El presidente estadounidense, Donald Trump
Las claves de la ley presupuestaria de Trump (o por qué promete recortes mientras dispara la deuda)
Este martes, tras una histórica votación que se extendió hasta unas 26 horas, el Senado de Estados Unidos, necesitando el voto de desempate del vicepresidente J.D. Vance, aprobó el megaproyecto de ley presupuestaria de Donald Trump, denominado la ley «grande y hermosa». Ahora, la ley, vuelve a la Cámara de Representantes, donde ya fue aprobada en mayo también por un único voto.
Por si fuese poco, la climatología está jugando en contra del presidente. Debido al estrecho margen para aprobarla, los republicanos necesitan tener a todos sus miembros presentes en la votación, y las tormentas que están asolando al país —como bien sabrán los que estén siguiendo el Mundial de Clubes— pueden provocar que muchos de los diputados no estén presentes en la votación.
Aunque estén todos los republicanos, la ley sigue pendiendo de un hilo pues el ala más conservadora del partido se muestra muy reacia a aprobar una ley que se espera que añada más de tres billones de dólares a la deuda pública dentro de 10 años. De hecho, la gran crítica a Trump es por qué si gran parte de su campaña se basó en prometer recortes y gastos, ahora la deuda va a aumentar tan considerablemente.
El presidente, en su retórica habitual, ha afirmado que esta ley «será una de las piezas legislativas más exitosas jamás aprobadas». «Nuestro país hará una fortuna este año, más que cualquiera de nuestros competidores, ¡pero solo si se aprueba la Gran y Hermosa Ley! Como dicen, Trump ha acertado en todo, y este es el más fácil de predecir. Tenemos todas las cartas y las vamos a usar», aseguró el mandatario en Truth Social.
En concreto, la 'One, Big, Beautiful Bill' (BBB, por sus siglas en inglés), es más que una ley presupuestaria. Es, sobre todo, un compendio de prioridades del trumpismo. Es decir, recorte de impuestos, recorte de ayudas sociales, más gasto militar y una ofensiva ideológica contra las energías renovables.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, flanqueado por el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson (izq.)
El problema, según afirma la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) —un organismo no partidista—, es que esta ley añadirá, al menos, 3,3 billones de dólares a la deuda pública en los próximos diez años. La contradicción es difícil de ignorar, pues mientras el presidente promete recortes, el resultado es un enorme agujero fiscal. ¿Cómo se explica?
Una ley ómnibus con efecto dominó
En sus 960 páginas, la 'One, Big, Beautiful Bill' incorpora decenas de disposiciones que afectan al sistema tributario, la política migratoria, el gasto social, la energía o la educación superior. Bajo el procedimiento de reconciliación —que permite aprobar medidas presupuestarias con mayoría simple en el Senado—, los republicanos han volcado aquí muchas de sus obsesiones legislativas.
La piedra angular es la bajada de impuestos, con especial atención a las rentas altas y las empresas. Se consolidan los recortes fiscales de 2017, y se incorporan nuevas ventajas, como la eliminación de impuestos sobre las propinas, deducciones para jubilados, bonificaciones por comprar vehículos fabricados en Estados Unidos o la llamada «cuenta Trump», una especie de fondo bursátil con 1.000 dólares públicos para cada recién nacido.
Para compensar la pérdida de ingresos fiscales, la ley contempla recortes profundos en programas sociales. El Medicaid, el Medicare, el Obamacare, los cupones de alimentos (SNAP) y los préstamos estudiantiles pierden recursos. En conjunto, se estima que unos 12 millones de personas podrían quedarse sin cobertura médica, mientras que millones más verían reducidas sus ayudas alimentarias.
Pero lo que se recorta por un lado se gasta por otro. El proyecto aumenta en 150.000 millones el presupuesto militar, con inversiones en la industria naval y el nuevo sistema antimisiles «Cúpula Dorada». También destina 175.000 millones para reforzar las deportaciones y ampliar el muro en la frontera sur. No hay tijera para esas partidas.
La Casa Blanca defiende que la rebaja fiscal estimulará el crecimiento económico y, por tanto, compensará la pérdida de ingresos. Pero ni los analistas ni las cifras del propio Congreso lo avalan. Al contrario, la CBO advierte de que la deuda nacional escalará de forma significativa y que el déficit estructural se agravará aún más.
Este proyecto ha levantado duras críticas dentro del propio seno de los republicanos, e incluso fue una de las causas del enfado entre Elon Musk y el presidente. Concretamente, el magnate ha acusado a Trump de ignorar el impacto fiscal y de perjudicar deliberadamente al sector de las renovables, clave para su empresa Tesla. «Absolutamente loco y destructivo. Le regala dinero a las industrias del pasado mientras daña severamente las industrias del futuro», indicó el empresario en X después de que el Senado aprobara el proyecto.
Mientras republicanos y demócratas intentan llegar a tiempo y se preparan para votar en una histórica sesión en la Cámara de Representantes, las cuentas del país contienen la respiración para ver qué deparará una ley que promete disciplina fiscal y podría acabar disparando la deuda. Una «bella y grande» paradoja.