El grupo de desembarco de Emden llega a tierra en la isla Direction ; el Ayesha, de tres mástiles,es visible al fondo

El grupo de desembarco de Emden llega a tierra en la isla Direction ; el Ayesha, de tres mástiles,es visible al fondo

Picotazos de historia

La odisea de 50 militares alemanes que recorrieron 11.000 kilómetros para volver a casa en la Gran Guerra

Tras la destrucción del crucero alemán SMS Emden en 1914, el capitán Hellmuth von Mücke y sus hombres emprendieron una odisea de más de 11.000 kilómetros, atravesando mares y desiertos hasta ser recibidos como héroes

El 9 de noviembre de 1914 se inicia una aventura que asombrará a toda Alemania y, después de la guerra, a todo aquel que oyera hablar de ella.

El crucero alemán SMS Emden se había separado de la flota del Pacífico, comandada por el conde Von Spee, con orden de ejercer el corso en las aguas del Pacífico e Índico y de producir el mayor daño posible en las líneas de suministros del Imperio británico en esas aguas.

El mencionado día, el SMS Emden arribó a las islas de los Cocos, en Australia. Allí desembarcó un destacamento de asalto bajo las órdenes del primer oficial del crucero, capitán de corbeta Hellmuth von Mücke. El objeto del destacamento era destruir la estación de radio de la isla, enlace vital de Australia y Nueva Zelanda con Indochina, Batavia y Europa.

El destacamento se componía de 41 soldados, 6 suboficiales y 3 oficiales. Como armamento llevaban cuatro ametralladoras con 2.000 cartuchos cada una, 29 fusiles máuser y 24 pistolas. Esto sería todo con lo que contarían a partir de ahora.

Los problemas empezaron cuando la estación de radio consiguió enviar un último mensaje contando que estaban siendo atacados. Este mensaje fue escuchado por el crucero australiano Sydney, que se encontraba en las proximidades e inmediatamente puso rumbo hacia las islas.

Hellmuth von Mücke (1916)

Hellmuth von Mücke (1916)

En el subsiguiente combate entre el Sydney y el Emden, el segundo fue destruido debido al inferior calibre y alcance de sus cañones. Von Mücke y sus hombres se encontraron varados en la isla Dirección, principal isla del archipiélago de los Cocos.

Los alemanes registraron en busca de todo lo útil y encontraron una vieja goleta de tres palos que había sido desechada por ser demasiado vieja y estar en mal estado. Ni cortos ni perezosos, se pusieron manos a la obra y en poco tiempo se encontró lista para zarpar.

La Ayesha, que era el nombre de la goleta, había sido saboteada por los ingleses que ayudaron a cargar de provisiones el barco. Y es que, mientras ayudaban a cargar el barco para que los alemanes se fueran cuanto antes, quitaron los sellos de las válvulas del fondo del velero, de manera que el agua entraba constantemente.

Tras un viaje infernal, en donde el trabajar en las bombas de achique no fue el más agotador de los trabajos, arribaron al puerto de Padang –en la noche del 13 al 14 de diciembre–. Padang está en Indonesia, que en ese tiempo estaba en manos de los Países Bajos, que permanecieron neutrales durante el conflicto. Para evitar el confinamiento, Von Mücke tuvo que abandonar el puerto antes de veinticuatro horas.

Ruta seguida por 'Emden' durante las operaciones de asalto al comercio

Ruta seguida por 'Emden' durante las operaciones de asalto al comercio

Este breve lapso de tiempo permitió contactar con el cónsul alemán, de forma que se organizó el encuentro en alta mar del Ayesha con un carguero alemán. El encuentro se realizó sin problemas. Mücke y su gente pasaron al carguero Choising, que era como se llamaba, y se ordenó hundir la goleta.

Navegaron sin novedad con rumbo este y fueron desembarcados en el puerto de Hodeida, en el Yemen. Y es que Mücke, enterado de que el Imperio otomano se había sumado a la guerra en el bando alemán, pretendía llegar a Alemania a través suyo aprovechando la línea de ferrocarril que partía desde Hiyaz.

