Destrucción de Pompeya y Herculano (1822), de John Martin
Las otras Pompeyas: las ciudades antiguas sepultadas por volcanes que se conservaron durante siglos
Pompeya no fue la única ciudad que un volcán borró del mapa: Akrotiri y Joya de Cerén también quedaron sepultadas bajo la ceniza y hoy permiten reconstruir cómo vivían sus habitantes hace siglos
Un calor infernal se cernió sobre Pompeya, Herculano y Estabia en el año 79 d. C. tras la erupción del Vesubio, que las sepultó bajo cenizas, lapilli y flujos piroclásticos hasta que, siglos después, volvieron a ser encontradas. La arqueología ha podido recuperar poco a poco su historia, pero también la de otras ciudades del mundo antiguo que quedaron arrasadas por la ira de un volcán.
Así sucedió con la antigua Akrotiri, en Santorini, que sufrió los estragos del volcán Thera en el siglo XVII a. C., y con la Joya de Cerén, en El Salvador, que fue sepultada por el volcán Laguna Caldera alrededor del año 600 d. C. Ambas ciudades se encuentran catalogadas como «pequeñas Pompeyas» gracias al excelente estado de conservación de sus estructuras.
«No hay muchas 'Pompeyas' en el mundo porque el gran problema que enfrentan los arqueólogos es la preservación», señala en BBC Mundo el doctor Robert M. Rosenswig, profesor asociado del Departamento de Antropología de la Universidad de Albany, en Nueva York, EE. UU.
Por ello, cuando se producen erupciones o inundaciones, es muy frecuente que los sitios afectados desaparezcan, sean destruidos o se desmoronen, detalla Rosenswig. En este sentido, «la preservación de un lugar» como Akrotiri y la Joya de Cerén «es casi un accidente histórico», afirma.
La Pompeya de Santorini
En torno a los años 1650-1600 a. C., el volcán Thera entró en erupción, lo que provocó el abandono de Akrotiri. Los terremotos previos permitieron a los habitantes de esta próspera ciudad escapar antes de que la ceniza y las piedras pómez sepultasen la urbe por completo.
Con ello, el volcán Thera borró del mapa una ciudad perteneciente a la cultura minoica de los segundos palacios. Sus habitantes vivían del comercio, la pesca y el arte de la navegación, que les permitió establecer vínculos con la vecina isla de Creta y con lugares más alejados, como Tiro o incluso los puertos de Egipto.
Sitio arqueológico de Akrotiri
Según destaca el Ministerio de Cultura y Deportes de Grecia, Akrotiri «se convirtió gradualmente en uno de los principales centros urbanos y puertos del Egeo». Aunque «los escombros volcánicos cubrieron toda la isla y la propia ciudad», gracias a ellos se han podido conservar y proteger «los edificios y su contenido, al igual que en Pompeya», tal y como recoge el Ministerio.
Civilización griega, fresco que representa una procesión de barcos, de Akrotiri, isla de Thera, Santorini, Grecia
No fue hasta que los arqueólogos griegos M. Christomanos y M. Alafousos, animados por el éxito de las excavaciones de Pompeya y Herculano que realizó el español Roque Joaquín de Alcubierre, se decidieron a excavar en Santorini con la esperanza de hallar los restos de la mítica Atlántida.
Pero en su lugar encontraron «una ciudad enterrada bajo 50 metros de roca volcánica», indica National Geographic. Gracias a los trabajos realizados por el profesor Spyridon Marinatos, con el apoyo de la Sociedad Arqueológica de Atenas, y continuados por el profesor Christos G. Doumas en los años 70, se han podido recuperar, en las cerca de 20 hectáreas que conforman el asentamiento, un elaborado sistema de drenaje, sofisticados edificios de varios pisos con sus magníficos frescos, muebles y vasijas.
Todo ello evidencia «el gran desarrollo y prosperidad de este antiguo asentamiento», según detalla el Ministerio de Cultura.
La Pompeya de América
«La comunidad agrícola prehispánica de Joya de Cerén fue repentinamente sepultada por una erupción del volcán Loma Caldera hacia el año 600. Gracias a su perfecto estado de conservación, los vestigios de este sitio aportan un testimonio excepcional sobre la vida cotidiana de los agricultores mesoamericanos de esa época», recoge la Unesco, que declaró este sitio arqueológico Patrimonio de la Humanidad en 1993.
Sitio arqueológico de Joya de Cerén
Permaneció oculto bajo el fértil valle de Zapotitán, en El Salvador, hasta que, en 1976, durante unos trabajos de nivelación sobre el terreno para construir un silo, la maquinaria dejó al descubierto una antigua estructura de barro cocido. Más tarde, el arqueólogo estadounidense Payson Sheets lideraría las primeras investigaciones.
Su trabajo reveló la vida cotidiana de sus habitantes, incluyendo más de una docena de viviendas estructuradas como dormitorios, cocinas y bodegas, así como alimentos intactos, como plantaciones de maíz, frijoles, chiles o cacao, característicos de la gastronomía salvadoreña.
Tamazcal o «baño de vapor» encontrado en el yacimiento de la Joya de Cerén
Desde entonces, el equipo de expertos estadounidenses y salvadoreños no ha cesado su trabajo en el yacimiento. Algunos de los hallazgos más destacados han sido la vivienda de un chamán, sacerdote y sanador de la aldea, una casa de consejo y un baño sauna o temazcal.
Por otro lado, se encontraron cerámicas, cuencos, vasos y cántaros que utilizaban como graneros, además de metates, que eran piedras de moler, entre otros elementos que revelan las prácticas agrícolas.
Para Sheets, Joya de Cerén «nos provee de una oportunidad fabulosa para ver cómo era la vida cotidiana» en esa época. Además, más allá de los datos «sobre la élite maya, sus pirámides, sus jeroglíficos»…, este sitio arqueológico aporta «la primera ventana clara a la riqueza de la vida de la gente común», advierte el arqueólogo en BBC Mundo.