Con el Rey Don Juan Carlos, en una visita a la base de Rosa en 1976

Con el Rey Don Juan Carlos, en una visita a la base de Rosa en 1976GTRES

«Operación Lolita»: el plan de Juan Carlos I para elegir a su primer presidente del Gobierno tras Franco

Las memorias privadas de José María López de Letona, a las que ha tenido acceso El Debate, revelan cómo Juan Carlos I puso en marcha una operación secreta para convertirlo en su primer presidente del Gobierno tras la muerte de Franco

El vuelco económico e industrial de España tras la crisis de Gobierno de octubre de 1969 y el afianzamiento de los ministros tecnócratas en el poder es, tal vez, una prueba definitiva de que la Transición en España comenzó años antes de la muerte del general Franco. El giro industrial diseñado por López de Letona y la apertura económica pilotada por López Rodó crearon una próspera clase media.

El Consejo de Ministros del 29 de diciembre de 1970 había logrado el indulto de los seis etarras condenados a muerte en el proceso de Burgos por el asesinato del policía Melitón Manzanas. Estaba en juego el acuerdo preferencial con la CEE. Y sobre la mesa del Consejo de Ministros previsto para el 20 de diciembre de 1973 (día del asesinato del presidente Luis Carrero Blanco) había un grueso documento elaborado a instancias del propio almirante para discutir la apertura política y la aprobación de otros partidos.

Madrid, 21 de noviembre de 1975. En el Palacio de la Zarzuela, un joven don Juan Carlos se enfrenta al día después. Apenas transcurridas unas horas del funeral de cuerpo presente de Franco en El Pardo, el monarca mueve las piezas de un tablero político de alto riesgo. Acompañado de un selecto grupo de estrategas, tiene una prioridad inmediata: nombrar al primer presidente de su Consejo de Ministros.

El nombre que elige el Rey es José María López de Letona, el ministro que modernizó la industria española y acompañó a don Juan Carlos en múltiples ocasiones en sus primeros compases como príncipe de España. En el tablero hay otro nombre clave: Torcuato Fernández-Miranda, destinado a tomar el relevo de Alejandro Rodríguez de Valcárcel en la presidencia de las Cortes y del Consejo del Reino.

El monarca tenía muy clara la hoja de ruta que debía seguir. «Decidir este nombre había sido una de las mayores preocupaciones del Príncipe después de la desaparición del almirante Carrero», recuerda el propio José María López de Letona en sus memorias privadas, a las que ha tenido acceso El Debate.

Había llegado el momento y ahora necesitaba las piezas adecuadas.

El plan del futuro Rey

El empeoramiento de la salud de Franco a mediados de octubre había acelerado los acontecimientos. Ante la muerte inminente del jefe del Estado, el entonces Príncipe Juan Carlos llamó al que era su hombre de máxima confianza, Torcuato Fernández-Miranda. En una entrevista de dos horas en la Zarzuela, celebrada el día 20, ambos analizan la situación política y los pasos que deben dar. «Es uno de los encuentros más importantes: faltan solo treinta días hasta el fallecimiento de Franco», escribe en sus diarios Letona.

El Príncipe centra sus preocupaciones en cuatro puntos: el Rey debe desligarse de la época franquista, que ha llegado a su fin; la Monarquía no aceptará condicionamientos políticos de ninguna clase; debe darse una importancia crucial al nuevo Gobierno, ofreciendo caras nuevas y sorprendiendo por su novedad; y, finalmente, Arias no debe seguir como presidente del Gobierno.

El entonces Príncipe Juan Carlos acompañado del Ministro de Industria, José María López de Letona en el transcurso de un acto oficial en el año 1972

El entonces Príncipe Juan Carlos acompañado del Ministro de Industria, José María López de Letona en el transcurso de un acto oficial en el año 1972Archivo Familia López de Letona

El Príncipe y Torcuato concluyen que el problema se llama Arias y no tiene fácil solución. «No existe química alguna en la relación del Príncipe con el presidente Arias», apunta Letona. «Ni siquiera tuvo el detalle de presentarle su equipo ministerial antes de que se hiciera público el 3 de enero de 1974», concluye.

