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Combatientes de tribus beduinas se reúnen cerca de un edificio en llamas en la aldea de al-Mazraa, en la gobernación de Sweida, al sur de Siria

Combatientes de tribus beduinas en la aldea de al-Mazraa, en la gobernación de Sweida, al sur de SiriaAFP

Máxima tensión en Siria por nuevos enfrentamientos entre drusos y beduinos tras el fracaso de la tregua

A pesar de la entrada en vigor del alto el fuego y la retirada de las fuerzas gubernamentales, la sureña ciudad de Sweida sigue sufriendo las consecuencias de un nuevo estallido de violencia sectaria

A pesar del alto el fuego acordado este martes entre el Gobierno de Siria, apoyado por los clanes beduinos, y los drusos de la sureña ciudad de Sweida, los enfrentamientos se han mantenido por sexto día consecutivo. Las fuerzas gubernamentales aceptaron retirarse de la urbe, pero esto no ha ayudado a rebajar la violencia. En las últimas horas, nuevos milicianos suníes han llegado a Sweida para enfrentarse a la minoría drusa.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), que cuenta con observadores en el terreno, cifra en 600 los muertos por este nuevo conflicto sectario. La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) aporta otro dato desolador: al menos 60.000 personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares por miedo a ser objetivo de nuevas matanzas, mientras que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) eleva el dato a cerca de unos 80.000 sirios.

«La situación es alarmante, es difícil operar y nuestra capacidad es limitada, mientras que las necesidades son considerables, sobre todo en atención médica (...) Tenemos reservas y contamos con distribuirlas tan pronto como la situación de seguridad lo permita», alertó este viernes desde Ginebra el portavoz de ACNUR, William Splinder.

El organismo de Naciones Unidas apuntó que entre los responsables de esta nueva ola de violencia se encuentran «miembros de las fuerzas de seguridad y personas afiliadas a las autoridades provisionales, así como otros elementos armados de la zona, incluidos drusos y beduinos». Desde la caída del régimen de Bashar al-Assad el pasado mes de diciembre y la llegada al poder de la organización islamista Hayat Tahrir al-Sham (HTS), bajo el mando del exmiembro de Al-Qaeda Ahmed al-Sharaa, la venganza entre las minorías ha llevado al país a protagonizar masacres como la de los alauíes el pasado mes de marzo.

A pesar de los nuevos enfrentamientos que se registran en el sur de Siria, Damasco aseguró este viernes que sus tropas se mantienen en «un estado normal de preparación» y negó tajantemente las informaciones que aseguraban que se habían vuelto a desplegar en la provincia sureña de Sweida. En la madrugada de este jueves, el presidente interino de Siria había ordenado la completa retirada de todas sus tropas de la urbe, como parte de un acuerdo de tregua con los drusos, mayoría en esa región.

Sin embargo, menos de 24 horas después de entrar en vigor el acuerdo de alto el fuego, Al-Sharaa acusó a los drusos, a través de un comunicado difundido por la agencia de noticias SANA, de violar la tregua con actos de «violencia horrible» contra civiles y arremetió también contra la «interferencia israelí descarada y continua». Israel entró de lleno en el conflicto local, so pretexto de proteger a la minoría drusa, que también habita en el país hebreo. Este lunes bombardeó los alrededores de Sweida para, según explicó el Gobierno de Benjamin Netanyahu, evitar que las fuerzas gubernamentales entraran en la ciudad.

Este miércoles, el Ejército hebreo fue un paso más allá y atacó la capital, Damasco, alcanzando la sede del Estado Mayor del Ejército sirio, el Ministerio de Defensa y la zona del palacio presidencial. Además, Israel ha reforzado su presencia militar en la frontera con Siria y ha iniciado la construcción de un nuevo muro para evitar que se repitan las escenas de estos días, cuando miles de drusos israelíes cruzaron la linde de separación para reencontrarse con sus familiares sirios. A última hora del jueves, el país hebreo volvió a bombardear la provincia de Sweida, mientras Netanyahu defendía el uso de la fuerza como herramienta para lograr la paz.

Por su parte, Ahmed al-Sharaa, que de nuevo se ve obligado a rendir cuentas por un nuevo estallido de violencia sectaria que salpica a sus filas, en un discurso a la nación llamó a la unidad de todos los sirios y condenó las acciones israelíes, aunque evitó ir al choque total. «Nos enfrentábamos a dos opciones: abrir una guerra con la entidad israelí a expensas de nuestro pueblo druso y de su seguridad, desestabilizar Siria y toda la región. O permitir a los sheijs –líderes– drusos y eruditos que entraran en razón y dieran prioridad al interés nacional», aclaró.

Así, el presidente interino de Siria se comprometió a castigar a todos aquellos que cometan abusos contra la minoría drusa. «Estamos decididos a exigir responsabilidades a quienes han transgredido y abusado de nuestro pueblo druso. Ellos están bajo la protección y responsabilidad del Estado; la ley y la justicia protegen los derechos de todos sin excepción», aseveró Al-Sharaa. Sin embargo, ahora la prioridad del líder islamista es poner fin a los enfrentamientos y aplacar la violencia sectaria que consume al país árabe.

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