Utopía y atopía de la hispanidad: el proyecto de Confederación Hispánica de Francisco Antonio Zea
El tratado olvidado que repartió el mundo entre España y Portugal antes del descubrimiento de América
La primacía mundial la daba la potencia marítima. Y para ello se necesitaban conocimientos cartográficos, avances técnicos en las naves y hombres osados
Cuando el mundo era más estrecho, España y Portugal lograron alcanzar su apogeo mediante el reparto del Mundo que sancionaron los papas. Sabemos que, tras el descubrimiento de América, el reparto se acordó en el Tratado de Tordesillas, de 7 de junio de 1494. Pero antes hubo otro que, en cierta manera, propició los descubrimientos posteriores. La primacía mundial la daba la potencia marítima. Y para ello se necesitaban conocimientos cartográficos, avances técnicos en las naves y hombres osados.
El último cuarto del siglo XV fue una época convulsa en la península ibérica. Las disputas por los tronos de Portugal, Castilla y Aragón sumieron a estos reinos en una continua guerra. A la muerte de Enrique IV, la lucha entre su hija Juana y su hermana Isabel dividió las lealtades: Alfonso V de Portugal, prometido de Juana, apoyaba a esta y Fernando de Aragón a Isabel. Las continuas batallas y la disputa del mar estaban rompiendo la prosperidad de los reinos. Se necesitaba una paz acordada.
En 1479, con Portugal casi derrotada en tierra y Castilla eliminada en el mar para traer las riquezas de la Mina de Oro, en la costa de Guinea, se llegó a cuatro acuerdos firmados en la localidad de Alcaçovas, en Portugal, el 8 de septiembre de 1479. Dejando al margen las cuestiones dinásticas, es interesante examinar cómo se distribuyeron lo que más adelante se llamarían zonas de influencia. La cosa quedó así:
Posesiones para Portugal
Portugal mantuvo el control sobre sus posesiones africanas. Ambas coronas habían estado rivalizando por las riquezas de la Mina de Oro, en la costa de Guinea, lugar apropósito para extraer oro y esclavos. La batalla que se disputó allí en 1478 dio la victoria a los portugueses y, con ella, la prioridad en la posesión africana. Además, al tratado se incorporaron algunos documentos del anterior Tratado de Medina del Campo (1430), que garantizaba Madeira, Azores y Cabo Verde.
Mapa del siglo XVI de las posesiones portuguesas en África occidental.
También, con la incorporación de pactos anteriores, Portugal fue reconocido en su derecho a la exclusividad de la conquista del reino de Fez, una reminiscencia de la Hispania Transfetana cristiana.
Posesiones para Castilla
Se le reconoció la soberanía sobre las Canarias, Santa Cruz de Mar Pequeña y todas las otras islas Canarias ganadas e por ganar». Esta frase del tratado es importante. Ponía fin a casi un siglo de disputas. Ni en 1341 los portugueses pudieron conquistarlas, ni en 1344 Luis de la Cerda lo consiguió para Castilla. Fue en 1402-1405 cuando los normandos Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle llegaron a Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro en nombre de Enrique III de Castilla.
Portugal no cejó y quiso conquistar Gran Canaria en 1425. Con la firma, Portugal renunciaba a las islas y reconocía la soberanía sobre un trozo de territorio continental que llamaron Santa Cruz de Mar Pequeña, una torre fundada en 1478 por Diego García de Herrera, a quien Enrique III concedió el señorío de los situados entre el cabo de Aguer y el cabo Bojador. Derecho histórico sobre el que se sustentará, siglos después, la adquisición del norte del Sáhara e Ifni.
La pintura «El Adelantado y los guanches» fue creada por Manuel González Méndez a principios del siglo XX
Reparto del Atlántico
Las dos coronas se habían repartido el Mundo que podía ser conquistado, ocupado o lugar de negocios. Se hizo dividiéndolo en norte y sur a partir de Canarias, el Atlántico conocido que rodeaba África hasta donde se había navegado. Parecía una clara victoria de Portugal. El Tratado de Alcaçovas-Toledo no pudo prever un hecho posterior determinante: el descubrimiento de América.
Cuando Colón emprendió la navegación hacia el oeste, posiblemente con informaciones secretas de que iba a encontrar tierra antes de lo previsto, aunque considerara que fuera parte de la India, tuvo mucho cuidado en navegar desde Canarias hacia el norte para no conculcar el Tratado de Alcaçovas o, al menos, tuvo mucho cuidado en ocultar una navegación más al sur. La tardanza de los Reyes Católicos en aprobar su proyecto también estuvo relacionada con este hecho. Pero la obstinación del almirante, quizá avisado por el protonauta, acabó por convencer a la Corte.
A la vuelta del primer viaje, Colón arribó a Lisboa y lo recibió el rey Juan II. Colón fue muy astuto sobre sus descubrimientos: dijo ignorar el Tratado de Alcaçovas-Toledo, aunque no era cierto, y se limitó a señalar que cumplió lo que le encomendaron los Reyes Católicos: que no fuera a la Guinea ni bajara al sur de las Canarias. Si lo descubierto estaba o no contemplado en el tratado es algo que ha generado mucha polémica y teorías diversas. Unos dicen que el tratado se refería al Atlántico en relación con las tierras conocidas entonces; otros entienden que regulaba el mundo entero.
De hecho, en 1493 el embajador del rey portugués, Ruy de Sande, llegó a Barcelona para reclamar lo que consideraba portugués. Por esta razón, los monarcas acudieron al papa para que resolviera la cuestión definitivamente. Quiso extender el acuerdo ya firmado para que el paralelo al sur de Canarias diera la vuelta al mundo y comprendiera también el nuevo descubrimiento. El Pontífice de aquella época era el español Alejandro VI y los Reyes Católicos tenían esperanza en obtener su favor; Portugal, tan católica como Castilla, no se iba a oponer. Así fue: las dos bulas papales fueron plasmadas en el Tratado de Tordesillas de 1494. El segundo reparto del Mundo, esta vez de este a oeste.
Reparto territorial entre Castilla y Portugal
Consecuencias históricas
El tratado de 1479 impuso las condiciones para dos hechos que cambiaron la historia. Colón, navegando hacia el oeste sin descender del meridiano canario, descubrió una tierra nueva que creyó que era la cara opuesta de la especiería.
Los portugueses, obligados a navegar al sur de África y tras muchos intentos infructuosos e innumerables naufragios, pudieron doblar el cabo de Buena Esperanza con la hazaña de Bartolomeu Dias en 1488 y llegar a la India en 1497 tras el exitoso viaje de Vasco da Gama.