ese punto volvió a apoyarse en la tradición de la Escuela de Salamanca para reivindicar una política orientada al servicio del bien común.

El presidente aprovechó también para poner en valor la gestión de Castilla y León, que presentó como una comunidad con un importante dinamismo económico y cultural.

Destacó iniciativas como Las Edades del Hombre, que acumulan cerca de doce millones de visitantes en sus casi cuatro décadas de historia, el yacimiento de Atapuerca, la apuesta por la innovación y la calidad de los servicios públicos.

Entre las medidas impulsadas por su Ejecutivo resaltó la gratuidad del transporte público como ejemplo de las políticas desarrolladas por la Junta.

En la recta final de su intervención, Fernández Mañueco apeló al significado de la Hispanidad como una herencia compartida. «La sangre se hereda», afirmó, para defender que Castilla y León ha recibido ese legado y tiene ahora la responsabilidad de proyectarlo hacia el futuro. «Podemos conquistar el futuro», sostuvo, reivindicando la capacidad de la comunidad para transformar su pasado en nuevas oportunidades.

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