A partir de hoy, el acero y el aluminio importado a Estados Unidos tendrá aranceles del 25 %
¿Cómo afectarán a España, y al resto del mundo, los aranceles de Trump que entran en vigor hoy?
Después de muchos tira y afloja, de amenazas y avisos, a partir de este miércoles, 12 de marzo, Washington impone su medida de aranceles del 25 % al acero y aluminio importados. Esta decisión impactará no solo en los socios comerciales de Estados Unidos, sino en toda la cadena de producción industrial del país, encareciendo desde automóviles hasta productos de alimentación enlatados. Sin embargo, la gran incógnita sigue siendo cómo responderán los países afectados, incluida la Unión Europea y, en particular, España.
Estados Unidos importa una cuarta parte del acero que consume y más del 50 % del aluminio, con Canadá como su principal proveedor. El endurecimiento de las tasas aduaneras golpeará especialmente a la industria metalúrgica canadiense, mientras que Brasil, México y la Unión Europea también sufrirán el impacto. Aunque sus exportaciones de acero a EE.UU. no son tan cruciales como las de Canadá, países como Alemania y España sentirán la presión en sus sectores industriales.
El efecto inmediato de estos aranceles será el encarecimiento de los productos que dependen del acero y el aluminio, desde infraestructuras y vehículos hasta envases de bebidas. La industria estadounidense, que necesita estos materiales, se verá forzada a trasladar el aumento de costes a los consumidores, lo que podría traducirse en una subida de precios en varios sectores clave.
Para España, los aranceles de Trump no llegan en el mejor momento. Con un déficit comercial creciente con EE.UU. (que en 2024 alcanzó los 10.000 millones de euros), la decisión del republicano añade incertidumbre a sectores estratégicos como el acero, la automoción y la alimentación.
Las exportaciones españolas al país norteamericano, que ascendieron a 18.179 millones de euros en 2024, se verán afectadas, especialmente en productos como el aceite de oliva y el material eléctrico, que podrían encarecerse o perder competitividad en el mercado estadounidense. Según estimaciones de la Cámara de Comercio, las ventas españolas a EE.UU. podrían caer hasta un 25 %, lo que supondría un impacto de 4.300 millones de euros.
Un hombre lee periódicos mexicanos con la noticia del aumento de aranceles por parte del presidente estadounidense Donald Trump
Si bien el PIB español no sufriría un golpe crítico (se estima una caída del 0,27 % en el peor escenario), ciertos sectores sentirán la presión de inmediato. La industria aceitera, por ejemplo, podría verse obligada a buscar nuevos mercados o ajustar sus precios.
Bruselas, en pie de guerra
La Comisión Europea ya ha advertido que responderá con firmeza a los aranceles de Trump. En anteriores disputas comerciales, la UE ha recurrido a represalias como gravar productos emblemáticos de EE.UU., desde motocicletas Harley-Davidson hasta bourbon. Esta vez, la estrategia podría ser similar, aunque Bruselas intentará primero negociar con Washington para evitar una escalada innecesaria.
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha dejado claro que Europa no se quedará de brazos cruzados. «Si Estados Unidos nos impone aranceles injustificados, la UE responderá con la misma contundencia», afirmó.
Aunque Trump sostiene que su política arancelaria busca corregir el déficit comercial de EE.UU., la historia reciente demuestra que estas medidas suelen tener efectos contraproducentes. En su primer mandato, la subida temporal de los aranceles al acero ya provocó la pérdida de 75.000 empleos en la industria manufacturera estadounidense, que sufrió el encarecimiento del material.
Mallá del Viejo Continente, los efectos de los aranceles de Trump se sentirán en todo el mundo. Canadá, el mayor exportador de acero y aluminio a EE.UU., será el país más afectado, ya que hasta el 80 % de su producción de estos metales se destina al mercado estadounidense. Con el nuevo arancel del 50 %, las siderúrgicas canadienses podrían enfrentar pérdidas millonarias, cierres de plantas y despidos masivos. La respuesta de Ottawa podría incluir aranceles sobre productos estadounidenses estratégicos, como automóviles o productos agrícolas, lo que agravaría aún más la tensión comercial entre ambos países.
Países exportadores de materias primas, como Brasil o México, también sufrirán la caída de la demanda de acero y aluminio por parte de EE.UU., lo que podría afectar a sus economías en un momento en el que el crecimiento mundial ya muestra signos de desaceleración. Además, China, que sigue siendo un actor clave en la industria siderúrgica, podría aprovechar la situación para reforzar su presencia en mercados alternativos, intensificando su competencia con los productores europeos y americanos. Una guerra comercial, la buscada por Trump, que entra ahora en una nueva fase que amenaza con reconfigurar alianzas en el tablero geopolítico.