Muestran a Vespasiano un modelo de del Coliseo
De ladrillo a mármol: cómo Augusto y Vespasiano usaron la arquitectura como propaganda imperial
Augusto transformó Roma de ladrillo a mármol, así usaron los emperadores la arquitectura monumental como pura propaganda política
«Encontré en Roma una ciudad de ladrillos y la dejé convertida en una ciudad de mármol», dijo el princeps Augusto, según recogió Suetonio. Y es que la ciudad de Rómulo y Remo que vemos hoy es la herencia y una síntesis fundamental que se sustenta en la arquitectura como máximo exponente visual.
Con gran influencia del talento conceptual y de la capacidad técnica de Grecia, los romanos crearon nuevas formas que reflejaron la monumentalidad y la practicidad, cumpliendo además una función propagandística.
Augusto fue uno de los emperadores que levantó grandes edificios en Roma. Obtuvo el poder sin eliminar la res publica, gracias a sus hazañas y a sus victorias. Él mismo reconoció haber sido el garante de la pax romana, después de cerrar hasta en tres ocasiones las puertas del templo de Jano.
Tras sus campañas militares en Hispania y la Galia, el Senado romano mandó construir un altar conmemorativo de las victorias de Augusto en la Galia: el Ara Pacis. Realizado entre el 13 y el 9 a. C., en su interior Augusto llevó a cabo sacrificios y grandes fastos.
De planta cuadrangular, con un podio y una escalinata, hoy se aprecia el color blanco de la roca, pero en su momento estuvo policromado. Su interior está decorado con diversos motivos naturales y formas vegetales, y en sus paredes se alude al mítico origen de Roma: el mito de la Luperca, el mito de Eneas y el mito de Rómulo y Remo.
En la fachada norte está representado todo el Senado, con sus esposas e hijos, paseando por la ciudad, mientras que en el lado sur aparecen los sacerdotes y la familia imperial de Augusto y Agripa.
Del Coliseo a los arcos y las termas
Del Ara Pacis pasamos al periodo de la dinastía Flavia, tras la guerra civil romana. Este periodo estuvo marcado por la continuidad de la arquitectura monumental y palaciega en el Palatino. Vespasiano saneó las arcas públicas, que habían quedado exhaustas tras los abusos de Nerón, y durante los tres últimos años de su vida observó cómo comenzaban las obras del anfiteatro más grande del Imperio: el Coliseo.
Pero fue su hijo Tito (79-81 d. C.) quien inauguró el anfiteatro, cuya construcción había comenzado su padre ocho años antes en uno de los vastos terrenos que había ocupado Nerón en el centro de la ciudad. Inaugurado en el año 80 d. C., tenía capacidad para unos 50.000 espectadores.
Estaba construido con ladrillo y hormigón, con la fachada embellecida con travertino, y se componía de tres niveles con columnatas de orden toscano, jónico y corintio. Como curiosidad, se le llamó Coliseo por una estatua gigantesca de Nerón situada en la plaza adyacente, en la que se disponían numerosos puestos de comida y comercios de diverso tipo.
Tras la dinastía Flavia, el siglo II trajo consigo una época de grandiosidad arquitectónica, como muestra el propio foro que hoy se puede visitar. Justo en este espacio, Apolodoro de Damasco construyó la imponente columna de Trajano, emperador de origen hispano. Un poco más lejos se encuentra el Panteón de Agripa, uno de los edificios más complejos desde el punto de vista arquitectónico.
Es un ejemplo claro de que la monumentalidad y el ingenio constructivo romanos fueron transversales a diferentes siglos, desde este templo hasta las tardías termas de Caracalla, que constituyen algunos de los testimonios más claros de la herencia urbana que aún hoy se pueden visitar en la Ciudad Eterna.