El futuro monarca venía apoyándose en un grupo muy reducido de personas. Este núcleo duro estaba formado por el propio Fernández-Miranda, Manuel Prado y Colón de Carvajal (que acabó convirtiéndose en una suerte de embajador privado del Príncipe para sondear a los mandatarios europeos y americanos sobre los cambios que se incubaban en la Zarzuela) y Alejandro Fernández Sordo (ministro de Relaciones Sindicales).

«Además utilizaba, por razones de discreción, un sistema de compartimentos estancos. Ninguno de estos compartimentos o personas disponía de una panorámica completa de lo que rondaba por la cabeza del futuro Rey», dejó escrito Letona. «Cada uno de estos tres podría ser uno de los compartimentos estancos».

Este círculo de máxima confianza del Príncipe fue el encargado de trazar el perfil de la persona que tendría que liderar el primer Gobierno del Rey y hacer frente a la necesaria reforma política. El retrato robot exigía tres condiciones innegociables: ser independiente y no estar adscrito a ninguna familia política del régimen, tener conocimiento al más alto nivel de la Administración pública del Estado y poseer una sólida experiencia económica. Esta última era la mayor preocupación de don Juan Carlos en este delicado momento histórico marcado por la incertidumbre.

López de Letona, el candidato elegido

López de Letona fue ungido como candidato a la presidencia días antes de la muerte de Franco. La noticia llegó por sorpresa a su despacho de la calle Velázquez, 101, de boca de un amigo cuyo nombre no revela en sus manuscritos. ¿Probablemente López Rodó? El exministro de Industria, que no había sido incluido en el Gobierno de Arias de enero de 1974, se había reincorporado al sector privado al frente de su empresa Dimetal, S. A. «Mis aspiraciones tras casi diez años en el sector público habían sido colmadas», reflexiona. «Subcomisario del Plan de Desarrollo desde 1964 hasta 1969 y ministro de Industria en dos gobiernos, desde 1969 hasta 1974, eran logros más que suficientes para satisfacer mis ambiciones personales en el sector público», agrega.

El Elíseo y la Casa Blanca están al tanto de la estrategia de la Zarzuela, que se desarrollaba bajo un nombre en clave: «Operación Lolita». El 30 de octubre, Franco da instrucciones de aplicar la Ley Orgánica del Estado y el Príncipe asume la Jefatura del Estado en funciones. A partir de aquí se pone en marcha la maquinaria diplomática internacional. Ese mismo día, don Juan Carlos envía a Colón de Carvajal a Washington, primero, y a París, después.

Carta personal de agradecimiento de Henry Ford a José María López de Letona

Carta personal de agradecimiento de Henry Ford a José María López de LetonaAna Montiel Villar

En Washington se entrevista con el secretario de Estado, Henry Kissinger, a quien comunica la decisión del futuro Rey. El exministro de Industria es un viejo conocido de la Administración americana por ser el cerebro político del desembarco de Ford en España y de la liberalización industrial del país. El beneplácito de la Secretaría de Estado es inmediato. En París, el presidente de la República, Valéry Giscard d'Estaing, aconseja firmemente seguir adelante con el nombramiento de Letona.

El exministro de Industria tuvo la confirmación de que la operación se ponía en marcha al día siguiente de la muerte de Franco. El 21 de noviembre, Letona y Fernández-Miranda se cruzan en la capilla ardiente del Palacio de Oriente. Torcuato lo saluda con una frase lapidaria: «Hola, hombre importante».

Dos días después, la noche del domingo 23 de noviembre, Fernández-Miranda cita de urgencia a Letona en su casa. La hora intempestiva, como recuerda el exministro en sus manuscritos, respondía a una estricta necesidad de discreción. Y, sin rodeos, le comunica el deseo oficial del Rey de que sea presidente del Gobierno.

