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El presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro británico, Keir Starmer

El presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro británico, Keir StarmerAFP

Australia y Reino Unido, los últimos en protestar por los aranceles de Trump

El presidente de Estados Unidos insiste en que «la gran victoria es si (las empresas) se mudan a nuestro país» y no los impuestos a las importaciones

El ministro británico de Empresa y Comercio, Jonathan Reynolds, se mostró este miércoles decepcionado por la aplicación por parte de Estados Unidos de aranceles a las importaciones de acero y aluminio pero subrayó que su Gobierno busca «un enfoque pragmático». No reaccionó de la misma manera el primer ministro de Australia, Anthony Albanese, al advertir que los aranceles de EE.UU. son «totalmente injustificados» y lamentar las formas y el modo de Trump de tratar a los países amigos.

«Australia tiene una relación estrecha con Estados Unidos. Los amigos deben actuar de una manera que refuerce, ante nuestras respectivas poblaciones, el hecho de que somos amigos», recordó Albanese durante una rueda de prensa.

Por su parte, el Ejecutivo de Keir Starmer aclaró que no prevé medidas inmediatas de represalia, como anunció la Unión Europea, peor que tratará de «negociar rápidamente un acuerdo económico para eliminar los aranceles adicionales» y beneficiar así a la economía británica.

El ministro Reynolds dijo que seguirá colaborando «estrecha y productivamente» con EE.UU. para defender los intereses comerciales del Reino Unido, si bien mantiene «todas las opciones sobre la mesa» y no dudará en responder «en aras del interés nacional».

El Gobierno británico estima que alrededor del 5 % de las exportaciones de acero de este país y el 6 % de las de aluminio, en volumen, se destinan a Estados Unidos, aunque la asociación del sector del aluminio calcula que ese mercado representa el 10 %, valorado en unos 225 millones de libras (270 millones de euros).

La UE no tiene paciencia

La UE anunció este miércoles contramedidas «rápidas y proporcionadas» a los nuevos aranceles «injustificados» de la primera potencia mundial, que afectarían a exportaciones de bienes estadounidenses por valor de unos 26.000 millones de euros

Los aranceles impuestos por Estados Unidos para el acero y aluminio importados entraron en vigor este miércoles en un momento de creciente incertidumbre en los mercados por los cambios de rumbo del Gobierno de Donald Trump en su política comercial, especialmente enzarzado en disputas comerciales con Canadá.

Los aranceles del 25 % al acero y aluminio importado a EE.UU. comenzaron nada más pasar la medianoche sin excepciones y afectarán sobre todo a Brasil, México, Corea del Sur y Vietnam, en acero; y a Emiratos Árabes Unidos, Rusia y China, en aluminio.

El caso de Canadá

El más afectado será Canadá, un importante origen tanto de importaciones de ambos metales, y con quien este martes Trump mantuvo un pulso por la subida de los precios de la energía por parte de la provincia de Ontario.

Tras anunciar en febrero que el 12 de marzo se activarían gravámenes del 25 % para todo el acero y aluminio procedente de fuera, Trump comunicó a primera hora del martes que la tasa para Canadá –el país que mayor volumen de estos dos metales suministra a EE.UU.– sería el doble, del 50 %.

Trump explicó que la medida es una respuesta a la decisión adoptada por la provincia canadiense de Ontario de incrementar desde el pasado lunes en un 25 % el precio de la electricidad que suministra a Estados Unidos. Esa decisión fue a su vez una réplica al tono especialmente agresivo que el presidente estadounidense mantiene contra el país vecino, tanto en términos mercantiles como de soberanía.

Poco después, el jefe de Gobierno de Ontario, el conservador Doug Ford, anunció la suspensión temporal de esa subida de la tarifa eléctrica para los estados de Míchigan, Minesota y Nueva York tras explicar que él y el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, han decido retomar el diálogo y se reunirán este jueves en Washington.

La cadena de vaivenes prosiguió con el presidente estadounidense respondiendo al anuncio de Ford con un mensaje en el que dejó abierta la puerta a suspender los aranceles adicionales al acero y aluminio canadiense.

El rencor de Trump con Trudeau

«Había un señor muy fuerte en Canadá que dijo que iba a imponer impuestos y costes a la electricidad de Estados Unidos y hemos sido informados hace poco que no lo va a hacer», indicó Trump, antes de añadir que «probablemente» reconsiderará esos nuevos aranceles anunciados contra Canadá.

El mensaje no evitó que, minutos después, Wall Street cerrara con otra caída tras el batacazo del lunes, subrayando así el impacto cada vez más negativo que los giros de Washington están teniendo en los mercados entre crecientes temores a una recesión en EE.UU..

Mientras inversores, consumidores y expertos tratan de anticipar si la ofensiva arancelaria del magnate neoyorquino es un plan a largo plazo o una estrategia de presión que busca resultados más inmediatos, como sucedió en su primer mandato (2017-2021), Trump dejó el martes un comentario en un foro con empresarios que parece apuntar a lo segundo.

Importar empresas a EE. UU.

«La gran victoria no es el arancel, que es una gran victoria porque supone mucho dinero; la gran victoria es si (las empresas) se mudan a nuestro país», explicó refiriéndose a su promesa electoral de que compañías locales y foráneas inviertan más en operaciones, especialmente manufactureras, en suelo estadounidense.

Desde su retorno a la Casa Blanca, Trump ha apostado por activar aranceles para corregir lo que considera déficits comerciales injustos para Washington y, sobre todo, como medida de presión contra México, Canadá y China para reducir el flujo de fentanilo que entra por las fronteras estadounidenses.

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