El padre Patxi Bronchalo, en la puerta de su parroquia
Entrevista a Patxi Bronchalo, sacerdote «Invito a Silvia Abril a que visite mi parroquia, a que escuche los problemas de la gente, lejos de los focos»
La respuesta del párroco de Nuestra Señora de Butarque, en Leganés, a la célebre actriz se ha viralizado en las redes sociales
El artículo que publicó el martes en este diario, titulado Carta de un cura de barrio a Silvia Abril, corrió como la pólvora por las redes sociales, convirtiéndose en el más leído de El Debate de ese día. Patxi Bronchalo es, efectivamente, un cura de barrio. Le visitamos en su parroquia de Nuestra Señora de Butarque, en Leganés (Madrid), un templo que se abre a una hogareña plaza y que, a su espalda, emerge una descomunal mole de ladrillo: la universidad Carlos III.
El sencillo, achatado y moderno templo es una pequeña cuña que se introduce en el gigantesco Goliat que le vigila detrás. Físicamente y figuradamente, porque este centro del saber ha excluido la religión de su seno. La Carlos III no tiene capellanía. Nació con esa vocación. O con esa anti vocación. Así que la parroquia de Patxi Bronchalo se convierte, también, en la capellanía oficiosa de la universidad. «Vienen unos 40 universitarios a misa todos los días», detalla. «El Miércoles de Ceniza eran unos 120», asegura.
Pero también acuden las familias del barrio a rezar –tiene capilla de adoración perpetua al Santísimo–, gente a contar sus problemas, a encontrar consuelo, a buscar ayuda en Cáritas o, simplemente, a sentir que le importan a alguien. Cuando Silvia Abril se refirió, en la ceremonia de los pasados Premios Goya, al «chiringuito que tenía montado la Iglesia», seguramente no se refería a esto. Entre sus prejuicios quizás flotaba el de una Iglesia volcada con los ricos y poderosos. Es lo que tiene leer solo según qué medios de comunicación.
– Pater, menuda ha liado usted con el artículo suyo del martes...
– Bueno, yo no lo esperaba... ¡Ya ves! Que sea un curita de barrio... Esta es mi parroquia –dice, señalando al templo que tiene a sus espaldas– y el artículo ha tenido mucha repercusión. De hecho, no estoy respondiendo a los muchísimos mensajes que me han llegado por todos lados... No puedo...
– ¿Cómo se le ocurre la idea? ¿Por qué escribe el artículo?
– Bueno, me... me dolieron, la verdad, las declaraciones de doña Silvia Abril... Justo la semana anterior había estado en el tanatorio celebrando el funeral de un hombre que me había tocado mucho el corazón. Tenía 50 años; muerte repentina, dos hijos, la mujer y los padres... Los padres me dieron mucha ternura. Me acordaba de mis padres. Estaban agradecidos. Entonces rápidamente pensé si se atrevería doña Silvia Abril a decir esto que ha dicho en los Goya –«me da pena que necesiten creer en algo y se agarren a la fe cristiana»– en el tanatorio, mirando a los ojos a los hijos, a los padres. Me pareció que era una respuesta que había que dar, que me salió del corazón, así que me puse a escribirla.
El sacerdote está también muy activo en redes
Frases «muy de cuñados»
– Silvia Abril es la esposa de Andreu Buenafuente, que le espetó a Juan Manuel de Prada aquello de que «cómo una persona tan inteligente como usted puede ser creyente»... Se ve que lo traía de casa...
– Bueno, lo primero que le diría es que, cómo siendo tan inteligente, Andreu Buenafuente se atreve a tratar de refutar a De Prada, que es uno de los intelectuales más grandes que tenemos en España... No sé si es que se pierde el foco de la realidad... Como todo el mundo te dice que está bien lo que haces, ¿adónde vas? Empiezas a pontificar. Puede ser eso. No sé si también hay una parte que es ideología, porque también la ideología te hace repetir el mantra. Y esto que decía Silvia Abril no deja de ser un mantra muy repetido ya del siglo pasado y del anterior. Ya no necesitamos a Dios, nos hemos independizado, hemos matado a Dios. Decía Nietzsche que, en realidad, no es madurar y no es progresar, no nos hace más adultos; es más adolescente. Y rebelarse contra los padres es propio de los adolescentes. Son frases hechas muy de cuñados, que decimos aquí, muy de bar. Claro, las sueltas y lías una... porque ofendes, sobre todo, a los sencillos. También lo que me dolió fue por la gente sencilla y humilde, a quienes la fe les da la vida cada día. Aquí tengo muchos casos. Pues esto les ha hecho daño, claro.
– Pero Silvia Abril reconoce, explícitamente, que los jóvenes están volviendo a Dios. Y, además, subraya: «No a la mística, sino al catolicismo».
