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01 de marzo de 2024

El primer ministro polaco Mateusz Morawiecki

El primer ministro polaco Mateusz MorawieckiEFE

Europa

Zelenski dinamita el apoyo incondicional de Polonia: Varsovia pone fin al suministro de armas

El suministro de grano ucraniano se ha convertido en el caballo de batalla entre los dos países, que han pasado de ser grandes aliados a echarse los trastos a la cabeza

Los apoyos a Ucrania parecen ir disminuyendo y al presidente Volodomir Zelenski se le acumulan los frentes abiertos. Rusia ya vaticinó que, tarde o temprano, Europa perdería el interés en la guerra y con Polonia ha acertado. Varsovia, y tras varios meses de disputas con Kiev, ha anunciado que no suministrará más armas al país vecino.
El país europeo que con mayor firmeza ha apoyado a Ucrania en la invasión rusa rompe así con su determinación y, según afirmó el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, Varsovia ya ha dejado de transferir armas a Kiev «porque ahora estamos equipando a Polonia con armas más modernas». El argumento oficial que esgrime el país báltico es que ahora están concentrados en modernizar su propio Ejército.
Sin embargo, la intrahistoria es muy diferente. El anuncio de Morawiecki tuvo lugar justo después de que Zelenski pronunciará un discurso ante la Asamblea General de la ONU acusando a algunos países Europeos de permitir que la polémica por las exportaciones de grano beneficiara a Rusia.
«Algunos países fingen solidaridad –con Ucrania– apoyando indirectamente a Rusia», declaró el presidente ucraniano en Nueva York. Unas afirmaciones que no sentaron nada bien en Polonia y que, inmediatamente, salieron a desmentir. El país báltico denunció que se trataba de «una tesis falsa y particularmente injustificada con respecto a Polonia, que ha apoyado a Ucrania desde los primeros días de la guerra».
La cuestión del grano o guerra del campo se ha convertido en un escollo difícil de superar entre los dos grandes aliados. La invasión rusa de Ucrania ha provocado el bloqueo de las rutas comerciales a través del mar Negro, por lo que la Unión Europea se ha convertido en su principal vía de tránsito y destino exportador de cereales ucranianos.
La UE decidió entonces eliminar los aranceles y las cuotas de importación para los productos ucranianos. Una medida que países como Polonia, Hungría o Eslovaquia han sufrido en sus propias carnes, ya que han afectado a sus agricultores que no pueden competir con el grano del país vecino. Para Varsovia, la cuestión es incluso más sensible con unas elecciones a la vuelta de la esquina.
El país báltico se enfrenta a unos comicios el próximo mes de octubre. El partido gobernante Ley y Justicia (PiS) ha centrado gran parte de su discurso en la crisis del grano y ha prometido que mantendrá el embargo a estos productos, a pesar de que el pasado viernes, la Comisión Europea anunció el cese de estas restricciones, alegando que «las distorsiones en los cinco países miembros vecinos de Ucrania han desaparecido».
Polonia, junto con Hungría y Eslovaquia desafiaron la decisión de Bruselas e impusieron embargos unilaterales. En este cruce de reproches, Ucrania amenazó con elevar la disputa ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). Finalmente, la escalada ha acabado con Varsovia poniendo fin al envío de armamento a Kiev y marcando distancias de Zelenski, cuyo discurso ayer acabó por dinamitar la ya tensionada relación con el país báltico.
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