Calígula elige a un gladiador para su corte
De Calígula y Nerón a Cómodo: los cinco emperadores romanos más sanguinarios
Aunque algunas de las crueldades que se les atribuyen a estos césares fueron exagerados por historiadores contrarios o por sus enemigos, su reputación de crueldad tiene sin duda una base real
Si el historiador Edward Gibbon popularizó en su obra Historia de la decadencia y caída del Imperio romano el concepto de los cinco buenos emperadores, formado por Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio, antes de esta edad dorada el Imperio romano experimentó periodos oscuros bajo el dominio de algunos de los «emperadores más depravados», tal y como recoge el portal de divulgación histórica World History Encyclopedia.
Aunque algunas de las maldades que se atribuyen a estos césares fueron exageradas por historiadores contrarios o por sus enemigos, su reputación de crueldad tiene, sin duda, una base real.
Calígula
«Con no menor malevolencia y malignidad que soberbia y cruel sadismo, atentó contra toda clase de personas de las épocas», advierte Suetonio sobre Calígula en su Vida de los doce césares. Fue el tercer emperador romano y perteneció a la dinastía Julio-Claudia.
Aunque fue un gobernante popular, al cabo de unos meses «cedió a sus impulsos sádicos, depravados y paranoicos y comenzó a gobernar mediante el terror», detalla el investigador estadounidense especializado en la antigua Grecia y Roma Harrison W. Mark en World History Encyclopedia.
Llegó al poder en el año 37 d. C. tras la muerte de su tío abuelo Tiberio, con quien permaneció en Capri durante siete años. Según afirma el historiador romano, fue en aquella isla donde Calígula mostró por primera vez signos de la «crueldad y los apetitos desviados» que marcarían su vida.
Asesinato de Calígula
El doctor en Historia Antigua José Antonio Rodríguez Valcárcel indica que «Calígula se ganó el miedo y el odio de muchos romanos a causa de su comportamiento despótico y sanguinario». Las fuentes antiguas le atribuyen la organización de extravagantes combates de gladiadores y ejecuciones públicas, presentándolos como una muestra de su crueldad.
Tras cuatro años de reinado, Calígula fue víctima de un complot urdido por senadores y miembros de la guardia pretoriana, quienes habían sido ridiculizados y humillados frecuentemente por él. Finalmente, fue asesinado por un miembro de la guardia pretoriana.
Nerón
Al igual que al de Calígula, al nombre de Nerón se asocian los adjetivos tirano, sádico, loco y cruel. De acuerdo con varios cronistas, este emperador mandó asesinar a su madre, Agripina la Menor, y a sus dos esposas: Claudia Octavia y Popea Sabina.
Fue acusado de comenzar el gran incendio de Roma, que arrasó durante nueve días gran parte de la ciudad; es recordado como un feroz perseguidor de los cristianos, y su nombre pasó a ser sinónimo de degeneración por sus supuestas aventuras sexuales, extravagancias y excesos.
«Su insolencia, sensualidad, lujuria, avaricia y crueldad las manifestó al principio de forma imperceptible y oculta, como si se tratara de defectos propios de su juventud. […] Gradualmente, a medida que iban creciendo sus vicios, prescindió de las chanzas y de la oscuridad y, sin preocuparse ya de disimularlos, se lanzó abiertamente a mayores excesos», describe Suetonio en su obra magna.
Su mala fama fue en parte instigada por los relatos de Tácito, Suetonio y Dion Casio, que desvelan los asesinatos que ideó el emperador con la ayuda de sus pretorianos. «Nerón había demostrado ser un hombre amargado y celoso, capaz de grandes crueldades», advierte Mark en World History Encyclopedia.
Nerón contemplando el incendio de Roma. Karl von Piloty. 1861
Los catorce años que duró el gobierno de Nerón (54-68 d. C.), al que accedió con tan solo 16 años y bajo la atenta tutela de Séneca y Burro, fueron un periodo de continuas sospechas, conspiraciones y una fuerte represión que terminaría con el suicidio del césar tras haber sido declarado enemigo del Estado por el Senado de Roma. Su mandato pasó a la historia como una compleja mezcla de mecenazgo artístico y tiranía.
Caracalla
«Se comparaba a sí mismo con Alejandro Magno, era conocido como la «bestia» entre sus súbditos y no dudó en infundir terror absoluto entre sus adversarios para gobernar el Imperio», advierte sobre Caracalla el doctor en Filología Clásica Juan Pablo Sánchez, quien colabora con artículos sobre la Antigüedad grecorromana en National Geographic.