– Eso le escuece más, según parece.
– ¿Y usted constata esa «vuelta a Dios» de los jóvenes de la que muchos hablan?
– Está ocurriendo. Yo, además de la parroquia, aquí está la universidad Carlos III, una universidad que, bueno, fue fundada por ideólogos cercanos a la ideología socialista. Un principio muy claro que tienen es que no haya capilla en esta universidad. La parroquia hace de capilla, y yo constato que vienen jóvenes. Hay deseo y sed. Veo que ha habido un cambio. Se nota el cambio generacional. Antes, había jóvenes con mucho prejuicio hacia la Iglesia. Ahora los hay también, pero muchos ya han crecido en la nada, en la nada. Entonces, teniendo de todo, han crecido sin ningún sentido. Y lo que antes era ver a la Iglesia como con sospecha, ahora es verla con buenos ojos y con curiosidad, con acercamiento. Y yo veo esa curiosidad buena en los jóvenes, ese acercarse a la fe. Y está sucediendo, está sucediendo. No tenga duda de que está pasando. No son quizá las grandes oleadas, las grandes masas, pero sí va a goteo. Hay más jóvenes, y yo lo constato.
Patxi Bronchalo constata que «muchos jóvenes están volviendo a la fe»
Los dogmas ateos
– Eso es lo que, a lo mejor, a esta generación de personas en sus 60 años, que ha sido atea o alejada de la fe toda la vida, les escama...
– Sí, yo creo que es la generación del baby boom. Y también nosotros, los millennials, los que hemos crecido después. Ese mantra de No hay Dios, no queremos la Iglesia... Y entonces, claro, ahora parece que la vuelta de los jóvenes a la fe les está atacando los dogmas, los fundamentos de su religión sin Dios. Y por eso se está generando este tipo de odio, de mensajes de odio como el de Silvia Abril. Oye, pues si a alguien le pasa algo bueno, ¿por qué no te alegras? O, si alguien hace el bien, ¿por qué no alegrarnos? Yo me puedo alegrar de que a un creyente le vaya bien. Pero, claro, cuando entramos en esa cosa visceral, dices: A ver si te han dado ahí en el dogma, en lo sagrado de tu vida...
– En el artículo, usted acaba invitando a Silvia Abril a que visite su parroquia...
– ¡Sí, sí, sí, aquí puede venirse; encantados! Bueno, la parroquia, ya veis, es muy sencilla, pequeñita, pero tenemos, gracias a Dios, una capilla de adoración perpetua. Si tú pones en Google Parroquia Nuestra Señora de Butarque, que es esta, verás que está abierta 24 horas. Está ahí el Santísimo en medio de este barrio, siendo adorado. Eso es lo mejor. Y bueno, yo le decía que se puede venir conmigo a visitar a algunos enfermos de estas casas de aquí detrás, que no salen a la calle porque no tienen ascensor. En algunas sí, pero otras son muy viejas... Después puede venirse aquí a escuchar a los jóvenes que vienen, cada uno con sus dificultades, con sus problemas. Luego nos podemos ir a comer con ellos a la hierba, o celebrar la misa con ellos. O por la tarde podemos ir a Cáritas. Hay aquí un grupo de seis mujeres. ¡Valiosísimas!
– Mujeres que no tienen focos encumbrándolas...
– No, ningún foco. Y ahí están, repartiendo cajas de fruta y repartiendo alimentos y repartiendo ropa. Y ahí están. O hablar con alguna de las personas que se acerca por aquí. Yo me siento un ratito a confesar, a escuchar a más personas y la gente reza el rosario. Luego tenemos la misa, porque aquí la batalla grande es la espiritual.
Lo que más hacemos los curas en los pueblos, en los barrios, es escuchar, es acompañar, es estar cerca, en realidades muy difíciles. Eso hay que hacerlo con vida interior. Si no se reza, no es posible. Alguno dirá: Bueno, es que no hace falta rezar para hacer cosas buenas. Eso será porque son muy fuertes... Yo, si no voy al interior, no puedo. Es muy duro el día a día.
Luego tengo por la noche a un grupito de jóvenes, o comunidades neocatecumenales. Hay muchas personas que están solas. Gente que ha venido de Colombia, de Venezuela, y que están aquí, en una habitación, pagando muchísimo. Los tienen en trabajos muy precarios, y el único lugar donde están con alguien es en la comunidad.
– Así que este es su chiringuito...
– ¡Sí, aunque no tenemos playa! Pero bueno, desde luego hay gente muy humilde, con muy buen corazón. Dice el Evangelio: Dichosos los pobres de espíritu, porque verán a Dios. Pues es verdad. En los pobres de espíritu se ve a Dios. Yo lo veo aquí, desde luego.