Foto de Machu Picchu tomada por Hiram Bingham en 1912

Foto de Machu Picchu tomada por Hiram Bingham en 1912

El estadounidense que borró la prueba de que otro llegó antes a Machu Picchu y se atribuyó su descubrimiento

El peruano Agustín Lizárraga había visitado la ciudad perdida de los incas. Así lo demuestra una inscripción que Hiram Bingham intentó borrar

El explorador estadounidense Hiram Bingham, profesor de la Universidad de Yale, llegó a Machu Picchu en 1911 y dio a conocer su localización al mundo, llevándose de paso numerosos tesoros. Sin embargo, una inscripción que Bingham borró delataba que se le habían adelantado: nueve años antes, el peruano Agustín Lizárraga había visitado la ciudad perdida de los incas.

A finales del siglo XIX, Agustín Lizárraga se había establecido junto a su hermano cerca del río Urubamba, en una importante ruta comercial entre Quillabamba y Cuzco. Allí se dedicaron a la agricultura, y Agustín consiguió un puesto como recaudador de impuestos.

Retrato de Agustín Lizárraga

Retrato de Agustín Lizárraga

Con el tiempo, los hermanos se ganaron fama como expertos conocedores de la zona y comenzaron a trabajar para la hacienda Collpani, situada junto a las montañas de lo que hoy conocemos como Machu Picchu.

En julio de 1902, Agustín Lizárraga encabezó una expedición en busca de nuevas tierras de cultivo. Tras abrirse paso entre la densa vegetación, los campesinos locales los llevaron hasta unas antiguas construcciones de piedra ocultas por la selva. Lizárraga dejó constancia de su paso escribiendo con carbón «A. Lizárraga 1902» en uno de los muros del Templo de las Tres Ventanas. No era consciente del debate que llegaría a suscitar su inscripción.

Nueve años después, el profesor de Yale Hiram Bingham estaba recorriendo América del Sur en busca de descubrimientos arqueológicos. Bingham había asistido a las mejores universidades de Estados Unidos y, aunque no tenía formación como arqueólogo, sí contaba con cuantiosos fondos para financiar sus expediciones.

Inscripción en carbón de Lizárraga "A. Lizárraga 1902" en la ventana central del Templo de las Tres Ventanas

Inscripción en carbón de Lizárraga «A. Lizárraga 1902» en la ventana central del Templo de las Tres Ventanas

Cuando descubrió la ciudadela inca de Machu Picchu, no tardó en avisar a la National Geographic Society para que tomara fotografías de todo el complejo arqueológico. Sin embargo, en una de esas fotografías se veía, sin lugar a dudas, la inscripción «A. Lizárraga 1902». Cuando fueron a revisarla, Bingham la había borrado, según él, por motivos de conservación.

Aún hoy hay debate sobre si el estadounidense quiso ocultar el papel de Lizárraga en el descubrimiento. Inicialmente decepcionado, Hiram Bingham anotó en su cuaderno de campo: «Agustín Lizárraga es el descubridor de Machu Picchu y vive junto al puente de San Miguel, poco antes del paso».

En un primer momento, Bingham reconoció públicamente que Lizárraga había llegado antes que él, tanto en sus notas como en conferencias y en su libro Inca Land (1922). Sin embargo, con el paso de los años fue restando importancia a su papel hasta que, en Lost City of the Incas (1952), presentó el hallazgo directamente como un descubrimiento propio.

Hiram Bingham III en su escritorio en 1917.

Hiram Bingham III en su escritorio en 1917.

Hiram Bingham se enriqueció con la venta de estas piezas y retomó su carrera militar en Estados Unidos, alcanzando el rango de teniente coronel. Después hizo sus pinitos en política, donde llegó a ser gobernador de Connecticut. Actualmente, un tren turístico de alta gama que recorre el Valle Sagrado de los incas lleva su nombre.

El final de Agustín Lizárraga es bastante más desesperanzador. En 1912, poco después de la llegada de Bingham a Machu Picchu, cayó al río Vilcanota al cruzar un puente hecho con vigas y cuerdas mientras se dirigía a sus campos de cultivo. Su cuerpo nunca fue recuperado.

Bingham trasladó a la Universidad de Yale unas 50.000 piezas y fragmentos arqueológicos procedentes de Machu Picchu, cuya devolución fue reclamada durante décadas por el Estado peruano. En un primer acuerdo solo regresó una mínima parte del material (300 piezas), mientras que el resto permaneció en Estados Unidos. Tras años de reclamaciones y meses de negociaciones, el conjunto de las colecciones fue finalmente repatriado a Perú en 2012.

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