Algunas cárceles italianas tienen tasas de ocupación por encima del 200 %
Cárceles saturadas y sin posibilidad de vigilar a los presos: el gran problema al que se enfrenta Europa
hace unos días, el centro de detención preventiva de Corbas, en Francia, fue testigo de una fuga de película cuando uno de sus reclusos se escondió en una bolsa lavandería, eludió todos los controles y salió del centro sin que nadie se enterase. Preguntado en televisión cómo esto había sido posible, Sébastien Cauwel, director de la administración penitenciaria, fue sincero. «La tasa de ocupación del centro supera el 170 %. Con estas cifras, la vigilancia se convierte en una tarea inabarcable». Y esta no es la excepción, sino la regla.
En 2024, un informe del Consejo de Europa aseguró que eran las cárceles franceses las señaladas como aquellas con peores tasas de hacinamiento, pero seguidas de cerca por las de Chipre y Rumanía.
En cuarto lugar se encuentra Italia, donde, días antes de la comentada fuga en Francia, una asociación para los derechos de los presos presentó un informe según el cual hay 14.000 personas más que camas en las cárceles del país, lo que supone una tasa de hacinamiento del 130,6 %. La situación más crítica se da en la prisión San Vittore, de Milán, con una ocupación del 227,3 %. La cárcel Canton Mombello, en Brescia, también supera el doble de ocupación.
Suecia, otrora un país caracterizado por su seguridad y el buen funcionamiento de su sistema penitenciario, ya ha tenido que pedir ayuda a Estonia para alquilar huecos en sus cárceles y llevar ahí a sus presos, ante el desborde que viven en el país nórdico. Solo en 2023, los tribunales suecos emitieron condenas de prisión que suponían un incremento del 25 % respecto a hace una década. El sistema penitenciario sueco dispone de unas 9.000 plazas. Si la tendencia anteriormente comentada continúa, en 2033 necesitarán 27.000 plazas.
Y no fue el primer país europeo que tuvo que trasladar a sus presos fuera de sus fronteras. Entre 2010 y 2018, Bélgica y Noruega alquilaron cerca de 900 plazas en prisiones de los Países Bajos y Dinamarca ha hecho lo mismo con Kosovo. Una práctica que conlleva su polémica, pues muchos presos se quejan de ser desplazados contra su voluntad y, los que aceptaron de buena gana el traslado, luego han comentado problemas de aislamiento además de condiciones más duras de las originalmente prometidas.
Vehículos de traslado de presos
¿Qué ha pasado en los últimos años en el Viejo Continente para que sus prisiones se desborden? Como es habitual en este tipo de fenómenos, no hay una explicación concreta y sencilla, sino una multitud de factores. Por ejemplo, el uso excesivo de la prisión preventiva. En países como Francia, Grecia o Italia, un porcentaje significativo de los reclusos (hasta el 30 %) está en prisión sin condena firme, debido a los retrasos procesales, la saturación a su vez de los juzgados y decisiones judiciales que privilegian la prisión preventiva como medida automática.
A su vez, a este exceso de prisión preventiva se le suma la escasa aplicación de penas alternativas, como la vigilancia electrónica, el trabajo comunitario o la libertad condicional.
Por último, muchos países de Europa están viviendo en estos últimos años un aumento en la criminalidad debido a otros muchos factores. Esas cárceles sobrepasadas están repletas de inmigrantes que llegaron a los países en situación irregular, en contextos de pobreza, exclusión social y uso de drogas. Por si fuera poco, las tasas de reincidencia son elevadas en países donde el sistema penitenciario no garantiza acceso real a educación, empleo o apoyo psicológico durante la condena.
¿Y cuál es el impacto de este hacinamiento? El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado a varios Estados (Italia, Francia, Bélgica, Hungría) por violar el Artículo 3 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, que prohíbe el trato inhumano o degradante en unas celdas cada vez más superpobladas, con falta de acceso a higiene y alimentación deficiente.
A su vez, esta saturación también dificulta la vigilancia y el mantenimiento del orden, como se reflejaba en el comienzo con la fuga en Francia. Lo más grave de todo es que no hay ningún motivo que empuje a creer que esta tendencia puede reducirse y volver a la normalización, sino que cada año irá a más y en más países. Hasta convertir fugas de películas en situaciones casi diarias ante la imposibilidad de controlar a todos los presos que sobrepasan las cárceles.