Caracalla compartió su reinado con su hermano menor Geta, pero ambos conspiraban constantemente el uno contra el otro para poder convertirse en el único emperador.
Según el historiador romano Herodiano, la rivalidad entre los hermanos se agravó tanto que intentaron convencer a los cocineros de que echaran veneno en la comida del otro. Finalmente, Caracalla ordenó asesinar a su hermano pequeño: «Madre, ayúdame, porque me matan», llegó a suplicar Geta antes de fallecer.
Caracalla, obra de Lawrence Alma-Tadema
Según sostienen los autores clásicos, tras el asesinato de su hermano, Caracalla consolidó su poder mediante una brutal represión que le hizo ganarse la reputación de tirano. Ordenó una masacre en Alejandría tras enterarse de que los alejandrinos estaban burlándose de las razones que dio para justificar el asesinato de su hermano.
Dion Casio, en su Historia romana, define al césar como un tipo que aplicó contra los jefes de las tribus afines «las peores formas de crueldad». Además, engañaba a sus amigos, adoraba la traición y se «regocijaba con los asesinatos», tuvieran o no que ver con él.
Cómodo
Conocido como el emperador gladiador, Cómodo gobernó de forma cruel y megalómana tras suceder a su padre, Marco Aurelio. Según el catedrático de Historia Antigua Juan Manuel Cortés Copete, «fue uno de los peores emperadores romanos, un tirano más pendiente de sus luchas en el Coliseo que del sufrimiento de sus súbditos». Y, como hemos podido ir observando a lo largo de esta lista, Cómodo también fue víctima de un complot que acabó con su vida.
Retratado en la película Gladiator como alguien malvado, corrupto y ajeno al sufrimiento del otro, las fuentes romanas nos presentan a un Cómodo ególatra: «Su gran simplicidad, unida a su cobardía, han hecho que sus actos crueles y lujuriosos se hayan convertido en un hábito», menciona Dion Casio.
El emperador Cómodo abandonando la arena al frente de los gladiadores, obra de Edwin Blashfield
Aunque el propio emperador consideró su reinado de doce años como una nueva «era dorada», su falta de preocupación por los asuntos políticos, junto con su vida de ocio y extrema paranoia, trajeron consigo lo que otros considerarían un reinado de terror, tal y como expone el historiador y profesor de Historia Antigua y Medieval en el Lincoln College Donald L. Wasson.
Durante su reinado de «hierro y óxido», en palabras del historiador romano, llegó a ordenar ejecuciones sistemáticas para infundir temor al pueblo. Por ello, fue víctima de varios intentos de asesinato hasta que, en el año 192, fue estrangulado por el liberto Narciso, su entrenador, quien asfixió al emperador hasta la muerte.
«Parecía que Roma se había librado por fin de uno de los peores emperadores de su historia. Tras su muerte, fue declarado enemigo público y su figura fue sometida a una 'damnatio memoriae'», concluye el catedrático de Historia Antigua.
Domiciano
El historiador y profesor de Historia Antigua y Medieval en el Lincoln College advierte que, a pesar de ser su reinado «uno de relativa paz y estabilidad», estuvo envuelto en miedo y paranoia.
En Vida de los doce césares, Suetonio lo presenta como un nuevo Calígula: «La más mínima sospecha, la más inconsciente delación, le causaba tan gran inquietud que le impulsaban a tomar grandes precauciones y a buscar venganza», recoge en el capítulo 37.
También lo muestra como alguien autoritario y violento: «No solo era Domiciano hombre de gran crueldad, sino que esta era, además, solapada e imprevisible». Y, aunque reconoce su eficacia como administrador, Suetonio insiste en su carácter tiránico: «Con parecida arrogancia, en una ocasión en la que dictaba una carta circular, escrita aparentemente por sus procuradores, la comenzó así: 'Nuestro Señor y dios ordena que se haga lo siguiente'. Quedó establecido desde entonces que, en adelante, en todos los escritos y conversaciones de quienquiera que fuese, recibiera ese mismo tratamiento».
La memoria de estos emperadores quedó marcada por los relatos de autores antiguos que vieron en ellos ejemplos de tiranía, crueldad y corrupción. Aunque, muchos de esos testimonios fueron escritos por adversarios políticos o por historiadores próximos a las élites senatoriales, sus vidas representan todavía hoy el lado más oscuro del poder imperial romano.