John Wayne durante el rodaje de uno de sus míticos western
Como Hollywood ignoró las primeras conducciones de ganado españolas desde Texas
La cinematografía estadounidense y la española han ignorado que las primeras grandes conducciones de ganado desde Texas no las realizaron los estadounidenses sino los españoles
¿Quién no recuerda decenas de películas sobre el Texas cattle drive o la conducción de ganado desde Texas a diferentes mercados del norte, el interior o el este de los Estados Unidos?
Río Rojo, Chisum o Los cowboys, protagonizadas por John Wayne, Open Range de Kevin Kostner, Los que no perdonan con Clark Gable, Una dama entre vaqueros con Maureen O´Hara o El más valiente entre mil con Charlton Heston, por citar solo algunas de las más famosas.
En ellas, los sufridos vaqueros se enfrentan a todo tipo de penalidades. No suelen faltar ataques de comanches o de cuatreros, el atravesar zonas desérticas sufriendo el calor y la falta de agua, el cruce de caudalosos ríos o las peligrosas estampidas.
Sin embargo, la cinematografía estadounidense y, por desgracia, también la española, (que, para recuperar las grandes gestas históricas de nuestro país, ni esta, ni se la espera), han ignorado que las primeras grandes conducciones de ganado desde Texas no las realizaron los estadounidenses sino los españoles.
En realidad, los verdaderos westerns los protagonizó España, ya que hacia finales del siglo XVIII controlaba, prácticamente, toda la costa oeste del continente, desde Tierra de Fuego hasta Nutka en la actual Canadá.
Pero antes de hablar de nuestro eastern particular, (ya que, en esta ocasión, la compleja ruta fue hacia el este), habría que recordar que la conquista de Texas por parte de España fue tremendamente ardua y difícil.
Las autoridades, colonos y misioneros españoles no solo tuvieron que luchar contra una geografía no siempre generosa, con regiones desérticas o tierras poco aptas para el cultivo, sino, principalmente contra apaches lipanes, comanches, taovayas, wichitas, tawakonis y demás tribus de la zona e, incluso, contra otra importante potencia europea, la fronteriza Francia de la Luisiana que, además, surtía a algunas de dichas tribus de fusiles y caballos para que hostigasen a los novohispanos.
Pero la firma del Tratado de París de 1763, que ponía fin a la guerra de los siete años, supuso un cambio de inflexión en el futuro de Texas. España, aliado de Francia contra Gran Bretaña, había perdido La Florida a manos británicas, por lo que Francia le compensó entregándole la Luisiana.
De repente, algunas de las tribus más belicosas perdieron el apoyo de Francia, que como aliada no siempre entraba en enfrentamientos directos. En 1785 España acuerda una paz con los comanches, aunque no con otras múltiples tribus, pero que acelera la reubicación de misiones y presidios y el establecimiento de ranchos ganaderos.
Por cierto, las primeras reses llevadas a Texas eran las denominadas mostrencas, de las marismas del Guadalquivir, que como señalan Fernando Martínez y Carlos Canales en su obra Banderas lejanas, se trataban de animales resistentes, de largos cuernos, que sobrevivieron en el presidio de San Juan Bautista y darían origen al cuernilargo o longhorn texano, aunque otros trabajos de biología evolutiva lo relacionan, más bien con la vaca canaria.
En cualquier caso, la reconocida vaca texana, como los célebres Mustang, tiene origen español y, de hecho, el primer rodeo celebrado en territorio de los actuales Estados Unidos también tuvo origen hispano, ya que fue el organizado en 1787 por el entonces gobernador Martínez Pacheco cuando los ranchos texanos ya contaban más de 6.000 reses, aunque otras fuentes, que incluyen ganado cimarrón o sin marcar, elevan la cifra a 17.000.
Volviendo ahora unos pocos años atrás, 1779 será otro año clave en esta historia. En el marco de la guerra de independencia estadounidense, el 16 de junio de ese año y en alianza con Francia, España le declara la guerra a Gran Bretaña.
El gobernador Bernardo de Gálvez se enfrenta a los soldados británicos en el amplísimo frente de la Luisiana, territorio que iba desde el actual estado de Luisiana en el sur hasta Canadá en el Norte, es decir, toda la línea del Mississippi.
