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«Gerrymandering» o el caso de cuando los políticos eligen a sus votantes

El gerrymandering en EE.UU. y las desigualdades del sistema español muestran cómo las reglas electorales pueden perpetuar el poder de las élites políticas

Elxpresidente estadounidense Donald Trump en Waco, TexasEFE

¿Es justo que un partido con el 56 % de los votos controle el 71 % de los escaños? En Estados Unidos, el gerrymandering —la manipulación de los límites de los distritos electorales— permite a los partidos políticos distorsionar la voluntad popular, dibujando mapas que aseguran su dominio. Este fenómeno, que dista de ser nuevo, tiene raíces en 1812, cuando el gobernador de Massachusetts, Elbridge Gerry, aprobó un distrito con forma de salamandra, dando origen al término (Gerry-mander). En estados clave como Texas, California y Nueva York, el gerrymandering ha creado una brecha entre el voto popular y la representación en el Congreso, planteando preguntas sobre la calidad democrática. Comparado con sistemas como el español, basado en la representación proporcional, o el alemán, de carácter mixto, el modelo estadounidense revela profundas desigualdades.

Texas: Manipulación republicana

Texas, un bastión republicano, es el ejemplo más claro de gerrymandering agresivo. En 2021, tras el censo de 2020, la legislatura estatal, controlada por los republicanos, redibujó los distritos para consolidar su ventaja en la Cámara de Representantes. Aunque Donald Trump ganó el estado en 2020 con el 56 % de los votos, los republicanos controlan 25 de los 38 escaños (71 %). En las últimas semanas, con el respaldo de Trump, la legislatura ha propuesto un nuevo rediseño para alcanzar 30 escaños (80 %), utilizando tácticas como el packing (concentrar votantes demócratas en pocos distritos) y el cracking (dispersar su voto para diluirlo). Este plan ha generado una reacción dramática: 13 legisladores demócratas abandonaron Texas para evitar el quórum necesario para aprobar la propuesta, mientras el gobernador Greg Abbott ordenó a las autoridades estatales localizarlos. Trump ha ordenado al FBI que ayude a localizar a los «huidos».

El gerrymandering en Texas no solo beneficia a los republicanos, sino que también margina a minorías como la población hispana, que creció en 1,1 millones entre 2010 y 2020, frente a solo 77.000 anglosajones. A pesar de este cambio demográfico, los nuevos mapas diluyen el voto de esta comunidad, limitando dramaticamente su representación.

California y Nueva York: el contrapeso demócrata

En California, el gerrymandering adopta una forma más sutil. Desde 2008, una comisión independiente redibuja los distritos para reducir la manipulación partidista. Sin embargo, los demócratas se aseguraron el control de la comisión, con los resultados esperados: en 2022, los demócratas obtuvieron el 63 % de los votos para la Cámara de Representantes, pero controlaron el 80 % de los escaños (42 de 52). Esta desproporción se debe, en parte, a la concentración de votantes demócratas en áreas urbanas, lo que facilita la creación de distritos seguros.

En Nueva York, los demócratas han intentado contrarrestar el gerrymandering republicano con sus propios mapas, pero enfrentan límites legales. En 2022, la Corte Suprema estatal anuló un mapa demócrata por violar estándares constitucionales. El nuevo diseño, elaborado por un experto independiente, fue más competitivo, pero los demócratas aún retuvieron 19 de 26 escaños con solo el 56 % del voto popular. La gobernadora Kathy Hochul ha prometido responder al gerrymandering republicano en Texas, pero las restricciones legales dificultan cambios significativos.

La desconexión entre voto y representación

El gerrymandering crea una brecha entre el voto popular y los escaños obtenidos. En Texas, los republicanos controlan una proporción de escaños muy superior a su apoyo electoral; en California y Nueva York, los demócratas se benefician de distorsiones similares. Según un análisis de Associated Press, en 2022, los republicanos ganaron solo un escaño más de lo esperado según el voto popular a nivel nacional, lo que sugiere que el impacto del gerrymandering varía, pero sigue siendo una herramienta para perpetuar el poder. Vamos es como si las trampas por los dos lados al final se neutralizan a nivel nacional, pero no dejan de tener un impacto significativo en los estados afectados.

Imagen del día de las eecciones en Estados UnidosAFP

Esta práctica socava la democracia al permitir que los políticos elijan a sus votantes, en lugar de que los votantes elijan a sus representantes. Aunque los defensores del sistema de distritos uninominales argumentan que fomenta una representación local más directa —como un congresista de Iowa defendiendo a los agricultores independientemente de su partido—, los sistemas proporcionales ofrecen una representación más fiel a la diversidad social.

España: Desigualdad electoral por provincias

En España, el sistema de representación proporcional basado en la fórmula D’Hondt se aplica por provincias, lo que también genera desigualdades significativas. En 2023, un escaño en Madrid requirió entre 96.000 y 141.000 votos, y en Barcelona, entre 91.000 y 132.000. En cambio, provincias menos pobladas como Soria (14.000–38.000 votos), Teruel (13.000–35.000) o Álava (40.000–50.000) son mucho más «baratas». Incluso dentro de autonomías, las diferencias son notables: Gerona (57.000–66.000 votos) y Álava son más asequibles que Vizcaya (80.000–90.000) o Guipúzcoa (60.000–70.000).

Estas disparidades benefician a partidos regionales, como el PNV en Álava o ERC en Girona, que concentran votos en provincias pequeñas. En cambio, partidos nacionales con apoyo disperso, como los comunistas de Sumar o Vox, necesitan más votos por escaño en provincias grandes. El caso mas dramatico son los pobres animalistas del PACMA, que con 165.000 votos no se comen ni un rosco. Una circunscripción única a nivel nacional eliminaría estas distorsiones, pero partidos nacionalistas, principales beneficiados del sistema actual, se opondrían ferozmente.

Alemania: una alternativa equilibrada

Alemania ofrece una solución intermedia con su sistema mixto, que combina distritos uninominales (299 escaños) con representación proporcional a nivel nacional (al menos 299 escaños adicionales). Los votantes emiten dos votos: uno para un candidato local y otro para una lista de partido. Los escaños proporcionales (Ausgleichsmandate) corrigen desequilibrios, asegurando que el Bundestag refleje el voto popular. En 2021, el SPD obtuvo el 25,7 % de los votos y el 28,2 % de los escaños, mientras que los Verdes, con el 14,8 %, lograron el 16,1 %. Este sistema elimina el gerrymandering, ya que los escaños proporcionales compensan cualquier manipulación local, y una comisión electoral independiente garantiza transparencia.

El gerrymandering en EE.UU. y las desigualdades del sistema español muestran cómo las reglas electorales pueden perpetuar el poder de las élites políticas. En EE.UU. o en el Reino (des)Unido, comisiones independientes como la de California, pero más independientes, podrían extenderse a otros estados. En España, una circunscripción única o un sistema mixto inspirado en Alemania equilibraría el valor del voto. La democracia debe servir al ciudadano, no a los partidos que manipulan las reglas para mantenerse en el poder. Reformas que devuelvan el poder al votante son esenciales para fortalecer la libertad y la justicia electoral. Quizás esta reforma deberia ser una de las banderas de Vox para apoyar a un hipotetico futuro gobierno del PP, y no algunas de las sandeces que están diciendo con los calores del verano.