Página de un manuscrito del siglo XVI de 'Anales' de Tácito

Página de un manuscrito del siglo XVI de 'Anales' de TácitoBiblioteca Nacional de Austria

El jurista español que pasó siete años en prisión y buscó en la historia las reglas para ejercer el poder

Su interés por la política o, mejor dicho, por las ideas políticas lo convirtió en un polemista, crítico y analista de las situaciones de su tiempo

Baltasar de Álamos de Barrientos fue un jurista español conocido por haber estado al servicio de Antonio Pérez, el secretario de Felipe II. Se encargó de su defensa y eso le llevó a la cárcel por un periodo de más de siete años. Pero, además de ser abogado de prestigio que intervino en varios pleitos relacionados con América, este vallisoletano de Medina del Campo tuvo una importante obra escrita.

Su interés por la política o, mejor dicho, por las ideas políticas lo convirtió en un polemista, crítico y analista de las situaciones de su tiempo. Intentó influir en la corte de Felipe III dando a la publicidad libros como Conocimiento de las naciones, escrito en prisión sobre 1598 y que trata del reinado de Felipe II con señalamiento de defectos y olvidos en la política del rey.

Hubo una famosa polémica entre Gregorio Marañón y el jesuita Cereceda, ya que este último atribuye la obra al mismísimo Antonio Pérez, al igual que su siguiente libro, Norte de príncipes. No le faltaban argumentos, pero tampoco demostraciones concluyentes.

Álamos publicaría también Tácito español ilustrado con aforismos, Suma de preceptos justos, necesarios y provechosos en consejo de Estado, Aforismos al Tácito español y Discurso político al rey Felipe III al comienzo de su reinado.

Tácito español ilustrado con aforismos

Tácito español ilustrado con aforismos

Álamos era un pensador en una línea absolutista, un hombre que defendía el poder sin límites terrenales y la razón de Estado. Tiene importancia porque vivía en el auge del Imperio español, cuando los reyes de España imponían la autoridad en varios continentes.

Las doctrinas de este autor justificaban el gobierno del monarca y no pretendían establecer fuertes contrapoderes o limitaciones. Pero sí que pretendían que tuviera unas normas de comportamiento a las que ajustarse para que la regla se impusiera a la arbitrariedad.

Era la corriente que se ha llamado 'tacitismo', por seguir las ideas de Tácito en el sentido de extraer de la historia los modelos de conductas a imitar. Según Maravall, proporcionaba los útiles para «una racionalización de la política, como técnica del comportamiento de gobernantes y gobernados».

Una manera de superar a Maquiavelo sin abandonarlo. En esta línea están también Juan Alfonso de Lancina, Saavedra Fajardo o Baltasar Gracián. La política cobraba importancia separada de la ética. Se trataba de la idea moderna de considerarla como ciencia. Álamos fue el traductor de Tácito, publicando en 1614 su Tácito español, que comprende varios libros del latino.

Navegaba peligrosamente en las orillas de la religión porque, por negar el refrendo moral, podía contradecir las doctrinas eclesiales expuestas por santo Tomás y Suárez, llenas de referencias morales. De hecho, Tácito estuvo prohibido hasta que en 1515 León X autorizó una nueva publicación de sus obras.

¿Por qué eligieron a Tácito? Manuel F. Escalante lo explica: «Lo que intentaban los tacitistas españoles… era delimitar con claridad algunas reglas seguras, comprobadas a través del conocimiento de la historia, que permitieran predecir los acontecimientos y, por consiguiente, preverlos».

Era el método de Tácito al estudiar la antigüedad y ponerla en comparación con su actualidad. Pero antes de conocer la historia debía conocerse al hombre. Del conocimiento de los hombres de cualquier época sale el conocimiento de la historia y de ahí salen las conclusiones o enseñanzas universales. En esto, como acertadamente apuntaba Julián Sauquillo, se adelantaron al Leviatán de Hobbes.

En puridad, Álamos trataba de regular el ejercicio del poder sin ser del todo ajeno a una concepción ética del mismo. La política debe buscar el bien común, aunque fuera sin ninguna clase de participación del pueblo. Lo que creía era que la orientación ética era cosa del gobernante, no del teorizante que ponía a disposición de aquel las reglas para el ejercicio de la autoridad.

La obra de Tácito está dedicada a denunciar los abusos de los emperadores desde la muerte de Augusto a Domiciano. De esa experiencia histórica se podía extraer lo que se debía hacer y lo que no. En eso los tacitistas se apartaban de los maquiavelistas. Pero entendió que la relación entre moral y política estaba fuera del análisis teórico que él planteaba. La política no era buena o mala en sí, sino en la orientación del gobernante.

Por lo tanto, no había que teorizar sobre ello. Lo comparaba con la medicina cuando el médico puede emplear sus remedios para curar o para envenenar. La historia sería la base experimental para aplicar la regla a las situaciones presentes. Una vieja polémica que siempre ha acompañado a la filosofía y que se proyecta en la política en el sentido de si es solo el ejercicio del poder o si, además de cumplir la ley, debe cumplir con los criterios éticos comunes en la sociedad.

Superados los problemas con la justicia por su apoyo a Antonio Pérez, Álamos de Barrientos se situó en la esfera del poder. Se casó con una biznieta de Colón, fue caballero de Santiago, ejerció de abogado de la Audiencia Criminal y del Consejo de Guerra y miembro de los Consejos de Hacienda e Indias. Su interés por América lo llevó a escribir El conquistador, un libro sobre cómo hacer nuevas expediciones de conquista, de poca influencia práctica. Murió en 1640.

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