La cabeza de Octavia es presentada a Popea y Nerón de Giovanni Muzzioli (1876)

La cabeza de Octavia es presentada a Popea y Nerón de Giovanni Muzzioli (1876)

Claudia Octavia, la desconocida primera esposa de Nerón ejecutada tras ser acusada de adulterio

Habitualmente olvidada por la historia, la vida de Claudia Octavia nos permite asomarnos a la dureza de la dinámica sucesoria en el Imperio Romano, en un tiempo tan convulso e interesante como es el periodo neroniano

Los nombres de algunos emperadores romanos han quedado grabados con tinta indeleble en la conciencia y cultura popular occidental. Este es el caso de Augusto, Trajano, Calígula, Claudio o Nerón, entre otros muchos. De ellos, los tres últimos tienen en común el parentesco con una figura frecuentemente omitida por la historia, si bien su rivalidad involuntaria con la famosa Popea Sabina fue objeto de enorme atención pública en la Roma imperial.

Nos referimos a Claudia Octavia, también conocida como Octavia Neronis, hija mayor del emperador Claudio y de su tercera esposa, Valeria Mesalina. Nombrada en honor de su bisabuela, Octavia la Menor, hermana del ilustre Augusto, su árbol familiar resulta ser tan poderoso como intrincado y la lleva a relacionarse con las figuras más destacadas de esta época.

Busto de Octavia, Museo de Arte de Cleveland

Busto de Octavia, Museo de Arte de Cleveland

Nacida entre los años 39 y 40 d. C., apenas contaba un año de vida cuando se produjo el asesinato de su primo, el emperador Calígula. Su padre Claudio, cónsul, senador y único varón adulto de la familia, es encumbrado por la guardia pretoriana y, por tanto, proclamado césar en el 41 d. C. Ello supone un punto de inflexión en la vida de Octavia, quien se convierte a partir de este momento en un importante activo político para su padre.

Así, es comprometida ese mismo año con un descendiente de Augusto, Lucio Junio Silano Torcuato, aunque el matrimonio no llega a celebrarse. Esto se debe al segundo desposorio de su padre con Agripina la Joven –hija del general Germánico, sobrina en primer grado del propio Claudio y prima hermana de Octavia–. Tras descubrir el adulterio de Valeria Mesalina, el emperador ordena su ejecución a manos de los pretorianos, por lo que la hija queda huérfana de madre.

En este contexto, las dotes políticas de Agripina llevan a la adopción, por parte del césar, de su hijo –fruto de un matrimonio anterior–, cuyo nombre se cambia por aquel con el que pasa a la historia: Nerón Claudio. Él será el nuevo prometido de Octavia, quien se convierte en su esposa en el 53 d. C.

Nerón en el circo, obra de Wilhelm Otto Peters

Nerón en el circo, obra de Wilhelm Otto Peters

El año siguiente se convierte para ella en un annus horribilis, puesto que en apenas unos meses se suceden las muertes de su padre y su hermano Británico, principal rival de Nerón. Así, la joven se convierte en emperatriz de Roma con apenas quince años y se produce un inesperado acercamiento a su madrastra Agripina. Ambas cuestionaban las tácticas gubernamentales del nuevo césar: la primera, motivada por la infelicidad, y la segunda, por el deseo de poder.

Este es también el momento en que comienzan a hacerse públicas las diversas aventuras de Nerón con sus amantes —inicialmente Actea y, más adelante, Popea—, quienes rivalizan abiertamente con Octavia. Ella, en su vida privada, sufre el desprecio de su esposo y sus maltratos, entre los cuales se encuentran incluso varios intentos de asesinato por estrangulamiento.

En el 59 d. C., la locura del emperador, cada vez más evidente y descontrolada, se manifiesta en la muerte de su madre a manos del propio Nerón, instigado por Popea. Unos años más tarde, en el 62 d. C., Octavia es repudiada por Nerón, quien se divorcia de ella alegando infertilidad, si bien apenas espera doce días para casarse con su amante.

A estas acusaciones se suma la de adulterio y todo ello conlleva el exilio de la antigua emperatriz a la isla de Pandataria. Esto genera una inesperada reacción por parte del pueblo romano, que se manifiesta de forma masiva en favor de Octavia –o, más bien, en contra de Popea–, portando sus estatuas por las calles y destrozando las imágenes de la nueva mujer de Nerón.

Como represalia, este último ordena su muerte a manos de un grupo de soldados enviados a ejecutarla en su exilio. El primer intento de cortarle las venas para simular un suicidio resulta infructuoso por la lentitud del proceso. Finalmente, Octavia es llevada a una habitación llena de vapor caliente, donde fallece por asfixia el 9 de junio del año 62 d. C., a la edad de veintidós años. Su cabeza fue seccionada y llevada como prueba de su muerte a la emperatriz.

Su corta y aciaga vida queda reflejada en una conocida obra literaria romana titulada con su mismo nombre –Octavia–, recogida en las Tragedias de Séneca, una fidedigna representación que en muchas ocasiones se utiliza directamente como fuente historiográfica y en la que esta mujer se convierte en el arquetipo ideal de la esposa y de las virtudes clásicas romanas, en contraposición a la denostada figura de la amante.

La autoría se atribuye frecuentemente al mencionado Séneca, si bien se plantea la posibilidad de que el autor sea anónimo. La figura de Claudia Octavia llega así a nuestros días como encarnación del bien frente al mal, de la esposa abnegada y sufriente, vapuleada por su marido y por la historia.

Verdad o mito, lo que su vida nos muestra es, indudablemente, la complejidad de la existencia humana y la más cruda realidad de la vida de las élites en el antiguo Imperio romano.

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