Alegoría de la boda de Pedro y María Leopoldina, príncipes reales del Reino Unido de Portugal, Brasil y los Algarves, 1820
Dinastías y poder
¿Por qué la bandera de Brasil es amarilla y verde? Los colores que unieron dinastías
La bandera creada después de la independencia utilizó el verde asociado a la Casa de Braganza y el amarillo relacionado con la Casa de Habsburgo. El nuevo Imperio brasileño nacía así bajo los colores de las dos familias que se habían unido mediante aquel matrimonio celebrado en Viena
¿Saben a quién se deben los colores de la actual bandera brasileña? El verde de los Braganza y el amarillo de los Habsburgo. Detrás de ellos se encuentra la historia de una archiduquesa austriaca que llegó a América para contraer matrimonio con el heredero de la Corona portuguesa y que acabó participando en uno de los grandes acontecimientos políticos del siglo XIX: la independencia de Brasil.
Hoy Brasil es una república, pero durante casi setenta años fue un imperio gobernado por la Casa de Braganza. Para comprender aquella transformación hay que remontarse a las guerras napoleónicas y a la crisis que durante aquellos años sacudió a las monarquías ibéricas y a sus grandes imperios americanos.
María Leopoldina preside el Consejo de Ministros como regente el 2 de septiembre de 1822
María Leopoldina pertenecía a una de las familias con mayor pedigrí de Europa. Nació en Viena en 1797, hija de Francisco II, último emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y, desde 1804, emperador de Austria, y de María Teresa de Nápoles. Por sus venas corría la sangre de los Habsburgo y de los Borbones. Era hermana del emperador Fernando I de Austria, de María Luisa, segunda esposa de Napoleón Bonaparte, y del archiduque Francisco Carlos, padre del futuro emperador Francisco José y de Maximiliano de México.
Pero, en aquellos días, las guerras de Napoleón habían puesto en cuestión el equilibrio político europeo, obligando a las antiguas dinastías a buscar nuevas alianzas. Y también los imperios americanos comenzaron a sentir las consecuencias de aquella crisis: España y Portugal, las dos grandes potencias coloniales de la península Ibérica, se vieron muy afectadas en sus territorios al otro lado del Atlántico.
En Portugal, la invasión francesa de 1807 provocó que la familia real y buena parte de la corte de los Braganza abandonaran Lisboa con dirección a Río de Janeiro. La capital de la monarquía portuguesa pasaba al otro lado del Atlántico. Brasil dejó de ser un territorio colonial gobernado desde Europa y se convirtió en el centro político de la monarquía. En 1815 fue elevado a la categoría de reino y pasó a formar, junto con Portugal y los Algarves, el Reino Unido de Portugal, Brasil y los Algarves.
Grabado a color que representa al Austria y al Augusta , los dos barcos que llevaron a María Leopoldina a Brasil. Obra de Giovanni Passi
A ese Brasil convertido en sede de una monarquía europea llegó María Leopoldina de Habsburgo. Su matrimonio con Pedro de Braganza, celebrado por poderes en Viena en mayo de 1817, era una alianza dinástica entre dos de las grandes casas de Europa. Los Habsburgo habían dominado durante siglos la política continental; los Braganza ocupaban el trono portugués y gobernaban en ese momento desde Río de Janeiro.
Pero en 1820 una revolución liberal triunfó en Portugal: las Cortes portuguesas exigieron el regreso de Juan VI y trataron de recuperar la posición que Lisboa había perdido durante los años en que la corte había permanecido en Brasil. Juan VI regresó a Portugal en 1821, dejando en Río de Janeiro a su hijo Pedro como príncipe regente.
A partir de ese momento aumentaron las tensiones entre las autoridades portuguesas y las élites brasileñas.
No se trataba solamente de una disputa entre Lisboa y Río de Janeiro, o de un enfrentamiento familiar entre un padre y un hijo. En América acababa de comenzar la desintegración de los grandes imperios.
Desde 1810, los territorios españoles de América habían comenzado un proceso de independencia que acabó dando lugar a nuevas repúblicas. El Imperio español se iba fragmentando en numerosos Estados, mientras en el mundo portugués comenzaba a plantearse una cuestión diferente: ¿seguiría Brasil formando parte de la monarquía o acabaría separándose de Portugal?
María Leopoldina comprendió el alcance del problema. En Brasil existía el temor de que las medidas de las Cortes portuguesas redujeran de nuevo al territorio a una posición subordinada. Pedro recibió la orden de regresar a Lisboa, pero decidió permanecer en Brasil. Desde entonces, la ruptura con Portugal comenzó a adquirir carácter irreversible.
En agosto de 1822 Pedro abandonó Río de Janeiro para dirigirse a São Paulo y dejó a Leopoldina como regente. El 2 de septiembre, ante las nuevas disposiciones que llegaban desde Portugal, presidió una reunión del Consejo de Estado. Los consejeros recomendaron la separación y Leopoldina respaldó la decisión. Las noticias fueron enviadas a Pedro, que las recibió unos días después. El 7 de septiembre proclamó la independencia de Brasil.
El nuevo país tomó un camino diferente al de la América española. Mientras el antiguo Imperio español se fragmentó en distintas repúblicas, Brasil conservó la unidad territorial y mantuvo una monarquía. Pedro de Braganza se convirtió en Pedro I, emperador de Brasil. La ruptura fue con Portugal, pero no con la dinastía.
María Leopoldina y su hija mayor, María da Glória, Princesa Imperial (más tarde Reina María II de Portugal ), retratadas en la parte superior izquierdo durante la coronación de Pedro I en la Capilla Imperial
La bandera creada después de la independencia utilizó el verde asociado a la Casa de Braganza y el amarillo relacionado con la Casa de Habsburgo. El nuevo Imperio brasileño nacía así bajo los colores de las dos familias que se habían unido mediante aquel matrimonio celebrado en Viena. También incorporaba símbolos procedentes de la tradición portuguesa, como la esfera armilar y la cruz de la Orden de Cristo.
La continuidad dinástica no terminó con la independencia. María Leopoldina y Pedro tuvieron varios hijos, entre ellos Pedro II, que sucedió a su padre en el trono brasileño, y María de la Gloria. Esta última se convertiría en reina de Portugal como María II. Su acceso al trono provocó una disputa con su tío Miguel, que se hizo proclamar rey y encabezó el bando absolutista durante la guerra civil portuguesa.
Pedro regresó entonces a Europa para defender los derechos de su hija. La guerra enfrentó a liberales y absolutistas, en un conflicto similar a la primera guerra carlista que poco tiempo después se vivió en España.
María Leopoldina murió en Río de Janeiro en 1826, con apenas veintinueve años. En Brasil, Pedro II mantendría el Imperio hasta 1889, cuando un movimiento militar proclamó la República. La monarquía desapareció, pero sus colores permanecieron. La República sustituyó los elementos centrales de la bandera imperial por la esfera azul, las estrellas y el lema «Ordem e Progresso», pero conservó el verde y el amarillo de las casas de Braganza y Habsburgo.