De Hodeida partieron andando hasta Sadá, la capital del Yemen, donde estuvieron retenidos durante dos meses por el gobernador turco de la zona. Para él, la llegada del destacamento alemán era maná llovido del cielo en su lucha contra los rebeldes árabes.

Cuando, por fin, consiguieron librarse del gobernador, Mücke ordenó el regreso al puerto de Hodeida, donde fletó dos veleros (el dhow es un barco típicamente mediterráneo de vela triangular). La navegación no fue buena, pues uno de los dhows encalló en un bajío y se fue a pique, por lo que el resto de la navegación se hizo en el dhow restante, apretados pero sin más novedad.

Llegaron al puerto de Yeda, en donde contrataron los servicios de camelleros y adquirieron provisiones y lo necesario para atravesar el desierto en dirección a Hiyaz.

Durante el duro trayecto fueron atacados por los beduinos. Los primeros ataques fueron rechazados sin problema. El día 1 de abril, el ataque consistió en cerca de un millar de beduinos. Durante tres días aguantaron en una posición donde se habían hecho fuertes los alemanes. Al tercer día se presentó ante Von Mücke Abdalá, hijo de Hussein, jerife de La Meca y líder de la tribu hachemita. Este Abdalá, que con el tiempo sería el primer rey de Jordania, hablando en nombre de su padre, ofreció protección para Von Mücke y sus hombres.

El comandante alemán se sentía más un prisionero que un invitado, por lo que decidió librarse de la amable «protección» hachemita lo antes posible. Así que, aprovechando una ausencia de Abdalá, que había partido para informar a su padre, se largaron hasta el puerto más cercano, donde alquilaron un dhow que navegó junto a la costa hasta la bahía de Sharm Munaybirah.

Siempre evitando ser detectados por barcos de nacionalidad inglesa, que controlaban esas aguas. Desde allí atravesaron el desierto hasta la población de Al Wajh, donde pudieron reunir lo necesario para formar una caravana con la que continuar su viaje. Partieron el 29 de abril y se adentraron en el desierto en dirección a Hiyaz. El día siete de mayo llegaron a la pequeña estación de Al Ula, una de las terminales de la línea del ferrocarril.

El viaje en el ferrocarril duró dieciséis días y atravesó Medina, Damasco, Alepo, los montes Tauro, Konya y Estambul. Enteradas las autoridades, encargaron que en Damasco se les enganchara un vagón baño donde pudieron lavarse, afeitarse, despiojarse y volver a usar ropa limpia.

En Estambul fueron recibidos como héroes. Von Mücke desfiló junto a sus hombres –a los que se les había proporcionado uniformes nuevos– portando la enseña de la Marina Imperial. Presentó a su unidad ante el comandante naval alemán de la zona, contraalmirante Wilhelm Souchon, quien les declaró reincorporados al servicio activo y procedió a la entrega de condecoraciones. Prácticamente todos los integrantes del grupo Mücke recibieron la Cruz de Hierro.

El contraalmirante Souchon había estado al mando de la división naval del Mediterráneo, formada por los cruceros SMS Goeben y SMS Breslau, cuando estalló la guerra. En medio de un mar Mediterráneo plagado de barcos enemigos –ingleses, franceses– con órdenes de localizarlos y destruirlos, Souchon consiguió llevar a sus cruceros hasta el puerto de Estambul. Ahora estaba allí, en Estambul, junto al ministro de la Guerra turco, Enver Pachá, para recibir a sus compatriotas que pronto completarían un viaje de más de once mil kilómetros.

Durante el viaje, von Mücke había sabido mantener la unidad y la moral de las tropas bajo su mando, enfrentándose a todo tipo de peligros y situaciones arriesgadas y mostrando en todo momento habilidad y determinación. El cómputo total es que durante su extraordinaria aventura había perdido a tres hombres a consecuencia de los ataques del enemigo y un cuarto fallecido por enfermedad.

La aventura completa de Von Mücke es extensamente relatada en el libro que publicó, Ayesha, odisea del equipo de desembarco del Emden 1914-5.

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