Con necesidades logísticas y de suministro de alimentos inmediatas, Gálvez conocía bien la relevancia ganadera de Texas por sus experiencias militares en la zona, por lo que dado esos motivos excepcionales se levantan las restricciones de movilidad del ganado texano y envía un emisario, Francisco García, con una carta para el entonces gobernador de Texas Domingo Cabello, solicitándole que reuniese y enviase a la Luisiana 2.000 reses, el comandante de las provincias internas, Teodoro de Croix, autoriza la reunión de las vacas y su envío.
Como señalan Jessica Nowlin y Jennifer Campbell, el ganado fue suministrado por las misiones, especialmente la del Espíritu Santo en la región de La Bahía al mando de Fray Pedro Ramírez de Arellano, por comerciantes de frontera como Nicolás de la Mathe y Francisco Rosé y por numerosos rancheros privados.
Aunque hay diversas opiniones entre los distintos autores, todo parece indicar que en 1779 no tiene lugar una sola conducción, sino que se producen tres caravanas con un total de 2.000 vacas.
El conductor de aquel primer Texas cattle drive de la historia norteamericana, adelantándose casi un siglo a los John Chisum y compañía, fue Joseph Félix Menchaca, quien condujo 970 cuernilargos. Menchaca pertenecía a una preeminente familia de San Antonio y como teniente del presidio de Béxar tenía amplia experiencia en los conflictos y escaramuzas de frontera.
Con Menchaca participaron experimentados vaqueros de diversos ranchos, encargados de la conducción del ganado, mientras que soldados de los presidios de San Antonio de Béxar, La Bahía y del fuerte del Cíbolo, (este último aportó 22 soldados), se ocuparon de las labores de escolta y protección.
Estos soldados presídiales eran, fundamentalmente, criollos, mestizos y nativos. En general, expertos jinetes y buenos conocedores del terreno, la mayoría formaban parte de la tropa de caballería ligera conocida como «dragones de cuera».
Menchaca inicia la andadura en San Antonio y aquella primera conducción se antojaba todo un desafío. Desde los tiempos de Oñate, durante la conquista de Nuevo México, se había conducido ganado durante largas distancias, (1.000 reses, exactamente, en aquella ocasión), Pero esto era distinto.
Oñate no contaba con el plazo de entrega más breve posible, dada la urgencia de suministrar carne a las tropas y, además, el conquistador, disponía de 200 jinetes armados y 83 carretas con colonos y víveres en abundancia. Menchaca con apenas unas decenas de soldados presídiales.
La ruta seguida fue la del denominado «camino real de los tejas». Es decir, de San Antonio a La Bahía, de ahí llegarían el 30 de agosto a Nacogdoches, el asentamiento español más oriental de Texas, a partir del cual se entraba en La Luisiana española, territorio que debido a su amplitud y su reciente incorporación resulta mucho más desconocido.
La expedición ganadera pasó el río Rojo en dirección a Natchitoches.
Hasta entonces habían tenido un camino complicado, buscando pasos no muy profundos entre ríos y evitando zonas de bosques densos, sin embargo, en Luisiana, los hombres de Menchaca fueron atacados por los comanches y pese a que les superaban en número, los dragones, mejor armadas y especialmente curtidos en la lucha de frontera pudieron repelerlos, por lo que, tras hacer parada en Natchitoches, llegaron con la gran mayoría de las reses a su destino final en Opelousas.
Aquella primera conducción supuso un verdadero hito en la historia de Texas. Demostró que las expediciones ganaderas pese a las dificultades del terreno y los ataques de los indios eran posibles.
Garantizó un suministro de carne constante a las tropas españolas. Supuso, además, un enorme incentivo financiero para los rancheros texanos, ya que un cuernilargo costaba 4 pesos o reales de a ocho en San Antonio, mientras en Opelousas se pagaba a 11.
A aquella expedición seguirían muchas otras, (algunas no tan exitosas debido a los ataques indios), mientras Texas se mantuvo español y ya, a partir de mediados del siglo XIX, los ganaderos estadounidenses tomarían el relevo de los españoles, siendo inmortalizados en multitud de novelas y películas y relegando al olvido a los verdaderos pioneros de aquella singular gesta.