El meme que transforma a Mbappe en Mao Zedong

El meme que transforma a Mbappe en Mao ZedongX

Por qué Mao Zedong sigue siendo intocable en China: el culto al dictador que explica la polémica con Mbappé

China advirtió de que las palabras y los actos que «hieren los sentimientos del pueblo chino serán rechazados por todos los sectores de la sociedad». Pero ¿por qué ha ofendido tanto esta comparativa al pueblo chino?

China ha dejado de retransmitir los partidos de la Liga española de fútbol y, especialmente, los partidos relacionados con el delantero del Real Madrid Kylian Mbappé, tras la polémica por unas declaraciones del francés sobre un «meme» que lo compara con Mao Zedong.

Esta medida también incluye la retirada de todos los anuncios y vídeos protagonizados por el futbolista. China advirtió de que las palabras y los actos que «hieren los sentimientos del pueblo chino serán rechazados por todos los sectores de la sociedad». Pero ¿por qué ha ofendido tanto esta comparativa al pueblo chino?

El culto a la figura del dictador Mao Zedong ha marcado la vida de numerosas generaciones. El 1 de octubre de 1949, Mao, el Gran Timonel, instauró la República Popular China, fundada en un duro marxismo-leninismo y en distintas campañas de ideologización que reforzaron su poder y sirvieron de propaganda divulgadora del régimen comunista.

A pesar de que carecía de carisma personal y del don de la oratoria, sí tenía una habilidad para manipular a la gente y tornar cada situación en su propio beneficio. Tras su Gran Salto Adelante, donde millones de personas fueron forzosamente reubicadas y sufrieron una reeducación de todos los aspectos de su vida para mejorar la productividad, Mao se dio cuenta de la importancia de «preparar el terreno ideológicamente».

Óleo de propaganda a Mao hecho durante la Revolución Cultural

Óleo de propaganda a Mao hecho durante la Revolución Cultural

Así, transformó su carácter despiadado, egoísta, sanguinario y vil en algo admirable para toda la población: «El presidente Mao ama al pueblo. Él es nuestro guía para construir una nueva China. ¡Hurra, él nos lleva hacia adelante!». Así cantaban en el himno de la República Popular China durante la Revolución Cultural.

Entre 1966 y 1976, el mandatario chino procuró perseguir a altos cargos del partido sospechosos de ser «revisionistas» y controlar los medios de comunicación y la cultura. Para alcanzar los objetivos, el mandatario chino debía reclutar un ejército que solo respondiese ante él; por tanto, debía ser externo a su propio partido. Los elegidos fueron los estudiantes, que ya eran ajenos a las tradiciones por haberse formado según los preceptos del maoísmo.

Bajo difusas definiciones, las autoridades ordenaron eliminar y sustituir cualquier cosa relacionada con la cultura, la religión, las tradiciones, la educación, el arte o la familia por unas nuevas ideas proporcionadas por el Gran Líder. Se trataba de borrar todo lo antiguo para establecer lo nuevo y asentar un nuevo sistema moral: establecer qué estaba bien y qué estaba mal.

La prensa gubernamental jugó un gran papel en la difusión de esta nueva moral e indicó los «mandamientos» que debían seguir. Entre aquellas pautas figuraban la destrucción de obras de arte, archivos, bibliotecas y antigüedades o símbolos de autoridad histórica, como la tumba de los emperadores, o el empapelamiento de las calles con propaganda. «El este es rojo, el sol ha salido y Mao Zedong ha aparecido en China», cantaban sus seguidores en una década donde los carteles propagandísticos eran indispensables.

El resultado de esta política, en lo referente a la cultura, fue devastador: toda producción cultural o artística anterior a 1949 debía ser eliminada, incluso la propia historia del país. Se crearon ocho óperas modelo que glorificaban la lucha de clases, la nueva estética socialista y la victoria de Mao y se convirtieron en la única fuente de documentación a la que se podía acudir, eclipsando cualquier otro entretenimiento.

Pero, por otra parte, el arte socialista se vio reforzado. Se liberó a los artistas para difundir la nueva cultura, para educar a la gente y atacar a los «enemigos». Es decir, poner a todos los artistas al servicio del partido. Fue un mando político despiadado que pretendía que la juventud «intelectual» urbana privilegiada fuera despojada de sus costumbres, sus tradiciones y, sobre todo, de sus ideas. Como resultado, surgió la «generación perdida» de China, privada de la oportunidad de recibir educación y del derecho a vivir con sus familias.

Después de la muerte del líder comunista en 1976, terminó una de las etapas más aterradoras y sangrientas que vivió el país asiático. Una década en la que millones de personas fueron perseguidas, con una cifra estimada de muertes que habría alcanzado los 20 millones.

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