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Un grupo de soldados daneses en el islote Hans, en 2002

Un grupo de soldados daneses en el islote Hans, en 2002AFP

Canadá y Dinamarca resuelven «la guerra del whisky» por un islote ártico sin dueño desde 1973

Ambos países han creado la primera frontera terrestre entre Canadá y la Unión Europea en la isla Hans

Canadá y Dinamarca lograron resolver un pequeño conflicto «amistoso» que los enfrentaba desde hacia décadas. Se trataba de la disputa por un pequeño, árido, y deshabitado territorio del Ártico: un islote de nombre «Hans».

A base de whisky, licores, y banderas, las dos naciones pudieron por fin zanjar la discusión, y crear la primera frontera terrestre entre Canadá y Europa. El acuerdo se firmó en una ceremonia en Ottawa, a la que asistieron sus respectivos ministros de Relaciones Exteriores.

Dividir la isla y resolver un conflicto de 49 años se presentará como un modelo para resolver pacíficamente disputas territoriales, en contraste con la guerra desatada por la invasión rusa de Ucrania a finales de febrero.

«El Ártico es un faro para la cooperación internacional, donde prevalece el Estado de derecho», dijo a la AFP la ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, Melanie Joly.

«Dado que la seguridad mundial se ve amenazada, es más importante que nunca que democracias como Canadá y Dinamarca trabajen juntas, con los pueblos indígenas, para resolver nuestras diferencias de conformidad con el derecho internacional», subrayó.

La guerra del whisky

La disputa sobre la isla Hans -de 1,3 kilómetros cuadrados y ubicada entre Ellesmere y Groenlandia- se remonta a 1973, año en que se trazó un límite marítimo entre Canadá y Groenlandia, territorio autónomo que integra el reino de Dinamarca.

Durante esas visitas ministeriales, cada lado plantaba una bandera y dejaba una botella de whisky o licor tradicional para que lo disfrutara la otra parte.

«Muchos la llamaron la guerra del whisky. Creo que fue la más amistosa de todas las guerras», dijo Joly sobre la disputa que atrajo a no menos de 26 ministros de Relaciones Exteriores a lo largo de los años, en una conferencia de prensa con su homólogo danés, Jeppe Kofod.

Este último recordó que la resolución del conflicto llega no obstante en un momento en que «el orden internacional basado en reglas está bajo presión» y los valores democráticos «están bajo ataque».

Inspirar a otros

«Vemos que se desarrollan graves violaciones de las normas internacionales en otra parte del mundo», agregó en alusión a la guerra en Ucrania.

«Por el contrario, hemos demostrado cómo las disputas de larga duración pueden resolverse pacíficamente siguiendo las reglas», indicó el ministro danés, quien dijo esperar que esta experiencia «inspire a otros países a seguir el mismo camino».

Ambos jerarcas intercambiaron botellas y se rieron de las sugerencias de que Canadá podría ahora unirse a la UE, ya que comparte una frontera terrestre con Europa.

El helado islote es inhabitable, pero con el calentamiento global atrae más tráfico de barcos al Ártico, abriéndolo a la pesca y la exploración de recursos, aunque tal vez no en el área específica de la isla Hans.

Michael Byers, experto en asuntos del Ártico, señaló que «la isla es tan increíblemente remota que es económicamente inviable contemplar cualquier actividad seria allí».

Sin embargo, posponer la resolución de esta inusual disputa territorial fue un buen teatro político para ambos países.

«Fue una disputa de soberanía totalmente libre de riesgos entre dos aliados de la OTAN sobre una isla diminuta e insignificante», dijo Byers a la AFP.

No obstante, Dinamarca temía que perder la batalla por la isla socavara las relaciones con Groenlandia, mientras que Canadá quería evitar que una pérdida del territorio debilitara su posición en una disputa más importante con Estados Unidos sobre el mar de Beaufort, en el extremo noroeste de Canadá, que se cree que es rico en hidrocarburos.

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