Letona, asombrado y extrañado, intenta rechazar el ofrecimiento alegando que estaba fuera de la política. La respuesta de Torcuato es tajante: «No te puedes negar. Es una decisión del Rey, muy meditada, y no le puedes fallar. Si no te viene bien, lo siento, no tendrás más remedio que sacrificarte».

Dos días después, el 25 de noviembre, repitieron el cónclave nocturno en el domicilio de Torcuato, siguiendo el mismo protocolo de seguridad. En este segundo encuentro, Torcuato le desvela el plan maestro para la reforma política: desmantelar los Principios del Movimiento y demás Leyes Fundamentales a través del proceso legal «de ley a ley», como le gustaba decir al futuro presidente de las Cortes.

Le comunica que tendrá manos libres para formar Gobierno, aunque el Rey sugería incluir a figuras políticas de peso como José María de Areilza, Manuel Fraga y Joaquín Garrigues. «Indicación que parecía estar en contradicción con su afirmación anterior de que tendría manos libres y que más bien parecía una orden, aunque dulcificada al presentarse como un deseo», señala Letona.

El fracaso de la operación y el camino hacia Suárez

Sin embargo, la estrategia del Rey choca frontalmente contra la cruda realidad. Arias Navarro no tenía la más mínima intención de dimitir como presidente del Gobierno y, además, el monarca necesitaba su colaboración para que el Consejo del Reino incluyera al propio Fernández-Miranda en la terna para sustituir a Alejandro Rodríguez de Valcárcel.

El 28 de noviembre de 1975, la «Operación Lolita» se cerró tan silenciosamente como había nacido. El Rey se dio cuenta de que no tenía suficiente fuerza política para renovar simultáneamente ambos puestos: la presidencia de las Cortes y la del Gobierno.

La batalla para colocar a Fernández-Miranda en las Cortes se había convertido en una guerra de desgaste brutal para el Rey. Torcuato llama a Letona: «Me comunicó que don Juan Carlos no creía prudente forzar más las cosas con mi nombramiento». Los sectores inmovilistas, encabezados por Girón de Velasco, habían cerrado filas en torno a Arias Navarro. La atmósfera política era sofocante. «Es mejor dejar las cosas así, de momento, y después, ya veremos», le dijo Torcuato a Letona.

«Hubiera sido un honor presidir el Consejo de Ministros del primer Gobierno de Su Majestad el Rey. No pudo ser, y me ahorré la enorme responsabilidad vinculada a tal nombramiento», reflexiona Letona en sus diarios.

El Rey consiguió forzar la dimisión de Arias Navarro siete meses después, el 1 de julio de 1976. Pero para entonces las exigencias del guion político habían dado un vuelco. Durante este tiempo, el perfil buscado era ya otro. No se necesitaba a un tecnócrata con un plan económico propio, sino a un ejecutor, un líder con lealtad inequívoca al proyecto democratizador de la Corona, con gran capacidad de diálogo, audacia y hasta poder de seducción. Suárez demostró tener estas cualidades y se hizo con el timón de la Transición española.

El Rey Juan Carlos quiso nombrar presidente del Gobierno a José María López de Letona en noviembre de 1975, en sustitución de Carlos Arias Navarro, para liderar la Transición

El Rey Juan Carlos quiso nombrar presidente del Gobierno a José María López de Letona en noviembre de 1975, en sustitución de Carlos Arias Navarro, para liderar la Transición

El destino de López de Letona no estuvo finalmente en las urnas, sino en las altas finanzas. Pero la historia recordará siempre que, antes de Suárez, el diseño original de la recuperada democracia española llevaba el nombre de un ingeniero y empresario español, acaso uno de los mejores ministros de Industria de la historia de nuestro país.

Su carrera continuó en el ámbito del poder económico español y europeo, donde, a propuesta de Suárez, presidió el Banco de España, ejerció posteriormente como vicepresidente de Banesto, fundó el Círculo de Empresarios (del que se celebra su cincuentenario en Madrid) y formó parte del exclusivo Ford European Advisory Council, donde coincidió con Bob Lutz, John Connally, exsecretario del Tesoro; Henry Kissinger y Lord Richardson, exgobernador del Banco de Inglaterra.

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