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Mao Zedong

Mao Zedong

Diez frases de Mao, el mayor genocida que nació después de Navidad al que adoró la izquierda europea

De niño aprendió en la escuela los conocimientos clásicos de Confucio, lo cual es una ironía terrible pues los principios de la filosofía confuciana se basan en la bondad, el buen Gobierno, la tolerancia y la virtud

De niño aprendió en la escuela los conocimientos clásicos de Confucio, lo cual es una ironía terrible, pues los principios de la filosofía confuciana se basan en la bondad, el buen Gobierno, la tolerancia y la virtud, donde el gobernante es el modelo a seguir para el pueblo.

Podría decirse que aplicó en su vida política estas enseñanzas, pero solo en la última parte: un modelo autoritario y asesino cuya virtud era imponer precisamente está a través del terror y de la muerte. De joven le fascinaban los grandes héroes militares occidentales como Napoleón.

La llegada de la República a China abrió un nuevo campo de posibilidades para el Mao rebelde, revolucionario de cuna que andaba dando tumbos entre estudios insatisfactorios e inciertos por la nueva situación política que ofrecía, además de la cultura oriental, la occidental.

Fue durante su época en la Universidad de Pekín cuando triunfó definitivamente el marxismo de Lenin y la Revolución rusa sobre el liberalismo para marcar el rumbo de China. El Partido Comunista fue su casa y su destino desde entonces, donde vio el poder de los campesinos, cuya primera revuelta, apoyada por Stalin, fracasó.

diez frases de Mao zedong:

«Leer demasiados libros es peligroso».

«La lucha de clases, la lucha por la producción y la experimentación científica son los tres grandes movimientos revolucionarios para construir un poderoso país socialista».

​«Para corregir un error, hay que sobrepasar los límites justos: de otra manera, el error no será corregido».

​«Hacer la revolución no es ofrecer un banquete, ni escribir una obra, ni pintar un cuadro o hacer un bordado; no puede ser tan elegante, tan pausada y fina, tan apacible, amable, cortés, moderada y magnánima. Una revolución es una insurrección, es un acto de violencia mediante el cual una clase derroca a otra».

​«Todos los imperialistas son tigres de papel, parecen poderosos pero en realidad no lo son tanto, es el pueblo el que es realmente poderoso».

​«Todos los comunistas tienen que comprender esta verdad: el poder político nace del cañón de un fusil».

«La primera acción de los campesinos después de establecer su organización, consiste en reducir a polvo el prestigio y autoridad políticos de la clase terrateniente».

​«Todo lo que perjudique la unidad debe ser eliminado».

​«Cuanto más grande es el caos, más próxima está la solución».

​«El comunista debe ser sincero y franco, leal y activo, poner los intereses de la revolución por encima de su propia vida y subordinar su intereses personales a los de la revolución».

Al final Mao hizo la guerra con esos mismos campesinos armados, el Ejercito Rojo, en un sinuoso periplo de ascenso al poder y de consolidación del comunismo como base de la revolución china, pero de uno alejado del soviético en la conformación personal de un nuevo comunismo chino.

El Gran Salto Adelante fue la confirmación de la escisión, un conjunto de medidas sociales, políticas y económicas que trataron de transformar la economía agraria china en industrial y colectiva a través de la creación de comunas y otras cuestiones erradas que tuvieron como consecuencia la llamada Gran Hambruna donde murieron 50 millones de personas.

La Revolución cultural

Este fue el primer genocidio de Mao, que fue antes de la Revolución Cultural promovida para no perder el poder que le permitía mantener la idea de la lucha de clases, dañada por los programas para paliar los terribles desastres del Gran Salto. La Revolución Cultural fue otro caos sangriento con la excusa de luchar contra los restos del capitalismo.

Fue la imposición del maoísmo, admirado por tantos intelectuales occidentales de izquierda como Sartre o De Beauvoir. La lucha de clases violenta que dejó purgas, persecuciones y otros 20 millones de muertos entre ejecuciones, torturas y abusos indiscriminados. El terror rojo y el culto a la personalidad de Mao.

El maoísmo que durante un tiempo estuvo de moda entre la progresía de la época, emocionada por la «revolución antiburguesa» y anticapitalista esencial, que obvió sus horrores en contraste con otros de ideología contraria. Un silencio sepulcral de muerte que aún hoy y para siempre retumba entre las paredes de la izquierda.

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