Una multitud con carteles del líder del Partido Comunista de China, Mao Zedong, llenan las calles de una ciudad de China
Mao Zedong, el dictador con más muertos a sus espaldas que Hitler y Stalin al que China prohíbe ridiculizar
Décadas después de su muerte, la figura de Mao sigue generando controversia, como evidenció la polémica por el meme de Mbappé caracterizado como el dictador chino, que desató críticas e incluso censura en China. Pero más allá de estas polémicas, su legado está marcado por millones de víctimas
Li Riu, el secretario personal de Mao Zedong, el mayor genocida de la humanidad, afirmó que el dictador chino «no le daba valor a la vida humana. La muerte de otras personas no significaba nada para él». Así lo reflejan los 27 años en el poder que arrasaron China con represión y hambrunas.
Décadas después de su muerte, la figura de Mao sigue generando controversia, como evidenció la polémica por el meme de Kylian Mbappé caracterizado como el dictador chino, que desató críticas e incluso censura en China. Pero más allá de estas polémicas, su legado está marcado por millones de víctimas.
La escritora Jung Chang, que fue guardia roja en aquellos años, junto a su marido, el historiador Jon Halliday, calculan unos 70 millones de muertos en su biografía Mao: la historia desconocida. Otros estudios más recientes, como el de Julia Lovell en Maoísmo, advierten de 20 millones de muertes por la hambruna generada por los planes de ingeniería social.
Por otro lado, el historiador francés Jean-Louis Margolin, especialista en la historia de Asia Oriental, en su libro El libro negro del comunismo, habla de 65 millones de asesinados en China. Años después, en su capítulo titulado La China de Mao: ¿El peor régimen no genocida?, del monográfico La historiografía del genocidio, editado por el profesor de Historia Moderna Dan Stone, advierte que «el número de muertes no naturales es asombroso: probablemente entre 44 y 72 millones, si se incluye la hambruna masiva provocada por el despiadadamente utópico Gran Salto Adelante, lo que convierte a Mao Zedong –en cifras absolutas– en un asesino en masa mayor que Hitler o Stalin».
Además, el historiador francés señala que «estas muertes no fueron absolutamente producto de circunstancias imprevistas, sino de un proyecto asesino deliberado y meticulosamente planificado».
Margolin comenta del mandatario chino en su obra que «poseía de sobra la megalomanía, la crueldad, la falta de piedad y el desprecio por la humanidad propios de un buen cerebro genocida». Con esas cualidades llevó a cabo su Gran Salto Adelante entre los años 1958 y 1962 con el objetivo de transformar la tradicional economía agraria del país con una serie de medidas económicas, sociales y políticas.
El Gran Timonel quería que China superase al resto de países, además de ser ejemplo de Estado comunista, consiguiendo relegar a la misma Unión Soviética en producción mediante una rápida industrialización. El resultado fue la peor hambruna de la historia al expropiar los alimentos del pueblo para enviarlos a la URSS a cambio de fábricas y armas.
«El discurso exterminador era omnipresente, especialmente durante las numerosas 'campañas masivas', e incluía acusaciones de monstruosidad, analogías con animales y llamamientos al derramamiento de sangre, propios de cualquier buen genocida», advierte el historiador francés.
El comedor de la comuna popular. El eslogan dice «Come gratis, trabaja duro»
Una de las primeras campañas de esta nueva política estatal fue la denominada Campaña contra las Cuatro Plagas, identificadas como las ratas, las moscas, los mosquitos y los gorriones.
Los tres primeros animales fueron exterminados en nombre de la higiene y la salud de la población, mientras que los últimos, los gorriones, debían ser eliminados porque habían cometido un pecado mucho más grave: «Los gorriones estaban en esta lista porque comen muchos granos. Y Mao quería que estos granos fueran exclusivamente para la gente», explica Todd, escritora de historia natural y autora del libro Gorrión. Se estima que alrededor de 20 millones de personas murieron por la Gran Hambruna china, provocada por esta y otras campañas.
A esta terrible hambruna hay que sumarle miles de muertes provocadas por tres grandes purgas que llevó a cabo en sus primeros años de liderazgo. En la primera, las víctimas fueron los campesinos propietarios y nacionalistas chinos, así como los simpatizantes del Kuomintang.
En la segunda, entre 1955 y 1957, quiso «limpiar» el partido y la Administración en el denominado Movimiento Sufán, donde cerca de 700.000 personas fueron asesinadas, consolidando su ideología y poder a base de muertes. Sin embargo, Mao se daría cuenta de que «las propiedades y riquezas pueden ser confiscadas, pero no las ideas», declarando la batalla cultural. En este contexto tiene lugar la tercera purga camuflada bajo el nombre de Gran Revolución Cultural Proletaria (1966-1976).
Celebración y consolidación del triunfo del Partido Comunista de China (PCC)
Su objetivo fue eliminar a quienes consideraba sus enemigos. A pesar de que los números son inciertos, se estima que cerca de un millón y medio de personas perdieron la vida y otros 20 millones fueron enviados a campos de reeducación. «Durante los diez años de la Revolución Cultural murieron entre un millón y medio y dos millones de personas, pero fueron muchas más las vidas destrozadas por las denuncias sin fin y las campañas de persecución», asegura el historiador holandés Frank Dikötter en su ensayo titulado La Revolución Cultural. Una historia popular.
En aquella década abundaron las denuncias a «enemigos de clase», «partidarios de la vía capitalista» y «revisionistas». Bajo difusas acusaciones, las autoridades ordenaron eliminar y sustituir cualquier cosa relacionada con la cultura, la religión, las tradiciones, la educación, el arte o la familia por unas nuevas ideas proporcionadas por el Gran Líder.
Ambicioso y paranoico a partes iguales, elaboró el Libro Rojo con el que respaldaría sus ideas y, para alcanzar los objetivos, reclutó a un ejército que solo respondiese ante él: los guardias rojos.
Según explica Elisabeth Perry, experta en historia y política china de la Universidad de Harvard, en declaraciones al medio BBC Mundo: «El líder chino decidió atacar a todos sus potenciales enemigos, pero lo hizo en una forma diferente a otros dictadores: no fue con la policía o con organismos de seguridad, sino de una forma incluso más macabra: movilizó a la gente común, a los campesinos, a los estudiantes, a los trabajadores, para que hicieran su voluntad».
Las víctimas de la Revolución Cultural fueron detenidas y reeducadas para jurar fidelidad al partido. En caso contrario, fueron torturadas, golpeadas hasta la muerte, enterradas vivas, lapidadas, decapitadas… El legado del Camarada Mao fue el genocidio de toda una sociedad: «El proceso de exterminio se prolongó a lo largo de un enorme espacio y un amplio lapso de tiempo, sin ningún periodo significativo de respiro ni zona de refugio», reflexiona Jean-Louis Margolin.