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Expedición de Lope de Hoces a Brasil

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Picotazos de historia

«Son poca ropa»: la frase de Antonio de Oquendo antes de derrotar a la flota holandesa

La flota de don Antonio de Oquendo derrotó en 1631 a una escuadra holandesa superior en número y artillería frente a las costas de Brasil, en una batalla decisiva para llevar refuerzos a Pernambuco

El 5 de mayo de 1631 partió del puerto de Lisboa una flota combinada, luso-castellana, compuesta por 26 navíos de diferente tipo. Estaba la flota bajo el mando de don Antonio de Oquendo y Zandátegui, donostiarra que comandaba la flota con el grado de almirante general de la Armada del Océano y tenía como segundo al mando al almirante don Francisco de Vallecilla.

La flota transportaba a 3.000 soldados que, según Fernández Duro, mandaba el conde de Bayolo. Sin embargo, no he encontrado referencia a nadie con este título o uno que sonara parecido, por lo que es muy posible que el nombre esté mal copiado o transcrito fonéticamente.

Pero volvamos al tema: la flota había sido enviada para combatir al neerlandés, que estaba ocupando Pernambuco y que tenía una flota en la zona para practicar el corso por las Antillas.

La flota hizo la travesía en sesenta y ocho días y desembarcó las tropas y bastimentos destinados a la plaza de Bahía de Todos los Santos.

El día 3 de septiembre partió la flota del puerto de Bahía. En total, la formaban veinte naves más treinta y seis de carga y transporte, pero de estos veinte navíos solo ocho eran galeones de guerra.

El almirante enemigo era el holandés Adriaan Jansz Pater. El pasado mes de mayo había sustituido al almirante Lock y se había probado como marino capaz y con recursos. El almirante Pater estaba al tanto de la llegada de la flota, composición, número y armamento. Había confirmado que superaba a Oquendo en número de naves de guerra —Oquendo tenía ocho y Pater treinta y tres— y que el desplazamiento de las naves holandesas era superior al de los galeones de la flota combinada. Pater decidió elegir dieciséis naves de guerra entre las que tenía, las más marineras y mejor artilladas.

También conocía su superioridad artillera, pues todas sus naves portaban cañones de calibre 48 a 12 libras, mientras que las naves de Oquendo contaban con una artillería de menor calibre y alcance —máximo de 24 y mínimo de 8 libras—.

Retrato de Antonio Oquendo

Retrato de Antonio OquendoReal Academia de la Historia

La mañana del día 12, la flota del almirante don Antonio de Oquendo avistó al enemigo. Preocupado, el conde de Bayolo se situó junto a la nave de Oquendo y ofreció reforzar los barcos de guerra con gente de armas bajo su mando. Oquendo señaló a los barcos holandeses y respondió: «Son poca ropa», y señaló al general que sus tropas tenían que conservarse para la defensa de la ciudad de Pernambuco.

Se dio orden de que los transportes y buques de carga se quedaran junto a la costa, a sotavento de los navíos de guerra, y estos formaran línea de batalla desplegándose en arco.

Los holandeses fueron hacia la formación española en dos filas —recuerda un poco la disposición de Trafalgar—; cada barco holandés tenía un objetivo asignado y la orden de atacar de dos en dos a las naves enemigas, aprovechando la ventaja numérica y la superioridad en bocas de fuego, calibre y alcance.

Las naves holandesas también superaban en tonelaje y su bordo era más alto, por lo que sus arcabuceros podían disparar sobre las cubiertas de los barcos españoles. La nao capitana, donde embarcaba el almirante Pater, se llamaba Priss Willem y tenía 1.000 toneladas de desplazamiento.

La Santiago, que era la capitana de Oquendo, tenía 100 toneladas menos. Maniobró Oquendo para enganchar el bauprés del Priss Willem en la popa del Santiago. En una acción suicida, saltó del puente de la nave española el capitán Juan Castillo, consiguiendo fijar un calabrote en la mesana de la nave holandesa. Su acción le costó la vida, pero dejó enganchada la nave holandesa al costado de la Santiago, limitando así su ventaja en armamento.

Arreció el combate en torno a las dos naves capitanas. La San Antonio, de 700 toneladas, que llevaba a bordo al almirante don Francisco de Vallecilla, resultó hundida y el almirante muerto mientras combatía en la cubierta por dos disparos de arcabuz que le atravesaron el pecho, pero el Provincia de Utrecht, que había combatido contra el navío español, quedó gravemente dañado y con fuego a bordo.

Batalla naval de Pernambuco o de los Abrojos

Batalla naval de Pernambuco o de los Abrojos

Se alejó el holandés de la formación y se acabó hundiendo pocas horas después. La San Buenaventura, que había intentado ayudar a la San Antonio, pagó su celo con la muerte de su capitán Alonso de Alarcón y buena parte de su tripulación. Su enemigo, aunque también maltrecho, acabó apresando la nave española.

Todo el día continuó el combate con terrible encarnizamiento por ambos bandos. Cuando estaba próximo el anochecer, un disparo afortunado del Santiago alcanzó la santabárbara de la capitana holandesa, provocando un terrible incendio que no se pudo sofocar.

Se liberó el calabrote que el heroico capitán Castillo había fijado en la mesana del holandés y fue decisiva la rápida acción del capitán Juan de Prado —capitán del galeón Nuestra Señora de la Concepción, nao capitana de la escuadra de Massibradi, fletada para esta ocasión en Génova—, que utilizó su nave para apartar a la capitana española de la sentenciada capitana holandesa. Ardió el galeón holandés, mecido por las olas, hasta que se hundió.

El resultado de la batalla era claramente favorable a los españoles, y eso a pesar de la superioridad holandesa. Estos últimos habían perdido tres de sus mejores galeones de guerra, incluido el Priss Willem, junto con su almirante Pater, hundido con su nave y buena parte de su tripulación. El total de bajas era superior a dos mil muertos y un número desconocido de heridos.

Por el lado de Oquendo se habían perdido dos galeones, uno hundido y el otro apresado, pero quiso la buena fortuna que el Buenaventura, que era el galeón apresado, tuviera graves averías y los holandeses renunciaran a remolcarlo.

La marinería presa se rebeló contra sus captores y recuperó el control del galeón, capturando a la tripulación de presa que habían dejado los holandeses. En total, 585 soldados y marineros murieron en el combate, y los heridos fueron menos de la mitad —201—, lo que da idea de la ferocidad de la lucha.

Los holandeses renunciaron a tener nuevos enfrentamientos contra Oquendo, por lo que el donostiarra pudo desembarcar los refuerzos que transportaba en la ciudad. Daba por cumplida, y brillantemente se ha de decir, la misión a él encomendada.

La flota hizo las reparaciones necesarias. Curaron a los heridos, embarcaron un rico cargamento de azúcar que produciría buenos beneficios y partieron hacia la Península.

La flota de don Antonio de Oquendo arribó a Lisboa el 21 de noviembre.

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