Cristeros de San José de Gracia en el Estado de Michoacán

Cristeros de San José de Gracia en el Estado de Michoacán

Agosto de 2026: cien años de la rebelión de los cristeros

Fue la reacción, con la creación de un ejército, que hizo frente a la persecución y agresión a la Iglesia y a los católicos tras la Constitución mexicana de 1917 y la llegada a la presidencia de Plutarco Elías Calles

La primera mitad del siglo XX fue una ordalía para gran parte de los católicos del mundo. Colocados en el punto de mira de los partidos sectariamente laicistas del izquierdismo mundial sufrieron discriminación y persecuciones. Hace pocas semanas un artículo de este periódico describía las secretas y sectarias políticas de la tercera república francesa contra la Iglesia a finales del XIX. Describía el escandaloso sistema de espionaje establecido, en colaboración con las redes masónicas francesas, para depurar a los oficiales del ejército de simpatías católicas. Cosas similares sucedían en países como Italia y Portugal.

La primera gran persecución la desataron los soviéticos durante la revolución de 1917. Más de un millón de cristianos fueron asesinados. La mayor parte eran ortodoxos, pero también hubo muchas víctimas entre las minorías católicas de Rusia, especialmente los uniatas. Luego le llegó el turno a México.

La Constitución de 1917

El Poder y la Gloria, la gran novela de Graham Greene describe magistralmente le situación que reinaba en el país azteca al final de los años 20. Se basa en la figura de un sacerdote borracho e indigno, que oculta su condición para sobrevivir. Es el ultimo representante vivo de la Iglesia en un estado del sur de México. Finalmente es capturado y ejecutado. Pero reafirma el Poder inescrutable de los sacramentos, que puede cambiar la vida para bien, independientemente de la virtud del sacerdote que los administra.

México tenía una larga tradición anticlerical, que llegó al paroxismo tras el proceso revolucionario. Pero también una población fervorosamente católica. La Constitución de 1917 había limitado al máximo la presencia de la Iglesia. Se eliminó la enseñanza católica, se expulsó a las órdenes religiosas y se prohibió el culto fuera de los templos. Otras disposiciones privaron a la Iglesia de todas sus propiedades y de derechos políticos a los sacerdotes.

El general cristero Victoriano Ramírez, "el Catorce"

El general cristero Victoriano Ramírez, «el Catorce»

Las agresiones contra cualquier presencia católica se extendieron llegando en 1920 a atentar contra la basílica de Guadalupe, con la finalidad de destruir la imagen de la Virgen. La conmoción que estos hechos causaron en la feligresía dio cada vez más argumentos para oponerse a tan tiránico proceder.

La llegada a la presidencia de Plutarco Elías Calles, un masón sectario donde los hubiese, elevó al paroxismo la presión contra los católicos. Su reforma del código penal otorgó a los estados la potestad para reducir el número de sacerdotes en su territorio (Algunos la redujeron a cero) y para obligar a que los ministros del culto estuviesen casados.

Inicialmente los católicos optaron por la resistencia pacífica. Llegaron a recolectar dos millones de firmas para reformar las inicuas leyes laicistas. No sirvió de nada. Tampoco sirvió la actitud dialogante del episcopado mexicano. Al contrario, esta actitud ocasionó una creciente oleada de agresiones y represión que causó enojo en la feligresía mexicana y evidenció, que no quedaba otra solución que levantarse en armas.

«¡Viva Cristo Rey!»

El primer grito de rebeldía se produjo el 14 de agosto en Zacatecas bajo el liderazgo de Don Pedro Quintero, aunque los primeros combates tuvieron lugar en Jalisco, donde el día 29 los rebeldes se impusieron al ejército federal bajo el grito ahora triunfante de ¡Viva Cristo Rey!, origen del apelativo de cristeros, Rápidamente la rebelión se extendió por todo el centro de México donde predominaba una humilde población campesina en las que las prácticas religiosas colectivas estaban profundamente arraigadas.

Surgieron por doquier partidas de voluntarios que no esperaban recibir pago alguno. Fueron engrosando hasta convertirse en un ejército de 50.000 hombres, capaz de derrotar a las fuerzas federales en igualdad de condiciones. Un ejército que no contaba con sistemas de adiestramiento, aprovisionamiento o sanidad bien organizabas, pero en el que nunca faltaron heroísmo ni voluntarios. Tampoco contaron con el apoyo de sus obispos, que se distanciaron rápidamente del movimiento insurreccional.

Cristeros colgados en Guadalajara

Cristeros colgados en Guadalajara

Calles se negó a hacer concesión alguna a las legítimas reivindicaciones de los católicos y optó por una ciega y brutal represión que causó la muerte de al menos 150.000 civiles. Se sumaron a los casi 60.000 cristeros que cayeron con las armas en la mano. Sacerdotes y laicos comprometidos fueron asesinados por el mero hecho de serlo. Veinticinco de ellos fueron canonizados por Juan Pablo II en el año 2000. El sucesor de Calles, Emilio Portes Gil, convencido de que no era posible imponerse militarmente a los cristeros, optó por negociar con el Vaticano, accediendo a varias reivindicaciones de los cristeras, sobre todo la amnistía, la restauración de la Iglesia Católica a nivel nacional y la libertad religiosa.

El acuerdo causó profundas divisiones entre los católicos mexicanos. De hecho, un importante sector, tanto seglar como clerical, abogaba por la causa carlista y la consiguiente reintegración de México en la Monarquía española. Estos últimos no solo defendían la libertad religiosa, sino la unidad católica. Rezaban una Oración por la Hispanidad y su himno en honor a Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe tiene la música de la Marcha Real. A pesar de la amnistía más de mil quinientos cristeros significativos fueron alevosamente asesinados en años posteriores con la complicidad del gobierno azteca.

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