Desembarco de Pedro Álvares Cabral en Puerto Seguro
¿Llegó Portugal a Brasil por casualidad? Las claves de su estrategia secreta
Resulta extraño que una empresa tan importante se dejara dirigir por hombres sin cualificación
A mediados de julio de 1499, llegaron a Lisboa las primeras noticias del éxito del viaje de Vasco da Gama a India por medio de Nicolás Coelho. Esto alentó las políticas regias de navegación y expansión, y se puso en marcha, con toda la rapidez posible, una nueva expedición que asegurara la amistad con el samorín de Calicut y el comercio pacífico y beneficioso.
En poco tiempo se armó una flota de trece naves y más de mil quinientos hombres para consolidar la nueva ruta abierta en el mundo. Para dirigirla se optó por Pedro Álvares Cabral, hombre de poca experiencia marinera y nula en la exploración. En el resto de las naves pasó algo parecido. Con navegantes expertos como el propio Coelho o Bartolomé Dias, se puso al mando de otras naves a gente bisoña.
Era intención real favorecer a la nobleza para mantener su lealtad, y estos viajes solían, si acababan bien, generar mucha riqueza a los armadores. Por eso resulta extraño que una empresa tan importante se dejara dirigir por hombres sin cualificación. El 8 de marzo de 1500 levaron anclas rumbo a Oriente. El 14 arribaron a Cabo Verde, después de avistar Gran Canaria, para hacer provisión de bastimentos y aguada.
Hasta aquí, todo parece lógico. Desde aquí, todo está envuelto en la bruma de la leyenda, la sospecha o la ocultación. Se nos ha contado desde los primeros cronistas del XVI que Cabral, en su ruta hacia la India, se desvió de la proximidad de la costa para, como hacían los navegantes expertos, coger mejores vientos hacia el oeste que los llevaran al cabo de Buena Esperanza en el menor tiempo posible.
El barco de Pedro Álvares Cabral, tal como aparece representado en el Libro de las Armadas
Según la historia que se contó, los navegantes, entonces la expedición ya estaba mermada, se extraviaron por la fuerza de los vientos y, en vez de navegar hacia levante, los arrastraron hacia poniente, llegando el 22 de abril a un lugar desconocido donde plantaron una gran cruz a los pies de un monte. Lo llamaron Monte Pascual, por ser la semana de Pascua. Bajaron a tierra, entablaron relaciones con los indígenas, navegaron unas millas más al norte hasta encontrar un puerto natural y no se atrevieron a más. Habían llegado a Brasil.
El 2 o 3 de mayo, volvieron a embarcar y se dirigieron, sin dudas en la derrota, a la India, adonde llegaron tras un viaje azaroso que les hizo perder algunos barcos y tripulantes. Esa continuación del viaje podía ser la defensa de los que sostienen que llegaron a América por casualidad, pero hay muchos argumentos en contra. ¿Fueron los portugueses directamente a América antes de viajar a la India con objeto de plantar una cruz que les asegurara un territorio?
Motivo por el que Pedro Vaz de Caminha, en su carta al rey en la que relata la llegada, llamó Isla de la Vera Cruz a esa parte, creyendo que se trataba de territorio insular. O la elección de Cabral estuvo motivada por la confianza en el secreto real, que fue, precisamente, la búsqueda de aquella parte de América. En la época, los mapas eran un bien de Estado y los secretos geográficos, un material preciado que se compraba muy caro en las cortes europeas.
La elevación de la Cruz en Porto Seguro, pintura de Pedro Peres, 1879
Es evidente que Cabral no fue el primero en llegar a Brasil. Desde tiempo atrás se hablaba de la isla de Brasil, como en las cartas de Andreas Bianco, en 1436, o Bartolomé Pareto, en 1482, sin que nadie nunca supiera situarla geográficamente.
Esto se encuadra en los mitos sobre los antecesores de Colón. Las referencias a esta denominación no se corresponden con ningún lugar conocido. Puede ser un intento de señalar a los vikingos, incluso a los irlandeses, como los primeros europeos en llegar. O se puede relacionar con el fantasmagórico navegante precursor que, según otras leyendas, puso a Colón en la pista de América.
Se habló, sin mucho fundamento, del viaje de Duarte Pacheco Pereira en 1498, que pudo avisar al rey portugués. Cosmógrafo que, por cierto, acompañó y asesoró a Cabral en el descubrimiento de Brasil. Y se sabe con certeza de dos españoles que visitaron el norte del actual Brasil, aunque en viajes cortos y sin continuidad: Vicente Yáñez Pinzón y Diego de Lepe, entre enero y marzo de 1500. Pinzón había descrito un cabo, señalado por Juan de la Cosa en su mapa, que coincide con la actual Fortaleza.
Por otra parte, en la fecha del viaje ya se había firmado el Tratado de Tordesillas (7 de junio de 1494), que dividía la tierra entre españoles y portugueses en función del meridiano, es decir, este-oeste, en vez de norte-sur, que era lo establecido en el Tratado de Alcaçovas-Toledo (1479-80). Señal de que los portugueses ya sabían que una parte del territorio recién descubierto por Colón estaba dentro de las 370 leguas desde Cabo Verde y, en consecuencia, dentro de la zona de influencia portuguesa.
Por tanto, es lógico pensar que Cabral, dentro de un proyecto más amplio, fuera a señalar un territorio como de conquista posterior de Portugal porque les pertenecía según el tratado. Estudios modernos han demostrado que la deriva de la expedición no se corresponde con los vientos dominantes en la estación.
La llegada a la costa de Brasil demuestra una «clara intención», en palabras de Gago Coutinho en O descobrimento do Brasil (Rio de Janeiro, 1955), y Jorge Couto, en Portugal y la construcción de Brasil (Madrid, 1996), es muy claro: la explicación más adecuada reside… en las órdenes confidenciales dadas por el monarca al comandante de la expedición.
En instrucciones secretas que se añadieron a las conocidas por los capitanes, algo común en la época, a pesar de que en ese momento no era necesario guardar secreto sobre el derecho portugués sobre Brasil.
Cabral acabó su periplo en India tras muchas peripecias. Cumplió lo pactado, aunque quizás no de la manera prevista.