El encuentro organizado por la Fundación Unidos por la Historia en Casa de América con Beatriz Paredes (presidenta de la fundación), le historiador mexica Enrique Krauza y la doctora en Filología Hispánica Inés Carvajal

El encuentro organizado por la Fundación Unidos por la Historia en Casa de América con Beatriz Paredes (presidenta de la fundación), el historiador mexicano Enrique Krauze y la doctora en Filología Hispánica Inés CarvajalCasa de América

Enrique Krauze, historiador mexicano: «La imagen salvaje de España viene de los murales de Diego Rivera»

El historiador reivindica el mestizaje como legado compartido entre México y España y reclama una mirada a la conquista que reconozca la convergencia de dos culturas

«Quien solo conoce España no conoce España. Quien solo conoce México no conoce México». Con esta reflexión, el historiador y ensayista mexicano Enrique Krauze resumió los profundos vínculos que unen a ambos países durante una conversación sobre los mitos y las realidades de su relación histórica, en la que reivindicó el mestizaje como elemento central de una identidad compartida.

En el encuentro, organizado en el marco del podcast Osos y Flamencos de la Fundación Unidos por la Historia, dirigido por su presidenta, Beatriz Paredes, y copresentado con la doctora en Filología Hispánica Inés Carvajal, Krauze defendió la necesidad de superar la visión de vencedores y vencidos para comprender la Conquista y sus consecuencias. A su juicio, quienes convierten el pasado en un enfrentamiento permanente no son los historiadores, sino los políticos. «Hay que rescatar la historia para los historiadores», afirmó.

Beatriz Paredes y Enrique Krauze

Beatriz Paredes y Enrique KrauzeCasa de América

El ensayista recordó que, desde el siglo XVI, cronistas e historiadores han estudiado tanto las civilizaciones indígenas como la presencia española, construyendo una tradición de investigación que, en su opinión, no responde a una ruptura irreconciliable. «Ha habido una continuidad, no una ruptura», señaló, antes de advertir: «Ni el fanatismo indigenista ni el fanatismo hispanista debe tener lugar en el conocimiento de la historia».

En su crítica a las interpretaciones ideológicas del pasado, Krauze señaló también al pintor Diego Rivera. Según sostuvo, parte de la imagen de una España «primitiva y salvaje» presente en ciertos relatos sobre la conquista procede de los murales del artista, en particular de los realizados en 1933, que vinculó con una visión romántica de la izquierda.

Aunque elogió el talento artístico de Rivera, cuestionó la lectura histórica que, a su juicio, transmiten esas representaciones. Para Krauze, este tipo de imágenes contribuye a alimentar una confrontación que no se corresponde con la complejidad de la tradición historiográfica mexicana.

La convergencia entre dos mundos

Krauze no eludió la violencia de la conquista de México. «No se puede negar ciertos episodios de violencia en la conquista», reconoció, al recordar la desaparición de una parte de las civilizaciones indígenas, cuya riqueza artística, y arquitectónica destacó.

Sin embargo, subrayó que otra parte de aquel legado se fundió con la cultura española: «Fue una convergencia. Esa es la palabra clave, convergencia», afirmó el historiador, que considera insuficiente interpretar aquel proceso únicamente desde la confrontación.

En este contexto, Krauze cuestionó las visiones simplificadoras de figuras como Hernán Cortés y Doña Marina (la Malinche). Sobre esta última, rechazó tanto su reducción a la imagen de una traidora como las interpretaciones que banalizan su papel histórico. La describió como un personaje «desgarrado entre dos mundos», en referencia a las tensiones entre las culturas que representaba.

El historiador evocó también la interpretación de Hugh Thomas, quien consideraba que Cortés y Moctezuma pudieron buscar una convergencia. No obstante, Krauze planteó que el miedo, la desconfianza y la victoria de los sectores más radicales impidieron que prosperara el diálogo entre ambos mundos: «Ni Cortés ni Moctezuma querían exterminarse ni suprimirse. Buscaban una convergencia», aseguró.

El mestizaje, matriz cultural de México

Más allá de la guerra y de los conflictos políticos, Krauze propuso centrarse en la matriz cultural compartida. «Cuando hablamos de España y México hay que hablar de la matriz cultural que nos une», sostuvo. Desde la arquitectura y la gastronomía hasta la educación, la literatura y las costumbres, el historiador considera que la identidad mexicana es fruto de una larga construcción histórica en la que confluyen ambas tradiciones.

Como ejemplo de las aportaciones españolas, destacó a Bernardino de Sahagún o Vasco de Quiroga, cuya labor en Michoacán dejó una huella duradera en las formas de organización comunitaria y de trabajo. Recordó que todavía se le conoce como Tata Vasco, reflejo de la memoria que conservan las comunidades de su legado.

Krauze también reivindicó la contribución posterior de los empresarios, intelectuales y exiliados españoles que encontraron en México un lugar de acogida. Especialmente significativo fue el exilio republicano, que enriqueció la vida cultural mexicana gracias a la acogida de sus instituciones y de la sociedad.

«¡Qué maravilla lo que nos dieron los españoles en México!», afirmó al recordar aquella aportación intelectual, que consideró parte de una historia compartida y de una relación que ha continuado mucho después de la conquista.

Más diálogo para recuperar la concordia

El historiador defendió que los vínculos entre ambos países deben fortalecerse mediante el intercambio intelectual y cultural. Para ello, reclamó más encuentros y debates en los que participen historiadores, escritores, artistas e instituciones públicas y privadas de las dos orillas.

«Cultura es conversación», recordó, al insistir en la importancia de escuchar y comprender perspectivas diferentes. En su opinión, la relación entre México y España necesita recuperar espacios de diálogo que permitan reconocer lo que ambas sociedades comparten y abordar sus diferencias sin convertirlas en instrumentos de división política.

Enrique Krauze durante la inauguración de la segunda temporada del podcast Osos y Flamencos de la Fundación Unidos por la Historia

Enrique Krauze durante la inauguración de la segunda temporada del podcast Osos y Flamencos de la Fundación Unidos por la HistoriaCasa de América

Krauze concluyó con una defensa del mestizaje como rasgo característico de México y una invitación a la concordia. Frente a los relatos que enfrentan las dos herencias, su propuesta pasa por reconocer las aportaciones culturales que surgieron de la conquista, y por entender que la historia común de México y España es demasiado compleja para quedar reducida a un juicio permanente sobre el pasado: «Nunca crean ustedes en la hispanofobia mexicana. El pueblo mexicano tiene sus defectos, pero el odio racial o religioso no es característico del mexicano. Lo característico de México es el crisol, la mezcla», señaló el historiador mexicano.

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