Primer desembarco de Cristóbal Colón en América
¿Por qué España fue el país europeo que descubrió América?
El descubrimiento de América fue una gran gesta y, afortunadamente, fue una gran gesta española
Recuerdo que, en una de esas recepciones que organizamos en las embajadas los 12 de octubre, mantuve una extraña discusión con el segundo de Francia. Mi colega no entendía que nuestra fiesta nacional fuese el Columbus Day (aunque en Estados Unidos no siempre cae el día 12, sino que es el segundo lunes de octubre, entre otras cosas porque lo mezclan con la creación de su armada, que fue un 13 de octubre).
Entendía —influido, sin duda, por la leyenda negra de la que hemos sido tradicionalmente víctimas— que aquella era, básicamente, una gesta del italiano Colón. Por mi parte, le expliqué pacientemente que Cristóbal Colón podría tener muchos orígenes, pero que, en cualquier caso, no era italiano, por la sencilla razón de que en el siglo XV no existía Italia (Estado que nace en el siglo XIX); que su origen no estaba demostrado y que, de ser genovés, como afirman algunos autores —pese a que en su vida no consta que jamás escribiese o hablase en ligur—, entonces sería más francés que italiano, ya que cuando nació, Génova no era independiente y formaba parte de Francia.
Pero la cara de sorpresa, por aquellos datos que, sin duda, desconocía, resultó más evidente cuando le expliqué lo que supuso aquella empresa, española: armar navíos y tripulación basándose en unos mapas profundamente erróneos, desconociendo corrientes, con los precarios sistemas de conservación de alimentos y agua de la época, y ser capaz, igualmente, de realizar el tornaviaje.
Efectivamente, la respuesta simplista a la pregunta de por qué fue España, y no otro país europeo, el que descubrió América es: porque los Reyes Católicos aceptaron el proyecto de Colón, que había descartado el rey de Portugal. Pero una respuesta más elaborada sería: porque España no solo era el país más adelantado de su época, sino que estaba en proceso de convertirse en el mayor imperio de su tiempo. Y, como toda respuesta compleja, necesita una explicación.
Resulta, en primer lugar, curioso que un personaje, aparentemente sin pasado conocido, apareciese en la península ibérica —y más concretamente en Portugal— a finales del siglo XV. Si efectivamente hubiese sido del norte de la península itálica, e incluso habiendo nacido bajo soberanía francesa, hubiese tenido más lógica que zascandilease por Francia, la principal potencia europea anterior a los Reyes Católicos, como el florentino Leonardo da Vinci y tantos otros personajes de esa región vecina. El Portugal de la época, sin embargo, era posiblemente el Estado europeo más adelantado en términos de navegación.
Entre otros hitos, Portugal redescubre Madeira —posiblemente ya conocida por Roma— en 1419, y alrededor de 1427 las Azores, que se colonizan en 1439. En la expedición de 1486-1488, el portugués Bartolomé Díaz se convertirá en el primer europeo en alcanzar el Cabo de las Tormentas —actual Cabo de Buena Esperanza— y pasar al África oriental.
Es en este ambiente en el que hace acto de presencia una persona como Colón. Alguien que, con o sin prenauta, tenía indudables conocimientos en astronomía y experiencia en navegación atlántica, lo que refuerza un origen más peninsular que genovés. Sin embargo, este Portugal, enfrentado geográficamente —sin saberlo— a un continente desconocido, tenía importantes limitaciones.
A diferencia de Castilla, que ocupaba la mayor parte de la península ibérica y casi la quintuplicaba en población, o de Aragón, que para finales de siglo, además de Sicilia y Cerdeña, y con la ayuda castellana, era dueña de la mitad de la península itálica y uno de los principales actores del Mediterráneo occidental.
El Portugal de Juan II estaba arrinconado en el occidente peninsular. Sus brillantes exploraciones náuticas no le reportarían, hasta la colonización de Brasil, grandes réditos territoriales, pero sí el suficiente peso político para repartirse el mundo con los Reyes Católicos mediante el Tratado de Tordesillas de 1494.
Portugal desestimó la propuesta de Colón porque entendía que sus cálculos eran erróneos —estimaba una circunferencia menor de la Tierra (lo eran)— y porque ya tenía su propia estrategia para llegar a la India y a la Especiería a través de la costa africana. Pero la política portuguesa no pretendía una expansión territorial, sino comercial: es decir, el monopolio del mercado de especias y el establecimiento de bases y puertos, tanto comerciales como de avituallamiento, a lo largo de dicha ruta.
Los Reyes Católicos tuvieron las mismas dudas que Juan II respecto a los cálculos del almirante y a las muy ambiciosas compensaciones que pedía. Pero les resultaba atractiva la idea de utilizar una ruta que no entrase en conflicto con la portuguesa. Además de los beneficios comerciales del mercado de especias, y a diferencia de Portugal, no descartaban la expansión territorial por los nuevos territorios. Es lo que habían venido haciendo desde la unión de ambas coronas (Canarias, Granada, Melilla, Nápoles y, más tardíamente, Navarra, por parte de Fernando el Católico).
Tendríamos que hacer un ejercicio de historia-ficción para estimar cuánto tiempo habría tardado Portugal en descubrir América por la ruta de las Indias, pero si el tornaviaje de Arellano y Urdaneta tiene lugar en 1565, no parece lógico pensar que Portugal pudiera realizar dicho descubrimiento antes de finales del siglo XVI.
En cualquier caso, España no solo tomó la decisión de arriesgar hombres y dinero en una expedición hacia lo desconocido, sino que, frente a la leyenda negra —que describe un país inquisitorial y atrasado—, con la unión de coronas y la creación de un Estado fuerte, se estaba convirtiendo a pasos agigantados en el país más moderno, avanzado y hegemónico de Europa.
Es en esta España en donde nace el derecho internacional —entonces llamado de gentes—, de la mano de Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca; es donde se crea la primera gramática de una lengua europea; es donde se generan innovaciones en el ejército, especialmente de la mano del Gran Capitán, que darán lugar a la más moderna y mejor infantería de Europa: los tercios. Es el Nápoles aragonés el que mejor refleja y difunde el Renacimiento florentino.
En navegación, España pronto supera a Portugal, no solo con uno de los mayores hitos de la historia de la humanidad —el descubrimiento de América—, sino con todas las grandes gestas que le siguieron: el descubrimiento del Mar del Sur, del golfo de México o la primera circunnavegación del planeta.
Pero esa expansión territorial española, que seguía el modelo europeo de la época, no se limitó a una explotación comercial o a la trata de esclavos —también modelos europeos de la época e incluso de épocas relativamente recientes—, sino que se planteó con un sistema administrativo mucho más avanzado: el virreinato, y con la introducción de modelos sociales no solo humanistas, sino profundamente innovadores, como la legalidad del matrimonio mixto, el respeto a la propiedad de las tierras por parte de los indígenas o el ennoblecimiento de las clases altas indias.
Fue, frente a la leyenda negra, un sistema único y exitoso, que hizo que los súbditos del Imperio gozasen de libertad —en el Virreinato de la Nueva España, por ejemplo, la esclavitud nunca llegó al 1 %—, de mayor riqueza y de acceso a la educación o a la sanidad que cualquiera de las otras colonias europeas. Y que pervivió hasta las guerras civiles o guerras de independencia americanas.
El descubrimiento de América fue una gran gesta y, afortunadamente, fue una gran gesta española.