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29 de mayo de 2024

Soldados israelíes en un vehículo blindado en una posición cerca de la frontera con Gaza, en el sur de Israel

Soldados israelíes en un vehículo blindado en una posición cerca de la frontera con Gaza, en el sur de Israel

El plan de tres fases de Israel para acabar con Hamás en la Franja de Gaza

La incursión terrestre del Ejército israelí parece estar cada vez más cerca, mientras la situación humanitaria en el enclave palestino se ha vuelto insostenible

El mundo contiene el aliento ante la inminente operación terrestre del Ejército israelí en la Franja de Gaza para acabar, de una vez por todas, con Hamás. Sin embargo, 15 días después del terrible ataque terrorista de la organización fundamentalista, el Estado judío acumula fuerzas, vehículos blindados y tanques en los alrededores del enclave palestino, pero, por ahora, se resiste a entrar.
A pesar de la superioridad tanto tecnológica como armamentística de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) frente a una milicia como Hamás, la Franja se puede convertir en la peor pesadilla de los soldados israelíes. El enclave está plagado de túneles subterráneos que los milicianos palestinos conocen a la perfección. Ante este escenario, los israelíes juegan con desventaja, en un entorno donde los carros de combate y vehículos blindados se vuelven inútiles y lo más probable es que la operación terrestre se traduzca en una guerra de guerrillas, una batalla de cuerpo a cuerpo.
Aun así, la incursión en la Franja de Gaza se llevará a cabo más pronto que tarde. El jueves, el ministro de Defensa de Israel, Yoav Gallant, se desplazó hasta la frontera con el enclave palestino y aseguró a los soldados que «pronto» verían la Franja «desde dentro». Gallant ha simplificado el plan de acción del Ejército del país hebreo en tres fases. El ministro de Defensa ha asegurado que el objetivo principal es «destruir al grupo terrorista» y que una vez cumplido ese propósito habrá una nueva «realidad de seguridad» en el territorio.
Israel, en palabras de su ministro, estaría ahora mismo en la primera fase de este plan de guerra. «Estamos en la primera fase, en la que tiene lugar una campaña militar con –ataques aéreos– y posteriormente con una maniobra –terrestre– con el propósito de destruir operativos y dañar infraestructuras para derrotar y destruir a Hamás», señaló Gallant.
El país hebreo lleva 14 días bombardeando el enclave palestino, día y noche, sin descanso. Lanzando ataques aéreos, sobre todo, en el norte, donde el Gobierno de Benjamin Netanyahu dio la semana pasada un ultimátum a los gazatíes para evacuar la zona. La segunda fase, por tanto, está definida como la continuación de los combates, pero a menor intensidad, mientras las tropas trabajan para «eliminar los focos de resistencia».
En otras palabras, el Ejército israelí llevará a cabo operaciones y ataques quirúrgicos para eliminar objetivos concretos. Para dar paso a la última fase del plan de guerra, «la creación de un nuevo régimen de seguridad en la Franja de Gaza, la eliminación de la responsabilidad de Israel en la vida cotidiana del enclave y la creación de una nueva realidad de seguridad para los ciudadanos de Israel y los residentes de la zona que rodea Gaza», explicó el ministro de Defensa israelí.
Israel asegura que ya no tiene responsabilidad sobre el enclave palestino, desde su retirada en 2005. Aun así, mantiene un férreo control de su espacio aéreo y marítimo, por lo que la gran duda es quién pasará a administrar la Franja de Gaza, una vez se haya descabezado al grupo terrorista Hamás, que gobierna en el enclave desde 2007. Ante la inminente operación terrestre de Israel, los países vecinos temen que la guerra se desborde y acabe desestabilizando al resto de naciones árabes.
Egipto y Jordania ya han advertido de que el desplazamiento forzoso de palestinos es «una línea roja». «Si la guerra no para, abocará a la región entera la catástrofe», ha advertido esta semana el Rey Abdalá II de Jordania. Líderes mundiales se reúnen hoy en Egipto para abordar el conflicto entre Hamás e Israel con la mirada puesta en la necesidad de abrir corredores humanitarios para los millones de gazatíes, encerrados sin agua, electricidad ni comida, y la liberación de los doscientos rehenes, que Hamás retiene como moneda de cambio desde el pasado 7 de octubre.
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