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Uno de los edificios afectados de la ciudad de Sumi tras el ataque ruso con dronesServicio Estatal de Emergencias de Ucrania

Guerra de Ucrania

Los drones rusos Shahed aterrorizan a los civiles de Sumi: «Ese sonido te hace entrar en pánico, puede ser el fin»

El Ejército ruso envía una media de 110 drones merodeadores en cada ataque y la madrugada de este viernes llevó a cabo otra ofensiva aérea en varias regiones de Ucrania, entre ellas Sumi

«Me desperté por el sonido de un Shahed que volaba en dirección a nuestra casa y mientras lo escuchaba tuve tiempo de recitar para mí las primeras líneas del Padre nuestro», cuenta Tanya, una residente de la ciudad de Sumi que la madrugada del viernes vivió con temor junto a su familia los ataques que Rusia está perpetrando con sus conocidos drones merodeadores no tripulados Shahed-136 en varios puntos de Ucrania.

La región de Sumi es uno de los frentes más activos de la guerra desde que Rusia inició la invasión de Ucrania en 2022. Desde entonces, el Ejército de Vladímir Putin ha mantenido, en mayor o menor medida, muchas zonas bajo su control y, en los últimos meses, han intensificado su ofensiva militar. Actualmente, según el mapa DeepState de la guerra en Ucrania, Rusia controla aproximadamente 207 kilómetros cuadrados de terreno en esta región. Así mismo, en otro elaborado y actualizado regularmente por el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW por sus siglas en inglés) se pueden ver los avances y retrocesos de los rusos en la zona.

En la madruga de este viernes, Rusia inició otro de sus ataques con este tipo de vehículos de combate no tripulados sobre Sumi. Los blancos no son solo militares, también civiles, porque «al ser una ciudad próxima a la frontera también hay personas que no son civiles y cualquier lugar donde haya uno o dos vehículos se convierte en un objetivo», explica Tanya.

Un bombero trabaja en la extinción de los incendios provocados por la detonación de los dronesServicio Estatal de Emergencias de Ucrania

Así, los ucranianos viven día a día con el temor de que sus casas sean atacadas con munición rusa. «Todos aguardamos con la esperanza de que la vida continuará», confiesa Tanya que, mientras su marido está en el frente, trata de mantener una relativa normalidad junto a sus tres hijos, Yara, Nikita y Katya, y su madre. Para ella fue más fácil el tiempo que permanecieron refugiados en España al inicio de la guerra pero, tras un año separada de su marido y de su madre, decidieron volver a Ucrania.

«Esta noche fue atronadora, no pudimos dormir», cuenta. En casa todos se despertaron asustados con el silbido de los merodeadores; «mientras lo escuchaba solo tuve tiempo de recitar para mí las primeras líneas de un Padre Nuestro, no tuve tiempo de hacer nada más porque sientes que te paralizas». Ese sonido de vuelo es el que precede al de la explosión y, en ese intervalo de tiempo, es cuando sientes «el pánico al comprender que podía ser el fin».

Nadie se acostumbra a la guerra

En este último ataque con drones en Sumi, las detonaciones provocaron daños en viviendas y en edificios no residenciales, así como incendios que los bomberos pudieron controlar con relativa facilidad. Aunque no ha tenido graves consecuencias, para los ucranianos de esta región fronteriza es imposible acostumbrarse a la guerra y, sobre todo, a la banda sonora que le acompaña.

«Muchos amigos nos llamaron para saber si estábamos bien, es lo que hacemos todos cuando escuchamos explosiones en la ciudad a cualquier hora del día. Se podía ver dónde habían caído el primer y el segundo dron porque el incendio estaba cerca de nuestra casa, a unos 700 metros», explica Tanya.

El vuelo de los drones de combate es la señal para buscar un lugar seguro. Esto es más complicado cuando vives en una casa de dos plantas rodeada de ventanas, los dormitorios están en el piso de arriba y en la de abajo no hay pasillos que te protejan de los cristales de las ventanas en caso de explosión. «Cuando volaba el segundo Shahed Katya y yo tuvimos tiempo de tirarnos al suelo en el pasillo porque todavía estábamos arriba. Luego pudimos escondernos todos en el vestidor», relata.

Uno de los edificios atacados en Sumi después de que los bomberos controlasen el incendioServicio Estatal de Emergencias de Ucrania

«Por la mañana es cuando eres consciente del miedo y de lo que habría pasado si... es cuando te tiemblan las manos y los pies, y se te saltan las lágrimas, que no te preguntan si quieres llorar». Esta madre de tres hijos explica que ese estrés, ese miedo, no llega de inmediato, ya que llevan años convenciéndose de que no tienen «derecho a entrar en pánico y a tener miedo».

Los Shahed-136 de diseño iraní

En poco más de dos meses, entre el 1 de marzo y el 12 de mayo de 2025, Rusia empleó 7.974 drones Shahed-136 contra Ucrania y, según un informe publicado por el Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional (ISIS por sus siglas en inglés), en cada ataque del Ejército ruso se emplean una media de 110 artefactos de este tipo, un arma con diseño iraní.

Según el informe, Rusia necesita un centenar de merodeadores no tripulados para que un promedio de 37 alcance sus objetivos, aunque uno es suficiente para atemorizar a quienes los escuchan sobrevolar sobre los tejados de sus casas. La tasa de acierto de las fuerzas rusas no supera el 12,5 %. Por suerte, las fuerzas de defensa de Ucrania son capaces de interceptar más de la mitad de los lanzamientos.

Ambos países, Irán y Rusia, firmaron un contrato para la fabricación de este tipo de artefactos a principios de 2023 y, desde entonces, los rusos cuentan en la Zona Económica Especial de Alabuga —situada a unos 900 kilómetros de Moscú, en la región rusa de Tartaristán— con su centro de fabricación de drones, un enclave industrial que no deja de crecer. Del diseño importado de Irán ha convertido este enclave en una mina de drones.

En las últimas imágenes satelitales recogidas por ISIS se puede ver que Alabuga está acelerando la construcción de edificios residenciales para nuevos trabajadores, así como ampliando el número de instalaciones de producción le permitirían aumentar significativamente la producción de drones, tanto en número como en tipo. Según los expertos, Rusia podría estar considerando la exportación de estas armas, buscando clientes en Corea del Norte, Irán u otros países indiferentes a las sanciones.