Pedro Sánchez y su mujer, Begoña Gómez, de vacaciones en Ibiza
¿Cuántas vacaciones tienen los dirigentes europeos? De los 23 días de Sánchez a los cero de Starmer
El verano marca una tregua parcial en la política europea. Con los parlamentos en receso y las agendas oficiales atenuadas, los principales dirigentes del continente se toman un tiempo —más o menos prolongado— para descansar. Pero el modo en que lo hacen, y el relato que se construye en torno a ese descanso, varía significativamente entre países. Desde el largo paréntesis de Pedro Sánchez en Lanzarote hasta la renuncia explícita de Keir Starmer a interrumpir su actividad, las vacaciones de los jefes de Gobierno ofrecen también una lectura política.
El presidente del Gobierno español ha iniciado, en medio de las gigantescas polémicas que le acorralan, un verano de 23 días consecutivos en la residencia oficial de La Mareta, en Lanzarote. Frente a veranos anteriores, marcados por viajes al extranjero o estancias más breves en Doñana, Sánchez ha optado esta vez por un periodo continuo y sin desplazamientos públicos, aunque bajo la mirada crítica de parte de la población local. El entorno del presidente no ha descartado que pueda interrumpir sus vacaciones ante alguna eventualidad política, como ocurrió en 2021.
En Francia, el presidente Emmanuel Macron mantiene la tradición de trasladarse en agosto al Fuerte de Brégançon, residencia oficial de verano de los jefes del Estado. Aunque no se ha precisado el número exacto de días, se espera que permanezca allí buena parte del mes, acompañado por su entorno más cercano. El lugar no solo garantiza seguridad y discreción, sino que permite al mandatario continuar con ciertas tareas institucionales en un entorno controlado. Mientras tanto, figuras de la oposición como Marine Le Pen o Jordan Bardella se reparten entre destinos en Bretaña, el Caribe o el norte de Italia, con un perfil bajo.
En Italia, Giorgia Meloni ha rodeado sus vacaciones de un hermetismo absoluto. A diferencia del año pasado, cuando fue fotografiada en Apulia y en la costa toscana, este verano no se ha confirmado ni su salida de Roma ni el lugar elegido para descansar. Su entorno asegura que tomará unos días a mediados de agosto, pero evita ofrecer cualquier detalle. Se barajan destinos como Cerdeña, Argentario o incluso Albania, aunque la prioridad parece ser evitar cualquier tipo de exposición pública. El único punto en el que coinciden sus colaboradores es que, antes de participar en un evento en Rímini a finales de mes, pasará unos días en el sur de Italia, probablemente junto a su hija. En todo caso, su voluntad de mantenerse fuera del foco mediático es explícita.
El caso del primer ministro británico, Keir Starmer, es distinto. Tras cancelar sus vacaciones en 2024 debido a los disturbios registrados en varias ciudades del país —cuando acaba de ser elegido primer ministro británico—, este año también ha optado, al menos por el momento, por mantenerse en activo. No ha trascendido si se tomará días libres, aunque diversas encuestas reflejan que una parte significativa de la opinión pública considera que no debería hacerlo. Según un sondeo de Ipsos, un tercio de los británicos cree que el primer ministro debe tener menos vacaciones que un trabajador medio, y un 5 % sostiene que no debería tener ningún día libre. La mayoría, en cualquier caso, considera que debe permanecer localizable en todo momento. Starmer ha evitado comentar al respecto.
Las protestas en Reino Unido en 2024
En Alemania, el nuevo canciller, Friedrich Merz, encara su primer verano en el cargo sin que se haya confirmado ningún periodo de descanso. Aunque el Bundestag —el Parlamento alemán— ha iniciado su receso hasta septiembre, el Ejecutivo ha atravesado en los últimos días una crisis interna por el fallido intento de renovación de parte del Tribunal Constitucional. Merz ha mantenido una agenda activa, con declaraciones públicas sobre el conflicto en Gaza y reuniones de carácter nacional. De momento, ni su equipo ni él mismo han informado de una salida vacacional. Su entorno insiste en proyectar la imagen de un Gobierno en funciones, centrado en resolver tensiones internas y en consolidar su agenda de reformas.
La comparación no resulta sencilla, entre otras cosas porque la duración de las vacaciones de los líderes europeos no está regulada por norma, y en muchos casos no se informa públicamente del calendario. Pero el contraste entre los 23 días confirmados de Sánchez, el secretismo absoluto de Meloni, la continuidad silenciosa de Merz y la ausencia total de descanso de Starmer es, en sí misma, significativa. En una Europa en horas bajas, las vacaciones de sus dirigentes reflejan una forma de entender el poder, el deber y la exposición pública.