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18 de abril de 2024

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto a ministro de Defensa, Sergei Shoigu

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto a ministro de Defensa, Sergei ShoiguAFP

374 días de guerra en Ucrania

Y si la alternativa a Putin fuese peor…

El presidente de Rusia no tiene ninguna intención de abandonar el poder, pero varios «cachorros» suyos empiezan discretamente a posicionarse

«En los Estados con instituciones que funcionan, la desaparición de un dirigente ya sea porque abandona la política o porque se desmorona, puede aparecer en los titulares, pero no es un acontecimiento que defina el destino del país. Las cosas son muy distintas en países –como Rusia– cuyas instituciones han sido destruidas». Así se expresaba, el pasado 9 de enero, el periodista independiente ruso Roman Anin, redactor jefe de Vajnye Istorii (Historias ciertas), un medio amenazado por el poder ruso, en un artículo centrado en la guerra sucesoria dentro del Kremlin, que da por iniciada, independientemente de cuál sea el desenlace de la guerra de Ucrania.
Proseguía Anin: «al eliminar a todos sus competidores, y al haber suprimido las elecciones, [Vladimir] Putin ha privado a Rusia de la posibilidad de un traspaso de poder legítimo y pacífico y ha creado las condiciones para que el futuro del país penda de un hilo: su propia vida». Y concluía: «sea quien sea el sucesor que Vladimir Putin elija, le costará mucho conseguir que lo acepte su círculo más próximo, un círculo que es heterogéneo».
Lo que significa, además de la disparidad de intereses –sobre todo materiales– que hay personas que se posicionan para suceder a quien ha ejercido el poder en Rusia por más años que cualquier otro dirigente desde la caída del Imperio zarista. A esas personas se refería indirectamente el presidente de Francia, Emmanuel Macron, hace unos días al deslizar que «todas las opciones ajenas a Putin dentro del sistema actual me parecen peores».
Peores, puede, si bien ha sido el mismísimo Putin el que ha configurado sus carreras y, en la mayoría de los casos, ha sido la palanca que les ha permitido amasar fortunas colosales. Como explica la ensayista Tatiana Katsueva en La Russie en 100 questions, Putin accedió a la presidencia de Rusia «sin disponer de una base política propia, teniendo que arreglárselas, en un primer momento, con el antiguo equipo de [Boris] Yeltsin». El caso más llamativo es el de Anatoly Chubais, hoy huido de Rusia.
Chubais y sus similares fueron paulatinamente sustituidos por los silovki, nombre por el que se conoce a la élite procedente del aparato del Estado, principalmente los servicios de inteligencia y seguridad, las Fuerzas Armadas. También, en menor medida, de otras administraciones. A la postre, estas nuevas élites han organizado sus propios entramados de intereses, a menudo dispares entre sí, que Putin administra hábilmente, cuidándose de que ninguno tome una ventaja desahogada sobre otro.
Para Katsueva-Jean, «estas élites […] se benefician de su fidelidad al sistema, y cederán a la tentación de perpetuarlo más allá de Putin para preservar sus posiciones y las de sus hijos». Una alusión, más o menos velada, aunque no exclusiva, a Dimitri Patrushev, hijo de Nikolai Patrushev, actual secretario del Consejo de Seguridad de Rusia. A sus 44 años, el retoño se desempeña como ministro de Agricultura y su adhesión al sistema es inquebrantable y es visto como una garantía de continuidad a largo plazo.
Dimitri Patrushev, ministro de agricultura de Rusia y posible relevo de Putin

Dimitri Patrushev, ministro de agricultura de Rusia y posible relevo de Putin

Porque a corto es su progenitor quien, a día de hoy, conserva una mayor cuota de poder, y también una cosmovisión calcada en la de Putin. Si cayera este último, Patrushev padre sería uno de los mejores situados para sucederle. Dispone, además, de unidades de seguridad a su servicio. De capa caída, debido a la evolución militar de la guerra, está el ministro de Defensa, Serguei Shoigu, que durante un tiempo apareció como un potencial «heredero».
Otro de los nombres que circulan desde hace tiempo en los mentideros y también en los documentos de los think tanks es el de Alexei Dyumin, antiguo escolta de Putin, hoy gobernador de una provincia cercana a Moscú. El gran jefe le ha elogiado en público, cosa que no ha hecho con su ex primer ministro, Dimitry Medvedev, al que dejó ejercer la presidencia entre 2008 y 2012, obligado por el imperativo constitucional de entonces. Antaño moderado, la reciente radicalización de su discurso es vista como un posicionamiento en la carrera sucesoria.
Alexei Dyumin, exescolta de Vladimir Putin y actual gobernador de la región rusa de Tula

Alexei Dyumin, exescolta de Vladimir Putin y actual gobernador de la región rusa de Tulatwitter

La peor opción, en todo caso, sería la de Evgueni Prigoyin, el mandamás de Wagner: condenado por robo, agresión, estafa e implicación de menores en actividades delictivas, comenzó su «carrera» estrangulando a mujeres y arrancándoles después los pendientes de oro mientras estaban inconscientes. Unos antecedentes que le han permitido constituir Wagner, ejército privado de varios miles de reclutas, con sus propios aviones, vehículos blindados y lanzacohetes.
Wagner está repleto de delincuentes. Que también son sádicos: arrancan la cabeza a los prisioneros a mazazos, jaleados por propagandistas que despotrican en directo por televisión.
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