Protestas contra Netanyahu en Washington D.C.
Netanyahu, otra vez contra las cuerdas: uno de sus socios abandona la coalición y complica su mandato
Hace apenas un mes, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, salvó la bola de partido. La votación parlamentaria para disolver la Knéset —el Parlamento israelí—, que planteó la oposición y que, en caso de prosperar en esa y sucesivas votaciones, habría obligado a convocar nuevas elecciones, no alcanzó los votos suficientes, pese a que dos de los partidos de la coalición gobernante, Shas y Judaísmo Unido de la Torá, amenazaron con sumarse a la misma.
Netanyahu venció esa batalla, con pactos entre bambalinas a última hora, pero está lejos de ganar la guerra. La de la política interna. Este lunes, poco más de un mes después de esa votación, la disputa ha vuelto a las andadas y el partido ultraortodoxo Judaísmo Unido de la Torá ha anunciado su decisión de abandonar el Gobierno. Las renuncias tardan 48 horas en volverse efectivas, dándole ahora un plazo a Netanyahu para realizar un pacto a contrarreloj que le pueda salvar.
De todos modos, en este caso la rebelión interna no ha sido completa. El otro partido ultraortodoxo, Shas, todavía no se ha pronunciado sobre una salida del Gobierno. Con solo siete escaños, Judaísmo Unido de la Torá no tiene la capacidad para derrocar al Gobierno —que ostenta 68 de los 120 asientos de la Knéset— si cambia de bando, pero si Shas, que posee 11, se le une, la coalición gobernante dejaría de tener mayoría y, por tanto, tendría todas las de caer.
Eso en principio. Según avanza el diario The Times of Israel, los dos partidos haredíes no están interesados en derrocar la coalición en este momento. El próximo receso de tres meses de la Knéset, que comienza el 27 de julio, le daría tiempo a Netanyahu para intentar llegar a un acuerdo mientras gobierna en minoría. Sin embargo, si no se llega a un acuerdo en estos meses y la legislación sigue estancada, Shas y el Judaísmo Unido de la Torá intentarán disolver el gobierno, según informó el domingo la emisora nacional Kan.
¿Cuál es la causa de la disputa?
Los dos partidos ultraortodoxos lo que piden es una exención militar. Quieren que el Gobierno apruebe un plan que permita mantener gran parte de las exenciones a los miembros de su comunidad que, desde la fundación del Estado de Israel, permitían a los judíos que estudiaban a tiempo completo en una escuela religiosa no hacer el servicio militar obligatorio.
Para la comunidad ultraortodoxa, conocidos como haredíes, estudiar la Torá es tan importante para la defensa de Israel como servir en el campo de batalla, y es por eso que durante décadas han disfrutado de una exencion especial del servicio militar. Ahora exigen que la Knéset apruebe urgentemente una ley que formalice su exención del servicio militar de forma permanente y con protección legal, antes de que el Tribunal Supremo prohíba una práctica que muchos consideran discriminatoria contra los ciudadanos laicos.
Donald Trump y Benjamin Netanyahu durante una reunión en la Casa Blanca
La iniciativa, sin embargo, está bloqueada en el Parlamento desde hace meses, ya que el parlamentario encargado de tramitarla, Yuli Edelstein, se niega a contemplar una propuesta que no aumente significativamente el número de personas que puede reclutar el Ejército.
El debate está encendido, pues mientras los líderes religiosos creen que los estudios son una ocupación sacrosanta, otras facciones piden reforzar todo lo posible el Ejército para ocuparse de todos los frentes abiertos que tiene Israel —la franja de Gaza, Irán, Siria, el Líbano, los hutíes de Yemen—. Si ceden a las exigencias de los ultraortodoxos, también estaría renunciando a engrosar las listas de su Ejército en tiempos de guerra.
Israel no ha celebrado elecciones desde que comenzó el conflicto con Hamás en octubre de 2023 y, aunque los próximos comicios están programados para finales de 2026, estos se podrían adelantar. Mientras Israel logra victorias en el ámbito internacional, respaldados por Donald Trump, en el ámbito interno la historia para Netanyahu es diferente. Y, como decía Henry Kissinger, en Israel solo existe la política interna.