Vista de la isla de South Uist desde la de Eriskay, en medio la pequeña isla de Calvay

Vista de la isla de South Uist desde la de Eriskay, en medio la pequeña isla de Calvay

Picotazos de Historia

La pequeña isla escocesa que se volvió loca por un enorme cargamento de whisky en la II Guerra Mundial

El 5 de febrero de 1941 el carguero SS Politician embarrancó en unas rocas al norte de la deshabitada isla de Calvay

En la costa oeste de Escocia tenemos un archipiélago denominado Islas Hébridas Exteriores o Islas Occidentales. Lo remoto de estas islas, aderezado con lo crudo de su clima, ha permitido dos hechos que singularizan a este archipiélago con respecto al resto de Escocia. Punto uno: se considera que estas islas son el Ónfalos, el ombligo, de la pureza lingüística del gaélico y de las peculiares variantes de las Tierras Altas.

El clan MacDonald

El archipiélago es el lugar con el mayor porcentaje de hablantes de gaélico de Escocia. El segundo punto a destacar es que, muy mayoritariamente, los habitantes son católicos. Resulta que las islas están tan lejos y el clima es tan poco apetecible que el celo reformista de los protestantes o purista de los calvinistas se iba enfriando a medida que se acercaban allí. Decidiendo, al final, que no merecía la pena hacer la última etapa de tan ardua peregrinación de apostolado. Las islas estaban bajo la jurisdicción, en teoría, del poderoso clan MacDonald que, junto con los clanes MacNeil y MacLeod, gobernaban las islas.

Entre las islas de South Uist y Barra se encuentra la pequeña isla de Eriskay que apenas tiene 703 hectáreas de extensión y que hoy cuenta con unos 160 habitantes. La isla es famosa por haber sido el primer suelo escocés que pisó el príncipe Carlos Estuardo –el pretendiente conocido como el Bonnie Prince Charles– cuando viajó a Escocia para liderar la rebelión jacobita de 1747, último levantamiento en defensa de la causa de los Estuardo.

Carlos Eduardo Estuardo (1745) por Allan Ramsay

Carlos Eduardo Estuardo (1745) por Allan Ramsay

Nada más había sucedido en la isla digno de ser reseñado hasta las 07:40 horas del 5 de febrero de 1941. Esa mañana y a esa hora el carguero SS Politician, bajo el mando del capitán Beaconfield Worthington, con cincuenta y una personas a bordo entre oficiales y marinería, embarrancó en unas rocas al norte de la deshabitada isla de Calvay, al norte de Eriskay.

Las rocas desgarraron el casco de la nave al tiempo que esta era golpeada por las aguas. Se inundaron las salas de máquinas y de calderas y se rompió el eje de la hélice. Las fuertes olas amenazaban con desgarrar toda la estructura, por lo que el capitán envió varios SOS notificando lo sucedido y la posición donde se encontraba, al tiempo que organizaba la evacuación del barco. No hubo que lamentar víctimas.

El carguero SS Politician

El carguero SS Politician

Durante los siguientes días se evaluó la posibilidad de recuperar el barco y la carga o solo lo segundo. Un barco de rescate procedió a recuperar unas 510 toneladas de la variada carga que transportaba, consistente en bicicletas, algodón, cubiertos, etc. Pero no se tocó la bodega n.º 5 porque se encontraba inundada. Esta bodega, que como he dicho no fue tocada por el barco de rescate, contenía unos tres millones de libras de la época en billetes jamaicanos y 22.000 cajas de whisky de excelente calidad.

Estas cajas provenían de un par de almacenes del departamento de aduanas que habían sufrido daños debido a los bombardeos alemanes. El departamento de aduanas, junto con el ministerio de Hacienda, había decidido enviar el whisky a Estados Unidos para conseguir las necesitadas divisas para mantener el esfuerzo bélico.

El segundo equipo oficial de salvamento retira algunas de las cajas de whisky

El segundo equipo oficial de salvamento retira algunas de las cajas de whisky

Huelga decir que cinco minutos después de que el primer tripulante del SS Politician pusiera un pie en Eriskay, todo el mundo en la isla conocía la carga del barco (y les importó un pimiento los billetes jamaicanos; de hecho, aparecerían algunos que fueron recogidos más como recuerdo o curiosidad que con intención de utilizarlos).

Piensen ustedes que hace más de un año que ha empezado una terrible guerra mundial que había obligado a racionar cosas tan vitales para los habitantes de las islas como el tabaco o el whisky. Ahora el buen Dios, sin duda compadecido por las privaciones de unos buenos cristianos en tan terribles tiempos, ponía ese regalo (¡ese don!) a su alcance. Además, el barco estaba abandonado por la tripulación y su capitán y no tardaría en ser despedazado por las rocas mientras sufría el envite de las olas. El echar mano de las botellas era visto por todos como algo lícito. Era rescate, no saqueo.

Billete de cinco libras jamaicanas

Billete de cinco libras jamaicanas

Durante las siguientes noches, tras ser abandonada la nave, los autóctonos se jugaron la vida para rescatar cuantas botellas pudieran. Esta actividad, conocida por todos, pero no comentada, acabó siendo evidente para el funcionario local de aduanas, de nombre Charles McColl.

El señor McColl resultó ser un funcionario lleno de celo y dedicación que inició un procedimiento policial y judicial contra los habitantes de la isla. La policía se vio obligada a registrar casas, graneros y demás instalaciones de sus vecinos buscando las botellas. Los jueces tuvieron que abrir proceso por robo al departamento de aduanas y al ministerio de Hacienda.

El motivo de ello era que el whisky embarcado no había abonado el pago del impuesto obligatorio de las bebidas alcohólicas. Se había pensado en cobrarlo una vez vendido en los EE.UU. Ahora el celoso señor McColl consideraba que se había robado ese ingreso a la Hacienda pública.

«¡Dinamitar el whisky!»

Durante los siguientes meses se llevaron a cabo decenas de registros, tanto en la isla de Eriskay como en la vecina isla de Barra, en busca de los infractores. Aduanas calculaba el número de botellas rescatadas en unas 24.000. Dos individuos fueron condenados, a unos pocos meses, por vender botellas rescatadas. Eran de Barra y a todos en Erskay les pareció bien, ya que los dones son para disfrutarlos y compartirlos, no para lucrarse con ellos.

El señor McColl estaba indignado con los isleños, con los habitantes del archipiélago en general, con la policía y con el juez local. Consideraba que se estaban burlando de su sacrosanto deber como funcionario de aduanas y, llevado por la certeza de saber que se estaba haciendo lo correcto, solicitó permiso para dinamitar los restos del barco y su carga.

Cubierta de la novela Whisky Galore (1947) de Compton McKenzie

Cubierta de la novela Whisky Galore (1947) de Compton MacKenzie

Como después declaró un autóctono de nombre Angus John Campbell: «¡Dinamitar el whisky! ¡Jamás hubiera creído que hubiera personas tan locas en el mundo!».

La historia del SS Politician y su carga fue recogida por Compton Mackenzie en su novela Whisky Galore, publicada en 1947. Dos años después se rodó una película con el mismo título y un «remake» en 2016. Por cierto, en la primera versión, uno de los protagonistas fue el actor Gordon Jackson, a quien todos recordamos como el señor Hudson, el magnífico mayordomo de los Bellamie en la serie Arriba y Abajo. La historia del whisky también ha dado para representaciones teatrales y últimamente, un musical.

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